UNA GUÍA DE CÓMO HACERLE ANAL A TU AMIGO

Como Dómina profesional y una dama totalmente dedicada al BDSM, me encanta el sexo anal. El trasero puede tener un delicioso papel en todo tipo de diversiones, desde el polvete casual en el pajar a la sesión más oscura y kinki de todos los tiempos. Desgraciadamente, la homofobia y los valores sexuales tradicionales han llevado a que pocos hombres se planteen siquiera el ser receptores de sexo anal. Ellos, y las mujeres que son sus compañeras sexuales, están empapados de una cultura que considera el jugar con los culos cosa de “maricones”… es decir, algo que hay que evitar.

Y eso es una pena, tanto para los hombres como para las mujeres. Para los que llevan pene, el trasero es la puerta a la próstata y la base de la polla, donde se agolpan cantidad de maravillosos y sensibles nervios; la estimulación anal puede dar como resultado un orgasmo más potente, y algunos tipos afortunados pueden aprender a correrse sólo con el juego anal. También representa, para los hombres, una oportunidad para disfrutar la receptividad y vulnerabilidad de ser penetrados, que es una muy satisfactoria parte de la sexualidad que, por lo general, esta fuera del alcance de los hombres dentro de la “cultura sexual normal”.

En cuanto a mí, jamás supe que tenía envidia de pene… hasta que me hice con uno. El mío es un consolador de arnés, que consiste en un a polla de silicona que está unida a un arnés ajustable y muy ceñido, que lo mantiene en su sitio. Me encanta hacer que un hombre me lo chupe, mientras le miro a los ojos, controlando el coito facial con mi mano en su cabello y el movimiento de mis caderas. Me encanta trabajármelo hasta el punto en que me suplique que le meta mi polla por el culo.

Para mi disfrute personal puedo colocar un consolador insertable en la parte interna del arnés, y así penetrarme al tiempo que se la meto; pero el caso es que, para mí, el mayor atractivo del darle por el culo a un hombre es el proceso de llevarle hasta allí, que va desde la exploración inicial con un dedo, al objetivo final de una buena follada anal.

Sí, invierto los roles del género tradicionales; y sí, lo estoy dominando… aunque no esté actuando como una Dómina todopoderosa y altanera, yo controlo la situación. Con mi polla dentro de él, puedo agarrarlo por las caderas y atraer su culo hacia mí hasta que mis cojones de silicona golpeen contra sus nalgas. Tengo un superpoder: puedo administrarle una follada dolorosa y una jodienda sensual, pero en cualquier caso me siento como una Diosa.

El strap-on (consolador de arnés) está en un mundo aparte: el poder psicológico de una polla, del llevarla y follar con ella, y la profunda estimulación que suministra, son algo totalmente diferente a lo que se puede conseguir con los dedos e incluso con juguetes sexuales manejados a mano. Y, para los más aventureros, que sepas que el posible el ir agrandando gradualmente su ano, para que pueda acabar recibiendo la mano, e incluso el antebrazo de tu amante (a eso se le llama “fisting”). Cuando se logra eso, la intensidad y la sensación de intimidad no tienen parangón: en mi caso me encanta el sentirme rodeada por la carne palpitante de mi compañero de juegos, y el control de manejarlo desde dentro como a un títere.

Pero la polla no es el todo y lo único en el juego anal: para muchos de nosotros, el primer y mejor primer juguete anal es el dedo. Asegúrate de que tus manos estén limpias y libres de cortes, y si no compartes habitualmente fluidos con tu compañero de juego, reduce riesgos poniéndote un guante de látex o nitrilo. Aplícale un  poco de vaselina y frota y explora el exterior del ano de tu hombre, que tiene que haber sido limpiado cuidadosamente antes del tiempo del sexo. Si le estás también haciendo cosas guapas a su pito y bolas, o dándole la cantidad correcta de estimulación a sus pezones, combinando todo eso con el tipo de lenguaje guarro que sabes que le pone, es muy probable que esté dispuesto y ansioso en el momento en que deslices hacia dentro tu índice. También puedes probar a usar tu lengua…

Así que, si estás en pie sobre tu caballero, con un  dedo hincado hasta lo más hondo de él, y yace de espaldas, mirándote con asombro… hurga dentro y trae el dedo hacia ti, y encontrarás un glande que tiene un tacto como de una nuez. Esa es la próstata, la que crea el fluido lechoso que forma la base del semen. A la mayoría de tíos les encanta cuando se la acaricias: a menudo se la llama punto P, comparándola con el punto G de las mujeres. Y, cuando ya esté cómodo con un dedo, puedes intentar añadir otro, y otro más; pero mientras lo haces, asegúrate de comprobar cómo se encuentra, y tendréis que descubrir, juntos, la diferencia entre la molestia de una sensación nueva y el auténtico dolor.

Recuerda que un recto es más delicado que una vagina, que ha sido diseñada para soportar envites. Así que lo mejor es que uses un montón de vaselina… ¡mucha más de la que te puedas imaginar! Con los juguetes eróticos, consoladores y strap-ons, más valdrá que vayas muyyyyy despacio y hagas un montón de pausas; incluso para el jugador experimentado, puede llevarle una hora o más el pasar de los dedos a los juguetes más grandes.

Y no olvides nunca que todos nuestros cuerpos son diferentes. Para el caballero que quiere probar el sexo anal, pero que no puede acomodar un juguete grande, los hay más pequeños e incluso strap-ons muy pequeños para que puedas proporcionarle la sensación que ansías. También está el entrenamiento anal: haz que tu chico use un juguete en su ano cuando se la esté meneando. Hay juguetes que sirven para la estimulación de la próstata con una sola mano, y un hombre puede irse entrenando él mismo, pasando gradualmente a juguetes más grandes o a un tapón anal hinchable. Y, para los más aventureros, incluso hay insertables que pueden ser conectados a una máquina de estimulación eléctrica, con lo que es posible llegar a un orgasmo sin usar las manos.

En el mundillo BDSM a veces usamos el juego anal de un modo humillante. Un tal juego psicológico puede ser muy intenso, y debe ser llevado a cabo de forma cuidadosa y negociarlo, antes de ponerse manos a la obra. Pero, para quienes eso les encanta, el que les “fuercen” (naturalmente de un modo seguro, cuerdo y consensuado) a aceptar un estado sumiso y receptivo, mientras les están dando por el culo, puede ocasionarles una satisfacción muy especial y catártica.

Sea como sea que enfoques el juego anal, recuerda que no hay un modo bueno o malo en que practicarlo. Dentro de los límites de la seguridad, la satisfacción mutua y el consentimiento, podemos aceptar con alegría la oportunidad de hacer que nuestros, abrir sus nalgas y  amigos especiales nos presenten su culo. Y, en lugar de preocuparse por ello, nuestros hombres estarán contentos de bajarse los pantalones y prepararse para la tan deseada, muy caliente y vigorosa enculada.

(Artículo hallado en Internet, escrito para FRISKY por Mistress Magpie, una Dómina profesional, escritora y activista que vive en el suroeste de Inglaterra).

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