SESIÓN

-Me preocupa que te levantes siempre tan excitada.

-Duermo en tu misma cama Will, esperas qué me levante a desayunar como si nada – Nala se puso encima de él y empezó a dejarle un rastro de besos desde el cuello hasta…

-Para, para… Ufff – Will la forzó a que lo dejara.

-Ufff – Tuvo que respirar y centrarse antes de hablar.

-Mi adorable perrita, me gusta lo que me estas haciendo, y me quedaría aquí sin duda, pero tengo que ir a trabajar.

-Di que estas enfermo – Nala le hizo pucheritos.

-No puedo amor.

-Por fiii, Señor, deseo jugar con usted.

-Se me está ocurriendo algo, si llamara para decir que no puedo ir a trabajar, puedo ir al cuarto rojo y ¿hacerte lo que quiera?

-¿Lo que quieras?

-Lo que quiera, respetando tus límites, pero sólo eso.

Nala se pensó si darle carta blanca o no a Will, le preocupaba sesionar, a pesar de que lo conocía bien, sería su primera vez, estaba muy nerviosa.

-Vale.

-¿En serio?

-Si, Señor en serio.

Will se levantó de la cama e hizo las llamadas pertinentes, después se dio una ducha rápida.

-Nala, sal de la cama y prepárate, te espero dentro.

Nala se dio una ducha rápida, se perfumó, y se vistió con un conjunto de lencería azul de encaje, que sabia que a Will le encantaría.

Ella se detuvo delante de la puerta de madera, sentía un nudo en el estómago, y ¿si no le salía bien?, respiró, abrió la puerta y se encontró con todo el material ya preparado.

-Preciosa – la voz de Will la sacó de sus pensamientos, vestía con un simple vaquero ya, desgastado, pero para ella era el hombre más atractivo de la tierra.

-Nerviosa mi perrita.

-Un poco Señor.

Will la rodeó, y detrás suya en un movimiento rápido le agarró del pelo, dejando al descubierto la blanca y fina piel de su cuello.

-Será mejor que te relajes, porque hoy me apetece ser brusco contigo – las palabras susurradas causaron un efecto de excitación más inmediato, sin ni siquiera empezar, Nala sintió como sus jugos le resbalaban por la pierna.

El antifaz de satén negro acarició sus ojos y se sumió en la más absoluta oscuridad, solo podía escuchar. Will la guio por la habitación, sintió como aprisionaban sus muñecas, probó a tirar, la cadena era lo suficientemente larga para darle algo de movimiento, estaba anclada a alguna especie de estructura,  seguramente la Cruz que había visto y tocado tantas veces.

Will le separó las piernas, ni siquiera se molestó en quitar su lencería simplemente la rodó, no la acarició sino que la embistió directamente.

Uno, dos, tres, cuatro, Will no paraba de embestir, y a ella no le salía ninguna protesta solo gemidos. Estaba tan excitada que le faltaba poco, sentía su humedad, sentía la de él, sentía calor, como si le quemaran. Paró, Nala no entendía, simplemente dejó de sentirle…

-Ummm

El estallido en su piel hizo que Nala saltara, la estaba azotando, el dolor era muy concentrado, ¿una fusta? Iba alternando entre nalgas y muslos, algún que otro azote de forma continua.

Nala gritaba del placer, solo el Amo sabia cuanto le gustaba el dolor.

-¿Quién es tu Señor?

-Usted – dijo Nala entre gemidos.

-No escucho perrita.

-Usted, usted Señor.

-¿Quieres que te folle? – Will seguía azotando.

-Si – Will le dio en el pliegue que delimitaba nalga y muslo.

-Aaa!!

-¿Si qué?

-Si, Señor, fólleme,  por favor fólleme deseo sentirle dentro.

La penetró con los dedos de forma suave, Nala se movía desesperadamente buscando más, más intensidad, más rapidez.

-¿Qué quieres perrita?

-Más rápido por favor Señor, más rápido.

El Amo hizo lo que Nala le suplicó, empezó a mover sus dedos con velocidad, estaban empapados a causa de la excitación de su sumisa, el sonido que hacían sus dedos por la humedad de aquella mujer era música para él, estaba tan empalmado que le dolía.

-No puedo más Señor.

-Aguanta, no te corras hasta que no te lo ordene.

Él sabia que no aguantaría mucho más así que decidió volver a penetrarla, estaba tan empapada que se sentía tan bien, uno, dos, tres, cuatro… esta vez con más brusquedad, ocho, nueve, diez… A punto, él no podía más, tenía que dar la orden.

-Nala, ya, córrete ya Nala, empápame.

Un par de embestidas más… Nala hizo lo que el Amo le pidió, se había corrido junto con él, le había empapado y también había mojado el suelo. Will se quedó un rato dentro de ella, exhausto pero extasiado, su respiración se acompasó a la de su sumisa, se sentía tan bien, tan vivo. Después de unos minutos salió de ella poco a poco, la desencadenó, y la ayudó a sujetarse para que no se cayera, la levantó, la llevó en sus brazos, ella todavía temblaba y le susurró un gracias Señor tan bajito, que nadie se hubiera percatado.

-Gracias a ti mi cielo, ahora vamos a la bañera…

 

Autora: Lady Nala

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