SUMISA INFILTRADA – LA LLEGADA

CAPÍTULO 3: LA LLEGADA

 

 

La casa de mi Señora se encuentra a las afueras de la ciudad, en pocos minutos llegamos a un portón  de hierro negro, el coche nos dejó en la puerta y el conductor se bajó del vehículo y nos abrió  el maletero para poder sacar las bolsas de las compras, mi Señora abrió el portón de la casa y entró, indirectamente me estaba indicado que el tema de carga y las bolsas eran tema mío… cogí todas las bolsas como pude y entré a la casa. Mi Señora cerró el portón y me dijo: “sígueme, detrás de mi puta”, empezamos andar por un camino hasta que apareció, a pocos metros, una impresionante casa, nos dijimos hacía la puerta de entrada.

Una vez ahí, abrió la puerta de entrada, mi Señora pasó primero y después pasé yo, inicié el gesto de depositar las bolsas en el suelo y Mistress Júpiter, mi Señora, me dio un grito:

—¡Ni sé te ocurra dejar las bolsas en el suelo, sígueme Jen!

Mi Señora  colgó el abrigo en un pechero a lado de la puerta y empezó a subir por una escalera semicircular a la planta de arriba, una vez arriba entramos en una habitación grande de matrimonio y me ordenó que dejara las bolsas en los pies de la cama.

—Esta va a ser nuestra habitación, quiero tenerte muy cerca de mí zorra.

Era una habitación en suite, con cuatro de baño en el interior. Los primero que hizo fue descolgar la puerta de cuarto de baño, la quitó, y me dijo:

—Entre tú y yo, no va a haber intimidad, y no me gustaría que salgas de baño liada en la toalla, siempre quiero observar tú belleza interior zorra. — Empezó a sacar cosas de las bolsas, y me dijo:

—Esta vez voy a preparar yo la ropa, pero después, durante la cena, te diré las pautas a seguir putita.

Empezó a sacar toda la lencería y la extendió sobre la cama, mi Señora escogió la que vio oportuna para la ocasión, entré en el cuarto de baño, con una gran bañera semicircular y con hidromasaje, me metí en la bañera para darme una ducha rápida y poder ponerme a disposición de mi Señora, pero cuando iba abrir el agua, noté que alguien también estaba dentro de la bañera, ¡era mi Señora!

—Una ducha ahora no, llena la bañera entera zorra—. Empecé a llenar la bañera de agua caliente…

—¡No te muevas de aquí zorra, vengo corriendo!— me ordenó mi Señora. Yo me quedé ahí inmóvil, al momento, aparece mí Señora con una cubitera y una botella de champán y dos copas, y me dijo “putita, putita, vamos a celebrar nuestro primer baño juntas”, también acercó el paquete de cigarrillos y echó sales para hacer espuma en el agua.

Mi Señora se sentó dentro de la bañera y con sus pies empezó a acariciar mi zona vaginal, bebiendo un poco de champán, enseguida  mi cuerpo empezó a sentir cosas extrañas, y sin que ella me dijera nada, empecé a acortar la distancia en la bañera, me senté a su lado, mi Señora se dio cuenta…

—Muy bien hecho mi gatita, ya sabes quien te va a cuidar, te daré la protección y el placer, ven que te voy a sacar el huevo.

Me toqueteó entera, ya estaba excitándome un poco más de la cuenta, pero ella paró…

—Relájate, aún no es el momento.

Me ordenó que le sacase yo a ella ella un huevo que también llevaba puesto, era algo que hacía por primera vez y le encontraba un punto de morbosidad que me encantaba, después me ordenó que me sentase en el filo de la bañera con la espalda apoyada en la pared y las piernas abiertas, se acercó lentamente hacia mi, semi sumergida en el agua y cuando se encontraba entre mis piernas y lo más cerca posible de mí clítoris empezó a lamerlo, era la primera vez que una mujer me hacía eso, pero me estaba encantado y me gustaba, empecé a sentir algo que nunca había sentido por una mujer, estaba excitándome como nunca, le pedí a mi Señora que no me dejara de hacerme eso, ella me dijo  “no te preocupes, que te quiero ver correrte zorra”, me introdujo un consolador y ¡¡¡¡ufff!!!!, ya no pude aguantar más, me corrí casi en la cara de mi Señora, “muy bien zorrita mía”, me dijo y se puso de pie en la la bañera, me cogió una mano y me quitó de lugar donde estaba y se sentó ella igual que estaba yo.

—Zorrita mía hazme feliz, igual que te he hecho feliz yo. —Empecé a acercarme al clítoris de mi Señora y comencé hacerle lo mismo que ella me hizo, pero era mi primera vez, no tenía la experiencia ni la técnica que tenía mi Señora usando la lengua…

—Tranquila zorrita, con el tiempo y la práctica lo harás como yo, pero me encanta como lo está haciendo…— también noté, que mi Señora se estaba excitando y a verla así de excitada me apetecía seguir haciendo eso, me dijo no parara hasta que se corriera, seguí un poco más hasta que noté sus flujos sobre mi cara, ella empezó a lamerme la cara y decirme “muy bien zorrita, estoy empezando a quererte”.

Bebimos un poco de champán, y me ordenó que la bañara, tomé la esponja y empecé a frotarle por todo su cuerpo sin pudor ninguno, después ella hizo lo mismo conmigo, y me frotó con la esponja por todo mi cuerpo, y más tarde con ducha para quitarnos el jabón, nos dimos con la ducha de agua por el clítoris,  mi Señora decía que esa zona tenía que estar bien limpia para cualquier ocasión. Mi Señora se secó, se lió en una toalla, salió del cuarto de baño y se sentó en la cama, yo por inercia, estaba saliendo del baño liada en una toalla y… ¡plas, plas! me metió dos ostias.

—¡Lo primero que te he dicho que no deberías hacer, y vas lo haces zorra!— Me quitó la toalla de un tironazo y me gritó— Con lo bien que habías empezado y a final lo estropea puta, tu sólo puedes usar la toalla para secarte y no para taparte— cogió toda la ropa que me tenía que poner y me la lanzó a la cara— Vístete rápido, sin apoyarte en ningún lado.

Comencé a vestirme rápidamente y cuando terminé, mi Señora se levantó de la cama y se acercó hacia mi, y con una voz mucho más dulce me dijo:

—Espero que no se vuelva a repetir, este error se puede dejar de pasar, pero otro tendrá consecuencias.

Al mismo tiempo estaba revisando como me había vestido, me amarró de nuevo y más fuerte el delantal.

—Siempre que te vistas deberás presentarte delante de mi y me realizarás una pequeña reverencia, cogiendo el delantal lo más bajo posible y extiende hacia afuera del cuerpo— Tomó un collar y me puso con una cadena, como si fuera un perro y salimos de la habitación con la intención de ir hacia la planta de abajo.

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