MI AMA PEPI ENSEÑA A SU HIJA (II)

La zapatilla cayó inmisericorde desde el principio sobre el culo del pobre Juan, Nadia subía el brazo más que su madre cuando azotaba, los zapatillazos eran más espaciados, y seguramente por ello más duros, alternaba una nalga y otra con una precisión matemática, y de vez en cuando caía algún que otro zapatillazo en los muslos que hacían aullar literalmente a su hermano, solo se oían, quejidos y los sonidos que producía aquella zapatilla sobre la piel.

Tras varios minutos de castigo, el llanto y los alaridos de Juan a cada zapatillazo de su hermana se empezaron a hacer casi insoportables, fue entonces cuando su madre paró el castigo.

—Vale, déjalo ya.

 Juan cayó al suelo y empezó a frotarse el culo por encima de sus calzoncillos de una forma grotesca, al pobre le dolía horrores el culo y no sabía como calmar aquel suplicio, en esas estaba cuando su madre le ordenó.

—Ponte de rodillas de cara a la pared y con las manos en cabeza… ¡¡y bájate los calzoncillos que yo te vea ese culo!!

Como no podía ser de otra  manera Juan obedeció a su madre e hizo todo lo que le ordenó, entonces Pepi apretándome la mano, empezó a hablarnos tanto a mi como a su hija, para soltar una bomba.

—Hija ahora quiero que le pegues a Ramón.

Yo no podía abrir más los ojos y estando como estaba de rodillas con mis manos sujetas por las de mi Ama, miré alternativamente a ésta y a su hija, sin saber qué estaba pasando.

—¿Pero qué dices mamá? ¿A Ramón?, pero si es un bendito, ¿estás loca?

—Quiero que le des una buena tunda como has hecho con tu hermano, ¿Está claro o no está claro?

—¿Pero por qué?

—Mira Nadia, no es lo mismo pegarle a un mocoso como tu hermano, que pegarle a un hombre hecho y derecho, y aunque sé que cuando llegue el momento no tendrás problema, no está de más que lo hayas hecho anteriormente, y no pienso darte más explicaciones.

—Pero mamá Juan ha suspendido matemáticas, pero Ramón no ha hecho nada, pero si es un santo.

—No es tan santo, ¿verdad que no? Dile a mi hija porque quiero que te pegue— me dijo mirándome.

—No estoy seguro, pero imagino que será porque antes he contestado yo, cuando la pregunta no era para mí, además he dicho que es Usted mi Ama, cuando no soy yo el que debía de anunciarlo, lo siento mucho mi Señora.

—¿Algo más?

—Pues no se… pero quizá ahora cuando me ha llamado, me he puesto aquí de rodillas a su lado, dejando claro mi posición una vez más, cuando tendría que haber sido mi Señora la que hubiera anunciado cualquier novedad.

—Muy bien, chico listo, pero no te creas que por eso te vas a librar de tu castigo, ve con mi hija, y quítate los pantalones, sólo los pantalones, a culo desnudo de momento solo te pego yo.

—Mamá por favor si todo lo que Ramón ha confesado más o menos lo sabíamos, soy tu hija y te conozco bastante, ¿Te crees que no sabía que le pegabas ?

—¿Sabías también que era su Ama?

—Tanto como su Ama no, pero algo se podía intuir.

—Quiero que le des una paliza y más vale que no me sigas cabreando sino quieres ser tú la que cobre…

En aquel momento, Nadia me miró muy seria, y doblando su dedo índice me llamó a su vera, yo me apresuré a obedecerla no sin antes mirar a mi Ama para que me corroborara que fuera, lo hizo con la mirada, y en menos de dos segundos estaba con mis pantalones por mis rodillas y sobre el regazo de la hija de mi dueña y Señora preparado para que me pegara una buena paliza.

 Puedo decir que aquella chavala era hija de su madre, buff como azotaba, estoy seguro que me dio más duro que a su hermano, eso sí con el mismo ritmo lento y espaciado, la zapatilla caía con una contundencia tremenda. Por supuesto que me propuse no llorar, e incluso aguantar el castigo en absoluto silencio, aún no me explico como soporté no llorar después de aquella monumental azotaina, lo que no pude evitar fueron algunos quejidos más o menos lastimeros, sobre todo cuando la zapatilla caía en alguno de mis muslos, los alaridos se debieron oír en Sebastopol, pero al menos no derramé una sola lágrima, lo hacía como tributo a mi Ama, sólo elle me haría llorar.

—Basta, ya está bien.

Desde el regazo de Nadia vi a mi Ama que se había levantado y me tendía su mano, me encantó aquel gesto, le di mi mano, y me dejé abrazar por ella para que me reconfortara, sentí un orgullo que me puso los pelos de punta cuando me dijo al oído.

—Estoy orgullosa de ti.

—Gracias Ama.

—Nadia coge a tu hermano y vais a visitar a la abuela.

—¿Ahora?

—Ahora no. ¡¡Ya!!

Nadia miró a su madre con media sonrisa sabiendo lo que ésta tramaba, así que se levantó y le dijo a su hermano, súbete el pantalón anda, ya has oído a madre, y rápidamente se dispusieron a subir a casa de su abuela que vivía en el piso de arriba, tal y como iban, sin ni siquiera cambiarse, Pepi tenía prisa por quedarse a solas con Ramón y su hija lo sabía, así que cogió a su hermano y sin más explicaciones dijeron adios.

 n aquel momento me quedé en el salón a solas con mi Ama, abrazado a ella, yo la abrazaba por la cintura y ella a mi por el culo todavía dolorosísimo por la zurra recién recibida, nos comíamos con los ojos, el deseo estaba en cada uno de nuestros gestos, me besó como creo que nunca había hecho, estuvo a punto de tragarme por la boca, le gustaba lamerme la cara, yo creo que para marcarme como suyo, entonces con un gesto leve con su cabeza me indicó nuestra habitación, eso significaba sexo, y mucho, por la forma que me miraba casi me asusté.

Cuando entramos a la alcoba cerró la puerta y me dijo que me desnudara, no creo que lo haya hecho más rápido en toda mi vida, y entonces con la espalda apoyada en la puerta me preguntó.

—¿Qué es lo que más te gusta de tu Ama?

—Que me azote y que me haga suyo.

—Eres un vicioso, lo sabes verdad?— me dijo entornando aquellos felinos ojos verdes.

—Soy su vicioso, su pervertido, su sumiso, su gusano, lo que quiera mi Ama.

—¿Mi gusano? jajaja, eso no me lo habías dicho nunca, me habías dicho que eras mi perrito, pero nunca mi gusano, me gusta… acuéstate en el suelo—. No tardé ni un segundo en tumbarme boca arriba ante ella, entonces hizo algo que nunca sospeché que me gustara, pero la verdad es que me encantó.

Con aquellas zapatillas granates abiertas por detrás y con cuña se subió encima de mi, me pisó el estómago, el pecho, el cuello, y la cara.

—Bésala, lame la zapatilla de tu Ama.-me dijo mirándome desde arriba.

Cuando me puso su zapatilla en mi cara tuve una erección descomunal, me puso el empeine de su zapatilla en mi nariz y aquel olor a zapatilla mezclado con el olor levemente acre de los pies de mi Diosa fueron una punzada de placer, pronto cambió el empeine por su suela amarilla y me dijo que lamiera su suela, lo hice con auténtica fruición, y me supo a gloria aquel manjar mezcla de suela de goma y polvo adherido…

Cuando estuvo satisfecha se dio media vuelta y sin bajarse de mi cuerpo se dirigió a por mi polla, que era un mástil en aquel momento, jugueteó con ella, me la acarició de arriba a abajo por el empeine de su zapatilla, me pisó los testículos, en un momento dado se cansó de tanto jueguecito y bajándose de mi se quitó las bragas por debajo de su falda, y se dejó caer sobre mi  para follarme a su gusto.

Literalmente se dejó caer y como por arte de magia su coño se insertó en mi , nunca la había visto tan mojada, previamente se había descalzado sus zapatillas con dos pataditas, y habían quedado a mi izquierda junto a sus bragas, pero al dejarse caer la primera vez  para insertarse sobre mi polla para follarme lo más violentamente que había hecho nunca, cogió una de sus zapatillas y empezó a darme sobre mi desnudo pecho, además me daba con el tacón, cogió la zapatilla por la punta y me daba por la parte de atrás que debido a la cuña era más bien dura y gruesa (como de tres centímetros) aquellos azotazos si que dolían…

Pepi estaba fuera de si, me gritaba  sin parar, llamándome de todo, cosas excitantes mezcladas con guarradas, me exigía que le jurara que iba a ser suyo para siempre, por supuesto que yo le prometía todo lo que me pidiera y mucho más, pero ella para reafirmarse en sus peticiones las acompañaba de zapatillazos, me dio en los costados, pezones, cuello, boca, sobre todo en la cara, que me la dejó hecha  una pena, aunque a decir verdad todo ello mereció la pena absolutamente.

Cinco minutos antes de que Nadia y Juan entraran por la puerta, tras lo acontecido en nuestra alcoba, yo estaba sentado en el sofá, y Pepi junto a mi , me curaba la cara con una gasa y un ungüento para la inflamación.

—Cielo de verdad te he dado con la parte de atrás de la zapatilla?

—Si amor mío.

—Madre mía como te he puesto la cara, que palizaaaaaaa, no me he dado ni cuenta, estaba como una loca.

—A mi me lo vas a decir jajaja, pero no pasa nada eres mi Ama, y ya sabes que no hay nada en el mundo que quiera más que a mi Dueña y Señora, cielo te quiero mucho.
—Y yo amor y yo— y me besó sobre  los moretones de mi cara y sobre mis labios dando por finalizada la cura.
Autor: slipper2013

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