SUMISA INFILTRADA – FIN

CAPÍTULO 10: FIN

 

Al par de semanas me incorporé a mi puesto de trabajo con la sorpresa de que estaba todo apagado, cuando entré en la oficina se encendió la luz y estaban todos mis compañeros felicitándome por haber atrapado al asesino de las muchachas y con la felicitación colectiva, también  llegó un reconocimiento a través de un acceso en mi puesto de trabajo.

Después de tanto festejo, salí a darme un paseo, me encontraba un poco perdida y vacía, echaba de menos alguien… andando y andado llegué a una zona que solía frecuentar mucho esa persona, y al rato de estar caminando por esa zona, sonó un claxon de un vehículo, me di la vuelta para ver quien era y se dibujó una gran sonrisa en mi cara-

—¿Qué haces por aquí sola? ¿Quieres que te lleve a algún sitio?

Yo me subí al vehículo y le di un gran abrazo y beso, y le respondí que nos fuéramos a comer, que tenía mucha hambre y tenía muchas cosas que contarle.

Mistress Júpiter me llevó al restaurante que estuvimos la primera vez, una vez allí preguntó si había algún reservado libre, por suerte había uno disponible porque era un día entre semana, nos acomodamos en uno y pedimos el mismo vino de la primera vez, también pedimos la comida y nos quedamos las dos a solas.

—¿Qué ha pasado en este tiempo que no he sabido nada de ti? ¿Te pasa algo conmigo, te he hecho algo?— preguntó Mistress Júpiter.

—No Señora, para eso he pedido comer con usted, le tengo que contar una cosa…

—Vale, pero ante de todo escúchame tú a mí y ten mucho cuidado, ¿has visto la noticia del asesino que se hacía pasa por Master Clan?

—Perdone Señora lo que le voy a decir, es en referencia a esa persona, me tuve que poner en contacto con usted, para aprender algo sobre el BDSM, porque nos era imposible llegar al asesino, soy agente del FBI y gracias a usted y a su adiestramiento, se ha podido detener a ese asesino, Señora. Perdone si nunca he respondido a sus mensajes y llamadas, porque estaba inmersa en la operación, pero lo tuve que hacer así, para poder atraparlo. Pero le he echado mucho de menos y sobre todo echo de menos poder servirle.

La Señora se quedó un instaste en silencio, bebió un trago de vino y me dijo:

—Tú misma, yo aquí solo te puedo decir bienvenida de nuevo.

Terminamos de comer y le pedí a mi Señora si podría llevarme a mi casa para empezar a hacer la mudanza, me mudaba definitivamente a la casa de Mi Señora para empezar una vida juntas.

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