LA DOMINACIÓN FEMENINA Y LOS MATRIMONIOS EN LOS QUE LA QUE MANDA ES ELLA

Hace poco me hizo gracia ver en la Wikipedia la afirmación de que “el 71% de los machos heterosexuals prefieren tener un rol dominante e iniciador”. La Wikipedia se refería a un estudio hecho pot Kurt Emulf en 1955. Y yo estoy aquí para decirles que, en mis experiencias de los últimos quince años como Dómina y como la parte Dominante de todas mis relaciones con hombres, esos hombres con los que he tenido contacto me han demostrado que la realidad es exactamente la opuesta a lo publicado en ese estudio. Claro que, para ser justa con el trabajo del Señor Emulf, me gustaría saber qué grupo demográfico de hombres estudió. Pues también he descubierto que, típicamente, los obreros de clase baja pueden ajustarse al molde que él presenta. Normalmente, tienden a presentar un aspecto de muy machos y tratan de actuar como que son ellos los que controlan a “su mujercita”. Mientras que, por el contrario, casi todos los machos de clase superior y profesiones liberales con los que he estado en contacto mostraban una atracción por las mujeres Dominantes. Y, en la mayoría de casos, esos hombres se echaron de cabeza a la posibilidad que yo les ofrecía de servir a una Dómina y atender en privado a mis necesidades.

El término Dominación Femenina es bastante reciente y se ha ido poniendo de moda en los últimos veinte años, a medida de que más y más mujeres se iban apartando del estereotipo de ser “una mamá y ama de casa”, y han ido entrando en el mundo de los negocios, en posiciones de cada vez mayor responsabilidad. Y, mientras tenía lugar esta llegada de la mujer a los negocios, al mismo tiempo se producía otro fenómeno… y es que más y más de los hombres que están en posiciones de mucha presión, en ese mundo de los negocios, han estado buscando una escapatoria que les redujese la presión y las exigencias que echa sobre ellos su entorno laboral. Y, en muchos casos, esos hombres han hallado esa válvula de escape en la sumisión a una Dómina o en el dejar que su esposa, o una colega, montase en su hogar una relación en la que quien mandase fuese ella*.

Cuando se piensa en la Dominación Femenina, lo primero que te viene a la mente es la imagen de la mujer vestida de cuero, con medias negras y zapatos de tacón, y es justo que así sea. Esa es la imagen que tienen en su mente la mayoría de los hombres que andan buscando a una Dómina. Y es exactamente por eso por lo que tanto yo como la mayoría de las Dóminas nos vestimos con cuero, medias negras y zapatos o botas de tacón. Eso sirve para dos cosas importantes. En primer lugar, cumple con los deseos de los hombres que vienen a nosotras buscando sesiones de Dominación. Y, en segundo lugar, cuando estamos vestidas de ese modo y somos claramente distinguibles, eso nos permite ver de continuo a los hombres que se sienten atraídos por nosotras, lo cual nos da una idea acerca de si van a ser o no buenos candidatos para servirnos como esclavos. Cuando los hombres no pueden quitarte la vista de encima si vas vestida de un modo Dominante, normalmente esa es una buena indicación de que es lo que más les atrae.

Se lo puedo asegurar en base a mi experiencia personal, y puedo contarles mi propio caso para ilustrar mi afirmación: conocí a mi esposo/esclavo en Internet hará unos trece años y ya en la primera cita decidí que era un buen candidato a convertirse en la parte servil de una relación dirigida por mí. ¿Cómo? ¡Muy sencillo!: me di cuenta de inmediato que no podía apartar la vista de mis piernas enfundadas en nylon, o de mis zapatos de tacón alto. Y cuando dejé que mi vestido se arremangase y le mostré mi liguero sujetando unas medias transparentes, se quedó como hipnotizado por tal visión. Mi suposición quedó confirmada cuando le pregunté acerca de si prefería a una mujer con medias y liguero o a una que llevase pantys. Se mostró un poco azarado, pero admitió que encontraba mi atavío mucho más sexy que el de una mujer que llevase pantys. Luego, ya en mi casa, confirmé que era un buen candidato para una relación de dirección femenina cuando empujé su cara hacia abajo, hacia mis tacones altos y de inmediato empezó a adorarlos. No me llevó mucho llevar nuestra relación hasta el punto en que me entregó todo el control y se convirtió en mi adorador esclavo. Y me alegra poder decir que ya llevamos casados diez años, y que Troy sigue estando conmigo y a mi total disposición.

Hay una pregunta que siempre me hacen las mujeres: “Pero, tiene que haber algo más que le vestimenta y el aspecto, ¿no?” Absolutamente: ante todo y sobre todo, también ha de haber la correcta actitud mental por parte de la mujer. Ella tiene que desear a un hombre que se postre de rodillas, que adore su cuerpo, que cumpla con todos sus deseos y que atienda a todas sus necesidades. La mujer de esa pareja ha de tomar el mando y hacer de la Dominación Femenina la realidad de su relación. Y eso no es nada difícil. A la mayoría de las mujeres las retiene la vieja imagen estereotipada que he mencionado antes. Pero esos días ya pasaron y, cuanto antes se de cuenta de ello toda mujer, antes estaremos mejor todas nosotras. Si, simplemente, tomáis la iniciativa y hacéis que surja esa relación dirigida por vosotras, los hombres os dejarán tener el control y harán lo que deseéis.

 

 

 

Yo soy una estricta creyente en la castidad masculina y he mantenido a mi esposo encerrado en un tubo de castidad durante muchos años. Y ha aprendido que nunca logrará una satisfacción y un orgasmo, hasta que yo esté totalmente satisfecha con el número y la calidad de los orgasmos que él me haya proporcionado a mí, y además hasta que esté totalmente complacida con su comportamiento en nuestro matrimonio. El tema de la castidad masculina da para otro artículo que tal vez escriba, pero necesito mencionar aquí un hecho importante: una vez que una mujer encierra la polla de su compañero en un tubo de castidad, nace una magia. El macho se convierte en más adorador, más atento a las necesidades de la mujer, y se vuelve más obediente a cada deseo que pronuncie ella. A los hombres no los controla su mente, los controla lo que cuelga entre sus piernas y, cuando una mujer se da cuenta de esto, toma el control e implanta la castidad forzada en su relación, pronto descubre que se ha convertido en la auténtica Reina de su hogar. Desde que encerré a mi marido en un tubo de castidad, descubrí que todo eso era cierto, y también es eso lo que me han comentado todas las mujeres que hicieron lo mismo y con las que he podido conversar. Es una acción que, prácticamente, garantiza el que la relación de dirección femenina tendrá éxito.

Y no tienes que ser una Dómina profesional como yo para tener a tu hombre arrodillado a tus pies, adorando tu cuerpo, dándote todos los orgasmos que desees y amando cada minuto en que te sirve. Sólo tienes que tomar, hoy mismo, el control de vuestra relación, y hacer que eso suceda. Esta noche, cuando él vaya a llegar a casa, ponte esa minifalda de cuero, un liguero y medias transparentes oscuras, mejor si son con costura, y sobre todo unos tacones tan altos que lo dejen muerto. Y a ver que pasa… ¡apuesto a que, a los pocos momentos, puedes tener a tu compañero de rodillas, besando tus tacones, adorando tus piernas y esperando a tu siguiente orden!

Autor: Mistress Benay.

Hallado en Internet, en la Página Web Simply Sxy

* Nota: Estas relaciones se llaman en inglés Female Led Relationship, o sea Relaciones Dirigidas por la Mujer.

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One thought on “LA DOMINACIÓN FEMENINA Y LOS MATRIMONIOS EN LOS QUE LA QUE MANDA ES ELLA”

  1. gabo perez dice:

    Deseo ver el dia en que por ley gubernamental los hombres tenemos que respetar, obedecer Y servirle a su Esposa y que por ley al cazarse pasa a ser propiedad de la mujer y ósea su esclavo y pueda venderlo regalarlo o donarlo a otra mujer o a una institución donde los hombres trabajariamos de esclavos en una oficina en obras públicas y barriendo Las Calles

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