UN SIN VIVIR IV

CAPÍTULO 4: Final de la Cena

La cena no se desarrolló como esperaba Luis, pues la constante arrogancia de Phillip fue para él, el motivo principal para que Dómina Agnes no se sumara tal y como esperaba su amigo dominante. La esclava, silenciosa, toda la velada, a excepción de alguna respuesta, siempre con monosílabos seguidos del preceptivo Señor y solamente cuando le fue solicitada la contestación por su Amo. Dómina Agnes que ya la conoce suficientemente, no le reclamó en toda la noche ninguna intervención.

Sin embargo, hubo un momento que la miro y le acarició el mentón con mucha ternura y complicidad. La esclava acunó su rostro en la palma de Ella dejándose mimar.  Al ver esa demostración afectuosa de Ella hacía la chica, me hizo sentir el impulso de arrojarme a sus pies para sentir un poco de la calidez de sus manos.

– Bajé la mirada para disimular lo que yo intuí, eran celos.

Atento estaba en todo momento y con disimulo a sus gestos, expresiones, silencios, deseos, aunque pocos, de la Mujer que lo estaba imantando. Se fijó en sus manos, en el movimiento de sus dedos, en la manera de tomar los cubiertos, la servilleta, la copa. Fijaba su mirada procurando no parecerle impertinente: en su rostro, en la forma de masticar, en el modo de beber. Su sonrisa fue otro de los datos que intentó almacenar en su cerebro, probablemente para rememorarla en cuanto no pudiera gozarla en la cercanía. Dibujó los rasgos de su rostro en su mente, para poder trasladarlos al papel en cuanto terminara la velada. No lo hace mal y aunque estuvo tentado de rogarle que le permitiera sacarle una foto, se censuró, conocedor que la negativa sería la respuesta obvia y lacerante de una Dama sin duda, ávida de mantener su anonimato. Quizá ese inadecuado atrevimiento hubiera significado no poder volverla a ver, por tanto se reprimió basando en su capacidad creativa la posibilidad de marchar de México con una imagen de la Mujer que lo había convertido a su religión, en sólo unas horas. Se le ocurrió entonces que probablemente dispondría de una web o un blog y en ellos hallaría imágenes de Ella. No obstante siguió fijándose en los más nimios detalles de su cara. Pero, ¿a qué clase de culto lo había evangelizado aquella Valkiria? Se hizo la pregunta tan pronto tuvo que separarse de Ella, en la puerta del restaurante. Phillip se había ofrecido a acercarla hasta su casa y por tanto él, sobraba. Se despidió reverentemente, con un beso en su mano derecha, no pudiéndose esta vez reprimir: –espero verla de nuevo muy pronto Señora Agnes –Ella no lo motivó a sentirse agraciado. Probablemente el cansancio y la preocupación por sus labores del día siguiente se lo impidió. Era ya tarde y el día había sido agotador. No solamente había atendido a Luis, previamente, había tenido otra sesión y dos largas horas dedicada a su última novela, esa que ya le estaba reclamando desde Frankfurt su editora. Había empezado su jornada a las diez de la mañana y no tuvo descanso hasta las ocho, cuando aquel atractivo ejecutivo salió junto a Ella de su mazmorra para acompañarla al bar y luego a la cena. Únicamente había dispuesto de media hora de escueto descanso antes de que él le confesara haberse prendado de Ella, mientras leía en la terraza de la cafetería el libro de su buen amigo Kael Darkfolk. Sólo ese tiempo se había podido permitir de asueto, pues la irrupción de Luis le impidió seguir fielmente su preconcebido plan. Le cayó simpático y quizá por ello se dejó tentar, la había confundido con la propietaria del lugar y en cierto modo la actitud servil de la camarera, una muchacha que Agnes cree tiene inclinaciones sumisas, casi con seguridad solamente hacia Ella, la chica había ayudado a confundirlo y después sonreían en complicidad por la oportuna broma.

En cierto modo es lo que les ocurre a infinidad de seres cuando están en su presencia, la conceptúan como una Señora de alto nivel económico y social y las criaturas que están en la onda del BDSM, no albergan duda alguna, la califican sólo verla, como Dómina de gran categoría, propietaria de múltiples almas sumisas. A Luis le ocurrió algo parecido en cuanto la vio leyendo aquel título: “DF- ETISH”. Le hubiera gustado preguntarle por aquella lectura, pero en su presencia quedó inmerso en la más inesperada de las sumisiones. De hecho, durante la sesión y a pesar de ser la primera vez que se entregaba a una Dómina, siguió con inusitada lealtad todas las reglas del protocolo más estricto del Femdom. A Agnes, no le sorprendió que lo hiciera a pesar de que en el cuestionario al que lo sometió como siempre hace con los sumisos en su primer encuentro, le confesara él, que era su primera vez. Le detectó de inicio buenas maneras, corrección en el trato, deseo de ser galante, caballeroso, obediente, aplicado. Un tipo de sumiso que a Ella le agrada y que no suele encontrarse muy a menudo.  Y en caso de encontrar alguno con estas características, normalmente suele tratarse de personas demasiado tímidas, algunas hasta pusilánimes (la mayoría), poco originales y nada creativas, en cierto modo simples. Personas necesitadas de ser gobernadas hasta en los más sencillos actos, en definitiva, poco atractivos/as para ser dominados/as, pues llegan ya siéndolo, pero no porque una mano maestra les haya domesticado, sino porque sólo eran sumisos/as a la carta.  Y a Agnes le agradan más capaces, cultos e inteligentes, con sentido del humor, que realmente pueda identificarlos como materia prima de calidad, para ser modelados a su antojo. Siempre comenta en las reuniones con otras Dóminas, que no hay mejor sumiso que aquel que sabe su sitio y claro, los que significaban un reto para domesticar. “Entonces es cuando aplicándoles todo valor como Dominante y yendo paso a paso satisfaciendo las tantas ideas que ofrece un hombre sumiso, como ir saboreando el placer que causa dosificarles, pero sobre todo, de haber escogido este camino de complacencia suprema”.

Durante el trayecto hasta su casa, Phillip volvió a insistirle.

– Me parece que harías bien planteándote lo que te he propuesto. Te llevarías menos sinsabores al hacer el trabajo tu sola y descansarías en sus manos como tú eligieras querida.

Agnes lo miró, displicente, pero no respondió, a pesar de que desde la salida del restaurante, se lo estaba planteando seriamente. Reclutar a varios esclavos cómo Phillip le había soltado “su cuadra” y que la mantuvieran, aunque mentalmente se corrigió de inmediato, pues no le gusta el término mantener, ya que prefiere el de sufragar gastos. Sería un peldaño más a sus años como Dominante. Dejaría de depender de horarios para hacer sus cosas, pues sería Ella la que dispondría a sus esclavos sus tareas, las cuales atenderían dichosos. Además ya no tendría porque soportar las exigencias motivadas por sumisos caprichosos y morbosos, que la buscan en su cuenta Fb pensando que Ella está para sus estúpidos caprichos. Y que creen que llegando con un “menú de sumisión” podrían cautivarla. Otro término que repudia, pues siempre se ha dicho que Ella está por encima de esos pretenciosos que se piensan que, es llegar “y besar al santo para que les haga el milagro”. Para lograrlo, siempre el mismo método: desde un primer instante en que cumplen con su primigenia palabra y se presentan a la cita, Ella se los deja claro: –Si quieres que sea tu Dómina, métetelo en la cabeza. Se hará lo que me apetezca, del modo y en tiempo que yo decida, por tanto, olvídate de reclamarme nada que se te antoje. En cuanto pactemos límites serás mío, pero unicamente en la sesión que tengamos, pero si te pasas de listo la sesión habrá concluido, para siempre.

Normalmente la comprenden y lo asumen, aunque de vez en cuando aparece en su vida el clásico impertinente que cree tener derecho a… Ella entonces no se reprime, le espeta con diáfana autoridad: “lo siento perro, tus derechos me fueron cedidos por ti mismo en cuanto traspasaste el umbral de mi espacio y sólo te serán devueltos en cuanto vuelvas a cruzarlo para salir de mi mundo”. No obstante, en una ocasión, aquel impresentable se rebotó. Tuvo que mostrarse agresiva como nunca y fue creíble o eso le señaló su esclava Pollet, que en cuanto oyó los gritos desaforados de su Dueña apareció para ayudarla. No hubo lugar, Agnes había conseguido dominar aquel buen ejemplo de estúpido engreído maleducado. Aquella experiencia volvió a confirmárselo: “los más valientes” a priori, suelen ser unos pusilánimes en cuanto se les planta cara con audacia y determinación. Otro gallo les cantaría a muchas mujeres si decidieran aplicarlo a sus violentas y agresivas parejas, pero desde el primer grito, menosprecio o bofetón”.

Cuando descendió del coche, Agnes le agradeció a Phillip que la hubiera  acompañado. Sentía un leve asomo de migraña. No es un mal amigo, pero con el tiempo y la experiencia de sentirse superior a su única propiedad, se está convirtiendo en un ser insoportable. Dos años atrás cuando le llevó a su sumisa para que la domesticara a su antojo, le pareció un hombre repleto de buenas cualidades, también en el físico, pero se ha ido abandonando, como si con el hecho de sentirse Dueño, tuviera la potestad de olvidarse de ser y parecer apreciable, de ser persona, algo muy distinto a lo que Ella tiene por dogma: jamás olvidarse de que por encima de todo, está Ella. Su cuerpo que cuida para sentirse sana, su mente, que cultiva con meditación y yoga, con lecturas apreciables, practicando mindfulness, amistades elogiables por sus buenas maneras y educación, amables, talentosas, de buen criterio, un circulo de amistades que se retroalimentan atendiendo a todos aquellos que vierten teorías innovadoras, justas, satisfactorias para el ser humano. “Ay Agnes, -se oye decir a menudo por su otro yo-, lo difícil no es ser, es llegar y mantenerse. Lo que solamente se consigue con auto-disciplina, la misma que exiges a todos los tuyos para que te hagan la vida más placentera. Recuérdalo siempre nena”.deseo

Aquella noche, Luis no pudo conciliar el sueño, demasiado ocupado en tratar de dibujar con extrema perfección el rostro de la Mujer que lo había conquistado. Solamente cayó rendido cuando consideró que lo había logrado. Lo hizo sobre el papel en el que la había encerrado, como si con ese gesto pretendiera rendirle pleitesía de por vida. Se le había ofrecido despierto y se le estaba regalando mientras dormía.

Al despertarse para regresar hacia Barcelona, se tentó, “quizá podría encontrar un nuevo empleo en México, cerca de Ella”, pero algo en su interior le aconsejó ser paciente, darse tiempo y sobre todo no atosigarla. Sencillamente lo recomendable era regresar con más tiempo para que Ella pudiera hacer con su vida, lo que se le antojara, pero sin forzar nada, pues sabe perfectamente que es la única forma de poder llegar a ser útil y apreciable por tanto: no prescindible.

-Por alguna extraña razón, se le encogió el alma al pensar que partiría en poco a otro continente, lejos de Ella.

Autor: Ðomme An~Liman†our.

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