SUMISA INFILTRADA – DULCE AMANECER

CAPÍTULO 6: DULCE AMANECER

 

Cuando tenía el sueño más profundo, noto que alguien empieza a acariciarme la cara y a darme besos… me despierto y doy un salto preocupada por la hora, ¡la hora del café!

—Hoy me apetece otro tipo de café y ese café se hace aquí entre tú y yo— dijo mi Señora.

Entendí rápidamente el mensaje que me había dicho, me puso boca arriba, me subió la bata y el delantal del uniforme hasta la cintura, me rompió los pantys y me dijo:

—A partir de ahora quiero que uses ligueros y medias para tener un mejor acceso a tu clítoris.

Me rajó el panty por la zona del clítoris, me apartó hacia un lado el tanga, y empezó a acariciármelo por el exterior y alguna vez me introducía sus dedos, también me lo lamía y me lo chupaba, nunca había tenido un despertar tan hermosos en mi vida, hacía sentirme en una nube mi Señora. Ella también se bajó su tanga, y sin decirme nada, yo también empecé a jugar con sus clítoris, mi Señora me decía al oído que había aprendido muy bien y rápido, que le encantaría estar así un rato, hasta que la dos nos corrimos.

Después nos fuimos a la ducha juntas, una enjabonada a la otra y así hasta que las dos estábamos bien enjabonadas, hicimos lo mismo con la ducha para aclararnos y quitarnos el jabón de todo nuestro cuerpo. Yo me sequé en la bañera, mi Señora se secó las piernas, se lio una toalla al cuerpo y salió corriendo para la habitación, se le había olvidado prepararme mi ropa… sacó la lencería que vio oportuna, abrió un armario y sacó un traje de sissy maid, blanco y negro. Me llamó y salí del baño desnuda, ya sabía lo que me esperaba esa noche tan sólo al ver el traje, me puse la lencería unas medias con liguero con el tanga a juego, un conjunto en blanco y negro muy bonito, después mi Señora me llamó para que me acercase a ella, revisó la colocación de la lencería, la tenía perfecta, me ordenó a que me pusiera el uniforme de sissy maid con los tacones altos, y así fue, mi Señora me ajustó el delantal del uniforme y me puso el collar con la cadena, me ordenó que estuviera en un rincón de la habitación de rodillas hasta que me ordenase levantarme. Así lo hice, me arrodillé donde mi Señora me había indicado con el dedo, ella se sentó en la cama y abrió un cajón del tocador y empezó a sacar su lencería, unas medias de red negras, un tanga rojo… después se fue a un armario y sacó un closet de cuero de color negro y unas botas altas de negras también, me ordenó que me incorporase y que le amarrarse fuerte por detrás el closet, se puso sus botas y cogió una fusta que tenía al lado de la mesita de noche y sin decir una sola palabra, ¡PLAS! me pegó suavemente con la fusta por parte trasera de mi muslo derecho y dijo:

—Venga, ven detrás de mi puta— Me llevó hacia abajo de la escalera con la cadena, nos dirigíamos por el pasillo hacia una habitación en la que nunca antes había estado y tampoco la había visto abierta, me indicó nuevamente que me arrodillarse a lado de la puerta.

Mi Señora sacó de entre sus pechos una llave y abrió la puerta, a primera vista no puede ver nada del interior de esa habitación, estaba oscura y cuando encendió la luz, tanto se iluminó, que me quedé por un momento ciega, había bastante luz para poder ver los detalles, cogió la cadena del collar y me ordenó que me incorporase para entrar por esa puerta. Nada más entrar, mi Señora la cerró de un portazo, diciendo al mismo tiempo que cerraba la puerta “bienvenida a mi cueva”, yo me quedé de piedra, porque el mobiliario que estaban viendo mis ojos no era nada común. Mi Señora empezó a andar con la cadena en la mano.

—Cuando suelte la cadena te pararás y te arrodillarás.

Me estaba llevando hacia el fondo de la habitación, vi como un sillón encima de tres escalones, nos acercamos más y era un trono, a escasos metros del trono, mi Señora soltó la cadena, yo me puse de rodillas en el suelo, mí Señora subió los tres escalones y se sentó, con su mano derecha cogió un látigo que estaba cerca de trono y dio un chasquido a lado mío, diciéndome que quién me había dado permiso para levantar la cabeza y cotillear, y pegó otro chasquido con el látigo, “pues entonces baja la puta cabeza de zorra que tienes”.

Al rato, mi Señora se levantó del trono cogió una fusta y bajó los tres escalones, se colocó delante de mi y me ordenó que lamiese sus botas y mientras que las lamía, mi Señora me daba con la fusta en el culo y así hasta que vio oportuno que dejase de lamer las botas. Cogió nuevamente la cadena del collar y me dirigió hacia un lado de la habitación, donde se encontraba un mueble que yo no sabía lo que era, mi Señora me dijo que era un potro, y me indicó cuál era la postura que tenía emplear para ponerme ahí, adopté la postura indicada por mi Señora en el potro, ella empezó a amarrarme con unas correas en los brazos y en las pierna hasta que me dejó inmóvil encima del potro, me levantó el vestido por encima de la cintura, dejando al descubierto los dos cachetes del culo y mi clítoris, empezó a tocármelo  y me introdujo el huevo vibrador dentro de mi, lo puso en funcionamiento cuando más descuidada estaba y cuando ya empecé a sentir gusto y excitarme ¡¡plas, plas!! empezó a darme con la fusta en mi cachete diciéndome:

—¡No te pongas ya caliente guarra!

Siguió dándome un par de azotes, pero ya no era con la fusta, ahora había cogido un flogger, yo estaba experimentando una sensación muy extraña, estaba muriéndome del picor que sentía en mi culo, y también me estaba poniendo a mil por lo que sentía en mi clítoris, pero mi Señora me dijo:

—Te aconsejo que te relajes y sentirás menos el dolor de los azotes.

Quise hacer caso al consejo de mi Señora, pero con la excitación de mi clítoris era imposible relajarme, dejó de azotarme con el flogger y empezó a arañarme con sus uñas los cachetes del culo, ahora tenía otra clase sensación, pero se podía llevar mejor que los azotes, lo dejó de hacer, ahora solo tenia mi clítoris rabiando de placer, paró de vibrar el huevo, me desató y sacó mi Señora el huevo de mi parte íntima, cogió la cadena que está unida al collar y me llevó a la otra esquina de la habitación. Quitó una tela a otro mueble que estaba tapado, desató las correas de una silla, esta silla tenía un orificio donde se debería apoyar la zona genital, me ordenó que me sentarse en esa silla y mi Señora empezó a amarrarme con la correas,  me bajó el escote del vestido dejando mis pechos al descubierto, me pegó unos bocaditos en los pezones, tenía otra vez esa mezcla de dolor y de placer… me gustaba sentir esas sensaciones… me besó en la boca diciéndome “que buena puta eres”, cogió un mando que estaba unido a la silla en la que me encontraba inmovilizada, y poco a poco empiezo a sentir que algo se me estaba introduciendo en el clítoris y a la vez vibraba, empecé a gritar de placer, mi Señora me ordenó que me callase, pero con eso introducido en mi clítoris y vibrando, era imposible quedarme callada, paró de introducirse el vibrador, dejó el mando sobre un taburete pequeño y se fue a abrir un cajón, sacó algo como si fuera unas pinzas de tender la ropa que tenían adaptado una pesa y una bola en mitad de una correa. Se acercó a mi por detrás diciéndome:

—Me has salido una zorra muy escandalosa y yo tengo la solución…

Me introdujo la bola en la boca y lo amarró por detrás de mi cabeza, después cogió las pinzas y me las colocó en la punta de los pezones y dejó colgado el peso, eso me producía un dolor placentero y para contrarrestar ese dolor, empecé a notar nuevamente el vibrador que se estaba introduciendo en mi clítoris, yo quería chillar como una loca de placer, pero no me dejaba la bola que tenía en la boca, tampoco podía moverme, porque si me movía los pesos de los pezones dolían demasiado, quería volverme loca, porque no sabía que sentía mí cuerpo, hasta el momento que empecé a correrme y no podía parar de correrme, mi Señora me dijo:

—Muy bien mi putita córrete, que yo tan solo con verte estoy empezando a correrme también— Mi Señora se corrió al verme lo excitaba que yo estaba.

Paró el vibrador y dejé de correrme, mi Señora también dejó de correrse y cuando se recuperó un poco, se levantó de su trono y se acercó a la silla donde yo me encontraba para  desatarme y al mismo tiempo besándome me decía “que gran putita tengo”, yo apenas podía estar de pie, se me doblaban los tobillos porque me fallaban las fuerzas en las piernas de la tensión que había tenido durante el orgasmo, nunca había tenido uno tan intenso y de tan larga duración.

Mi Señora me ayudó a recuperarme un poco, estábamos las dos fumando y esperando a que todo volviera a la normalidad. Después, mi Señora me ordenó que limpiarse el mobiliario utilizado y los juguetes que mi Señora usó para jugar conmigo, una vez que terminé de limpiar,  mi Señora verificó que se encontraba correctamente limpio y ordenado, me cogió de la cadena y me acarició la cabeza diciendo “muy bien hecho zorrita”, salimos de esa habitación y la volvió cerrar con la llave, me llevó a la cocina y me dijo:

—Después de tanta excitación me ha entrado hambre, haz algo de comer a zorra.

Al entrar en la cocina lo primero que hice fue ponerme el delantal, lo tenía ya como rutina para evitar males mayores, le hice de comer, también le pedí permiso para hacer algo de comer para mi, me concedió el permiso y comimos las dos juntas en la cocina, después me tocó recoger y limpiar todo. Una vez terminé, lo puse en conocimiento de mi Señora, que, de nuevo,  fue y lo verificó; estaba todo correcto y me ordenó que me duchara y que ella  subiría a darme el vestuario oportuno.

Llegué al cuarto de baño, me desnudé y me metí en la bañera, me duché y me sequé, pero aún no me había dejado preparado el vestuario, por inercia, me coloqué en la esquina que tengo en la habitación, para que mi Señora me diera el visto bueno, no tardó en llegar, cogió un tanga y un camisón negro y me lo dio diciendo: “hoy mi putita se ha ganado descansar”,  me dijo que podía estar tranquila y relajada ya, así que me acosté en la cama. Mi Señora también se dio una ducha, las dos estábamos cansadas… Antes de salir de la ducha, ya me encontraba en el baño con una toalla en mi mano, mi Señora se quedó sorprendida porque ya me hacía dormida, pero la estaba esperando por si necesitaba algo más de mi, se secó,  se puso un tanga y un camisón y se acostó conmigo a dormir.

Así pasaban los días, desde por la mañana hasta la noche me encontraba haciendo las labores domésticas y, de vez en cuando, me sometía a sus antojos y caprichos sexuales.

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