SIRVIENTA DE DOS AMAS (I)

Maria Gabriela se acercó al espejo al tiempo que daba dos palmadas al aire. En la cocina, ramona escuchó la señal de una de sus Amas y salió corriendo a obedecerla.

Entró respetuosamente con la cabeza agachada y silenciosamente se colocó cerca de su Ama quien, sentada frente a su tocador,  se dejó quitar las prendas, aretes, anillos, cadenas… y luego, levantándose se dispuso a dejarse desnudar por su sirvienta.

Ramona estaba recién empezando su servidumbre y su nerviosismo era evidente. Había sido contratada apenas unos días antes y se sentía inexperta y poco preparada pero con enormes deseos de estar a la altura de sus dos Amas, una de las cuales estaba ahora observándola atentamente mientras primero le quitaba la chaqueta elegante, luego la blusa, luego cuidadosamente, los zapatos rojos de tacón, agachándose para seguir con las medias, ligueros, su falda arriba de la rodilla y así, dejarla en brasier y tanga rojos.

– Deja los nervios, querida, debes aprender a servirme sin titubeos-  la amonestó Maria Gabriela al ver los ademanes de la cachifa algo torpes al quitarle las medias provocando que una rasgadura leve se hiciera en una de ellas.

– Si, Ama, discúlpeme, no se repetirá.

– ¡Acércate! Plas! Plas! Un par de cachetadas retumbaron en el elegante cuarto alfombrado, con enorme ventanal hacia las colinas y edificios circundantes.

La sirvienta más apenada que dolorida, agachó la cabeza, rojas las mejillas con dos pequeñas lagrimitas rodando y una sensación de humillación que para ella debería ser su constante en muchas situaciones similares.
Soltando la bella cabellera antes anudada, mamona trajo un cepillo y a una seña de Maria Gabriela, se dispuso a peinarla suavemente sin poder evitar observar su maduro y esbelto cuerpo solo cubierto con los rojos interiores.

Sentada ante su tocador, mirando su esclava, Maria Gabriela ocultó una sonrisa de satisfacción dejándose servir mientras pensaba que había valido la pena el esfuerzo de buscarse una sirvienta sumisa y humillada para ella y su amiga Claudia Paola.

Habían entrado a varios chats, entrevistado muchos sumisos de todos tipos, muchos de ellos falsos e hipócritas buscadores de sexo hasta que por una casualidad habían leído un perfil de Facebook que encajaba perfectamente en el perfil que deseaban: Hombre maduro, muy sumiso, con deseos de dejarse feminizar, libre de ataduras y disponibilidad a tiempo completo, de cierta cultura, de buenos modales y excelente escritura y dicción.

Tuvieron que entrevistarla al comienzo por la red, en chats donde se turnaban cada una buscando defectos y virtudes hasta que supieron que sería su cachifa tal vez moldeable dado que aún no tenía un entrenamiento de acuerdo a sus exigencias.

Luego de superada la etapa virtual, le fueron enviados los pasajes a su ciudad de residencia, algo lejos de la capital y entrevistada concienzudamente en  un Hotel donde ambas Amas se hicieron presentes apartando ese día sus múltiples compromisos, de manera frontal, personal, observándola en sus reacciones, su forma de expresarse, de dirigirse a ellas, con un respeto y una actitud sumisa muy naturales hasta el punto que no tuvieron necesidad de remarcarle ciertas cosas obvias como no mirarlas directamente, responder solo si era preguntada y no hacer ni decir nada sin su permiso.

Para las dos Señoras fue muy obvio que estaban ante la sirvienta que ambas necesitaban. Se le dijo entonces  que debería dejar sus cosas arregladas en su ciudad y a partir de dos meses luego de ese día, sería su esclava personal a tiempo completo, y le dieron sus indicaciones.

Se le tomarían medidas para confeccionarle ropa enteramente femenina y de servidumbre, con uniformes delicados, elegantes y acorde a su piel blanca. Se debería depilar completamente, tomar algunas clases de arreglo de cabello, uñas, masajes y cocina.
No le faltaría nada, tendría su propio cuarto, sus uniformes y se le concedería lo primordial. Si requería algo adicional, debería pedirlo y ellas considerarían si podrá concederse, tratando de que estuviera cómoda y tranquila y así pudiera servirlas como deseaban. No podría manejar mas dinero del que ellas le darían para gastos de la casa. Su única función de ahora en adelante sería aprender cada gusto y capricho de sus Amas y estar lista para complacerlas.

La desnudaron, la palparon en nalgas, genitales y pudieron comprobar que no les había mentido cuando aseguraba que nunca podría ser un hombre completo con ese miembro diminuto y eso las satisfizo ya que no querían ser molestadas sexualmente, porque con esa dotación, fácilmente podrían convertirla en una mujercita dedicada y femenina, pero enseñándola a utilizar la lengua para satisfacerlas quitándoles el estrés en ocasiones.

– Déjame así, ramona, anda a prepararme el baño y acuérdate como me gusta el agua, asegúrate de ponerme a tono el jacuzzi y llévame una copa de vino, ponme algo de música suave. Quítate el uniforme, los zapatos y ponte el hilo negro y unas zapatillas altas, por si te mojas, además de unos guantes para que me laves bien el cabello, anda estúpida-  mientras le daba una palmada en el trasero levantándole la falda.

Ramona salió apresurada batallando con su emoción y con la dificultad de manejar los altos tacones, primero hacia su cuarto y luego, en hilos, hacia el baño. Mientras preparaba el baño su mente voló hacia los últimos meses sintiendo que las cosas estaban llegando a donde tanto había deseado.  En vez de una Ama, ahora debía servir a dos y turnándose para hacerlo bien.

Ya había servido ocasionalmente antes a varias damas, pero en esta ocasión, su sueño se cumplía: dejaba su vida atrás y se dedicaría por completo a ser una sirvienta sumisa y humillada, a tiempo completo.

Continuará…

Autor: Sissy Ramona

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