NO ESTAMOS LOCOS

Bueno, un poco si que estamos los del mundillo del BDSM, aún así, mala fama, mala prensa y el calificativo de pervertidos (cosa que me encanta), aun con todo en contra, no estamos tan locos como piensan y ni mucho menos somos peligrosos.

Mi relativamente nueva faceta de swicht (poco más de tres años), y como dominante me ha abierto la mente y descubierto cosas que desconocía, el otro lado (como a mi me gusta decir) es igual de complicado que mi lado sumiso, del que tengo mucha más experiencia. Aún así no soy un gran mega-Amo, ni busco constantemente sumisas para tener un rebaño, ni nada de eso.

Para mi este juego, el BDSM, que es el mejor juego de todos, necesita un toque de intimidad y de confianza, y la verdad doy muchas vueltas para encontrar al alguien a la que dominar, a ese punto de intimar que me gusta, por ello he charlado horas y horas con mujeres que buscan un dominante.

Para mi sorpresa, la mayoría buscan un empotrador, un hombre con los que tener sexo duro con algún toque fetish, lo que esta muy bien si no te quieres meter de lleno en este mundo.

El resto de personas es una mezcla de gente que le gusta o que ha visto o leído tal libro de moda, o que lo conoce y ha vuelto este mundillo.

Lo que veo es que la gente salta al vacío, muy rápido, lo quiere todo ya, de cualquier forma y yo no soy así, no puedo hacer las cosas de cualquier forma, por que yo soy de que las cosas se hacen o no se hacen.

Así que para llegar a conocer a estas mujeres charlo normalmente por chat del Facebook, largo y tendido.

En una de esas conversaciones de gustos, de como esta el tiempo o de lo que sea, me preguntaron con toda la educación una cosa que me sorprendió mucho.

La Señorita X, me pregunto si yo simularía una violación (todo consensuado, me explico ella), y lo pensé y razoné un solo segundo y me sentí la persona más sucia del mundo durante unos instantes, me sentí mal, por que es horrible que frivolicemos con algo que desgraciadamente sucede todos los días y no hay que irse lejos para ver noticias sobre este acto horrible.

Después de calmarme un poco, (gracias Señorita X, por hacerme ver que solo fue una pregunta), estuvimos hablando seriamente del tema, ya que esto no es un simple juego de BDSM, ni el “numerito de la policía que te esposa y te detiene por malo y luego te da una buena tunda con la fusta en las nalgas, por malo”. No, señoras y señores, esto es imponerse violentamente a la voluntad de una persona y así es como yo lo veo, por eso me parece deleznable.

Una vez aclarado el asunto y razonado que es muy mala cosa frivolizar con ese tema, seguimos charlando y le recomendé juegos menos perniciosos para la mente.

Resulta que charlando con amigas, (si yo tengo amigas), que no tiene nada que ver con el mundo del BDSM, les comenté este asunto y lo mal que me sentí en aquellos instantes. Ellas me comentaron que esta “fantasía” es muy común en el mundo vainilla (por que llamarlo mundo normal, no lo veo bien, los normales están todos locos, como chotas), me comentaron que era muy común en parejas, que el marido se ponga un pasamontañas y simulen una violación, no que se pongan a darse besitos y les entre el calentón del siglo y el amante, marido o lo que sea las posea con ganas, no, eso no, los que les gusta y les pone es una violación y todo eso fuera del mundo que tanto nos gusta.

Bien, estuve husmeando por la red de redes y por lo visto, no solo se “juega” a eso si no que hay infinidad de relatos, comics e ilustraciones sobre eso. Y encima no es solo una fantasía de la mujer, que me parece horrible, si no que hay mucho tíos que les gusta esta fantasía, lo que me parece peligroso.

Pero para esta sociedad de parecer respetable, casto, puro y cien mil hipocresías mas, nosotros somos los locos, los pervertidos, los malditos, por que nos gusta que nos pongan pinzas en los pezones o atar a nuestras sumisas con cuerdas, cuando el juego BDSM es el más puro de todas las fantasías sexuales, la que se practica con más consenso y donde hay más respeto.

Pero nosotros somos los locos, bendita sea esta locura, que al menos me hace diferenciar el mal del bien.

Autor: José Morilla.

Fotografía: Tentesion.

 

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