USO Y CASTIGO

Muchas veces tratamos de generalizar en temas de BDSM, sin parrarnos a pensar que cada persona que vive, disfruta, siente, juega… en este pequeño mundo es única en muchos aspectos sobre como lo siente.

Hoy iba a hacer reflexiones comunes cuando me he parado a pensar en esto. Cómo puedo hablar de lo que sienten otras personas si realmente no lo sé, como puedo hablar de normas, de reglas para “dirigir” u “orientar” esos sentimientos, cuando en muchas ocasiones ni yo misma los tengo claros aun conociéndome aceptablemente.


Llevaba un tiempo planteándome mi actitud frente a los azotes lo que sentía cuando los recibía y si siempre eran similares mis sentimientos, y me planteaba esto porque sabía que este sentimiento siempre era igual. Pues bien, os advierto voy a tratar de explicarlo y de antemano os digo que no va a ser fácil.


En primer lugar debéis conocerme un poco ya que eso os ayudará a comprender las situaciones.
Soy puta ocasional. No me gano la vida con ello pero si que llevo tiempo vendiendo servicios sexuales a cambio de dinero. Soy sumisa y, en líneas generales, podría decir que me gusta el dolor. El dolor relacionado con
el BDSM… No, no me gusta un dolor de muelas ni un dolor de cabeza. No soy masoquista, pero tal vez esté próxima a serlo.


Me atrae mucho ser esclava, creo que aún no lo soy y tengo dudas de si llegaré a serlo. Pero me siento muy próxima a ello y, a día de hoy, existen dos personas que podrían conseguir que lo fuera.


Pues con eso creo que ya os podéis hacer una idea del personaje al que estáis leyendo. Entonces surge una pregunta. Si me gustan los azotes, si disfruto sintiendo el látigo en mi piel, qué pasa si me castigan con una buena tunda… ¿Me están premiando? No, definitivamente No. Aquí intervienen en mí mis sentimientos, mis sensaciones, tal vez únicas o tal vez sentidas por otras personas. Aquí interviene una palabra “El Uso”
Voy a explicar ese uso en cada una de las situaciones de mi vida.


Uso como puta. Como puta acepto ser “usada” en muchas cosas unas que me gustan más y otras que me gustan menos, también existen cosas en las que no acepto ser usada, por supuesto. Un cliente me paga por ser su sumisa en una sesión BDSM y acordamos que en ella habrá latigazos. ¿Qué es lo que siento con esos latigazos? En líneas generales, mi trabajo como
puta me gusta y si el cliente es agradable (no todos lo son) disfruto de toda la sesión y también de esos latigazos ya que me gusta mi trabajo y todo lo que en él estoy dispuesta a hacer. Esa sesión tiene un precio y pensar en eso también me gusta, al fin y al cabo todas trabajamos por dinero.

Esos latigazos me gustan, me hacen sentir buena profesional implican unas ganancias económicas y no tienen mucho más significado… Y en general prefiero menos que más latigazos.


Uso como sumisa. Aquí hay dos vertientes, sumisa sin Amo o sumisa con Amo. Como sumisa sin Amo es fácil explicar lo que siento ya que voy a someterme dentro de lo que podríamos llamar “juego”… Y me encanta jugar. Voy a disfrutar del momento y seguramente me lo pasaré genial con los latigazos y “dentro de un orden” cuantos más mejor. Y si hay “buen rollo” con la persona con la que se juega lo pasaré fantástico. Y si no me gusta, lo pararé y santas pascuas.


¿Qué pasa cuando se es sumisa con Amo? Creo que la cosa varía ya que entonces puede haber una cierta lucha de sentimientos, de sensaciones, de apetencias. El Amo puede querer azotarte en un momento en el que no te apetezca pero deberías complacerle y, posiblemente, lo harás aunque esos latigazos no te sean placenteros. O puede desear castigarte con azotes (justos o injustos, desde tu punto de vista) que serán aceptados y disfrutados en mayor o menor medida según proceses tus sentimientos.
Pero, en líneas generales, tanto cuando te usen o te castiguen el sentimiento estará más próximo al placer que a otro sentimiento, ya que como sumisa tu deseo de complacer se impondrá a cualquier otro sentimiento. Uso y castigo tendrán un grado importante de satisfacción personal

¿Y si fuera esclava de alguien? Tengo muy claro que como esclava (y creo que mi punto de vista como esclava está muy próximo al de una Kajira goreana) mi sentido de existencia estaría orientado a que mi amo fuese feliz, que disfrutase de mí como su pertenencia como desease; debería de servirle total y absolutamente poniendo en ello mis cinco sentidos. Está claro que todo tipo de uso debería proporcionarme placer ya que a él se lo proporcionaría y, en esta ocasión, no importarían el número de latigazos ya que todos estarían justificados por su mero placer…

Pero ¿y el castigo? Terrible, aquí implicaría un fallo por mi parte, no he sabido servir a mi Amo como él se esperaba he fracasado y ese dolor es superior a cualquier latigazo y, por supuesto a cualquier atisbo de placer. Un solo latigazo de castigo, posiblemente hiciesen derramar lágrimas por mi incapacidad para servir.

Autora: carlita LM

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