UNA CHICA NORMAL

Yo era una chica normal y corriente, claro, todo lo corriente que puede ser una chica con una polla y pocas tetas. Me refiero a que llevaba una vida más o menos normal. Visitaba, eso sí, de vez en cuando, algunos clubs de mi ciudad donde casi nunca faltaba algún chico que me invitase a una copa y con el que no era difícil terminar jugando un poco; ya sabéis lo que quiero decir.

Mi gran pasión era la fotografía, posar delante de una cámara hacía que me sintiese en el séptimo cielo. Me anunciaba en páginas especializadas donde no era difícil encontrar fotógrafos amateurs que hacían sesiones a cambio de darte una copia de las fotografías lo
que en el argot se llama TFCD. De ahí salieron algunas de mis primeras fotos cómo modelo.

Un día me propusieron hacer una sesión de fotos desnuda, era la primera vez que directamente me lo proponían y después de pensar un rato decidí que sí, que lo haría, pero en este caso no solo por las fotografías, deberían pagarme por mi trabajo. El fotógrafo no lo dudó y me dijo que me pagaría por la sesión de fotos pero que también debería follar con él. Naturalmente acepté.

Quedamos en mi casa, me pidió que le enseñase mis zapatos y los pañuelos que tuviese, finalmente eligió unas sandalias y un pañuelo naranja y me dijo que me desnudase, me tumbase sobre una sábana negra en el suelo y que vestida solo con las sandalias empezase a posar con el pañuelo. El resultado me pareció interesante. La sesión duró aproximadamente una hora. Cuando terminó me pidió que me vistiese nuevamente ya que la modelo había dejado de trabajar. Ahora quiero ver a la puta dijo.

— De acuerdo— le dije— pero antes págame lo acordado por posar.
— Te pagaré al final — dijo él— cuando hayas terminado todo el trabajo.

Pasé a mi habitación y cerré la puerta. Busqué en el armario que ponerme para estar a la altura, es curioso pero no quería decepcionarle, si quería una puta la tendría. Finalmente opté por algo clásico: un minivestido negro, medias negras y zapatos de salón con tacón dorado, collar de perlas y una brazalete en el brazo izquierdo. Elegante y provocadora; una puta con clase.

Ni que decir tiene que quedó muy sorprendido creo que no esperaba una imagen tan elegante y, al mismo tiempo provocadora. Desde luego su pantalón así parecía demostrarlo ya que, rápidamente, apareció un gran bulto en su entrepierna que parecía iba a estallar. Lo curioso es que durante toda la sesión, en la que yo había estado desnuda y en poses bastante provocadoras, no había dado ningún síntoma de excitación. Apenas tardó unos instantes en desabrocharse la bragueta y sacar a relucir una bonita y bien
proporcionada polla.

—Arrodíllate y chúpamela puta —me dijo con una voz dominante, nada parecida a la voz pausada y educada que había dirigido en mis poses durante la sesión de fotos.

Rápidamente cumplí sus deseos y empecé a lamer tan deliciosa polla. Mientras tanto el no paraba de decirme lo bien que lo hacía y que no tenía ninguna duda que debería ganarme la vida trabajando como una puta. Sacó su polla de mi boca y me ordenó que me quedase de rodillas y pusiese mi cabeza en el suelo, de forma que mi culo quedaba bien expuesto, aunque yo seguía vestida y mi falda, aunque poco, aun lo ocultaba.

Él se acercó por detrás y empujó la falda hacia mi espalda y bruscamente cogió mis bragas con sus manos y las rompió de un solo tirón.

—Cuándo has visto que las putas lleven bragas— Me dijo. —Solamente las llevan si el cliente se lo pide por morbo. Yo quiero tener tu culo bien visible y abierto para mí.

Sentí como escupía sobre su mano y después la pasaba sobre mi culo metiendo sus dedos en él. Yo estaba caliente como una perra deseando sentir aquella polla en mi interior, hasta que por fin noté como comenzaba a abrirse paso. Lo que en un principio fueron empujones suaves fueron convirtiéndose en embestidas cada vez mas violentas que me hacían gemir en una mezcla de dolor y placer. Para finalizar sacó su polla de mi culo y me ordenó, de nuevo, que me la metiese en mi boca. Casi instantáneamente sentí como la llenaba con su caliente leche que rebosaba por mis labios cayendo sobre mi vestido.

—Hazme caso— me dijo. —Deja de posar y hazte puta. Vas a ganar más dinero.

Yo seguía de rodillas, él arrojó el dinero que me debía al suelo, recogió su equipo y se marchó.

—Ya te enviaré las fotos a tu correo. Y si otra vez necesito una puta, te llamaré.

Autora: carlita LM

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