MI PLACER

Hay cosas que nunca consideré y en las que ni siquiera pensé, pero he descubierto algo hace poco que me ha hecho cambiar. Ahora me gusta llevar ropa interior sexy o de cuero o látex, e incluso no llevarla.
También tengo una buena colección de zapatos de tacones altísimos y botas. Todo esto es de momento sólo para mí, para mi disfrute y placer propios.

Siempre, sin saberlo, me sentí atraída por la esclavitud. Siempre soñé con ser la heroína de una película, que es atrapada y atada. El sólo hecho de pensar en perder la libertad y ser atada me hace sentir escalofríos. Sueño con encontrar alguien con quien compartir todo esto, pero de momento mi única alternativa es jugar conmigo misma.

Todo empezó cuando una amiga, en una fiesta, me regaló unas esposas en plan broma, comentándome que las usara para atar a los hombres que llevaba a la cama. Pero cuando llegué a casa no pude evitar probar las esposas conmigo misma, tanto con las manos por delante como por detrás. Me gustó la sensación de impotencia, pero no era suficiente.
Poco a poco me fui haciendo con equipamiento: cuerdas, correas, otras esposas, cadenas… más adelante fueron mordazas, ropa de cuero, collares, un cinturón de castidad… y sobre todo candados.

Para mí se convirtió en una especie de desafío el ver todas las formas en las que podía atarme y desatarme sin ayuda y cada vez hacer esto más complicado. Pero en todo esto de practicar autobondage hay un problema. La diversión se acaba muy pronto.
Te atas, te amordazas… pero siempre tienes la seguridad de que te puedes librar cuando quieras sin ningún tipo de ayuda y claro, la emoción disminuye. Además hay algo con lo que fantaseo y es que cuando estoy atada sin remedio, alguien me azota, me cosquillea, me pone pinzas o me introduce vibradores sin yo poder hacer nada.

Estoy acostumbrada a llevar plug anales o pinzas en mis pezones o mi vagina, pero no dejo de buscar algo más. Me falta ese aspecto de la sumisión que es el no saber qué va a pasar, el no poder descubrir qué va a ocurrir al minuto siguiente, pero eso es imposible practicando yo sola… de momento.

Necesito una compañía, alguien con quien compartir mis juegos.

Hace poco en una revista de sado que compré en un sex-shop leí un artículo que tenía que ver con los enemas. Nunca pensé que aquello pudiera ser una diversión sexual, pero pensé que podría usarlo en mis juegos. La revista mostraba algunas fotos de chicas amordazadas y atadas con un tubo introducido en su culo mientras otra vestida de enfermera le aplicaba el enema. Tenía que pensar cómo poder introducir eso en mis juegos.

Comencé a fantasear con la idea de estar atada y amordazada y recibir un enema sin poderlo remediar y que me obligaba a retener el enema en mi interior por un período de tiempo sin que yo pudiera evitarlo ni controlarlo al cien por cien.
Era cuestión ir elaborando la idea de atarme, amordazarme y darme un enema sin remedio. Poco a poco fui dándole forma a mi fantasía. Planificar esta aventura me llevó como dos semanas y se acercaba el fin de semana en que llevaría a cabo la idea.

El problema a superar es que yo tenía que darme el enema una vez atada y amordazada, para no poderlo evitar y después de un tiempo conseguir desatarme y aliviarme. Además tenía que añadir algo más de riesgo y emoción.

Para poder sentirme una esclava atrapada jugando conmigo misma, poco a poco fui ideando juegos para que resultara más real y excitante.

Entre las primeras cosas que se me ocurrieron cuando empecé a jugar sola en su día, fue congelar en un cubito de hielo la llave de las esposas y cerrarlas sobre mis muñecas. De esta forma no puedo abrir las esposas hasta que el hielo se derrite y puedo acceder a la llave.
Por ejemplo, suelo poner el cubito de hielo atado a una cuerda a una altura que yo no puedo alcanzar y luego, cuando cae la llave al suelo, es entonces cuando puedo recogerla. Para esto puse un gancho en el techo de mi salón en un principio y actualmente tengo ganchitos también en mi dormitorio y en la habitación de invitados de casa.

Otro juego es atar la llave a otra cuerdecita que sostengo entre mis dientes mientras la llave está en el cubito de hielo. Esto lo hago cuando me ato a la cama, así cuando se derrite el hielo tengo que hacer esfuerzos para atraer la llave con mi boca hasta llegar al alcance de mis manos. Esto me permite hacer más difícil mi liberación y más emocionante el juego.

También he ideado otras formas de jugar. Tengo unos zapatos con tacones altísimos que llevan unas muñequeras que se cierran en mis tobillos con un candado. A veces he dejado la llave en el trabajo un viernes y cuando llego a casa me pongo los zapatos.
Hasta el lunes que vuelvo a la oficina no puedo quitarme los zapatos y así tengo que pasar con ellos todo el fin de semana y he tenido que ir al trabajo con ellos, ni que decir tiene que durante el fin de semana el dolor de pies es terrible y mucho más cuando tengo que ir andando a la oficina con unos tacones altísimos y muy afilados hasta que por fin puedo liberar mis pies.

También tengo el truco de ponerme los zapatos y mandarme yo misma la llave por correo. Las llaves suelen tardar de dos a tres días en volver a estar en mi poder y así poderme quitar los zapatos que durante ese tiempo martirizan mis pies.
Este juego de enviarme las llaves por correo yo misma también lo he practicado con mi cinturón de castidad, que también lleva un candado. También he puesto cerraduras en la puerta del baño y de mi dormitorio, con muy buenos resultados para mis juegos.

Para la aventura del próximo fin de semana, lo he preparado todo lo mejor posible, tiene que ser verdaderamente especial. Compré una bolsa de goma con sus tubos para la administración de enemas. El viernes metí las llaves de mis esposas y de uno de los candados en la cubitera.

Todo se iba a desarrollar en el cuarto para invitados de mi casa. En él dejé todo lo que iba a usar: mis zapatos con muñequeras para el tobillo, mi cinturón de castidad, un collar, una mordaza de bola, cuerdas, candados y esposas. Cogí una cinta de vídeo de sado que tengo y que dura aproximadamente cuatro horas para irla viendo mientras estoy atrapada. Toda esta preparación me excitaba sobremanera, estuve todo el viernes muy caliente.

La tarde del viernes proseguí con los preparativos, guardé la llave de las esposas en un cubito de hielo en el frigorífico. Otra llave congelada que era para desenganchar el collar que estaría atado a una cadena, la dejaría sobre la mesita de noche del cuarto de invitados. La llave del cinturón de castidad la dejé en mi buzón, que está en la calle junto a la puerta de entrada al jardín de casa. La de la mordaza, en el asiento del coche que estaba dentro de mi garaje, al que accedía desde el jardín.

La llave del baño la dejé colgada en una puntilla clavada en la valla de mi jardín, en la parte más alejada y expuesta. Y la llave de mi dormitorio, en el baño, dentro de la taza del váter. Conseguí fabricarme, usando también hielo, un mecanismo que después de un tiempo conseguía abrir la cánula del tubo que iba a administrarme el enema. La cosa iba muy bien.

Cuando me acosté el viernes noche con todo el plan elaborado en mi cabeza y todo preparado, estaba tan excitada que me costó lo mío no masturbarme, cosa que quería evitar para al siguiente día estar más caliente que nunca y a tono con la situación que iba a experimentar.

Cuando me levanté al otro día comencé a darle forma definitivamente a lo que iba a pasar por la tarde. Primero escribí una carta explicando dónde estaban todas las llaves y de qué iba el juego, que yo estaría en la habitación de invitados atrapada como la esclava que soy. Además en la nota le hablaba del amor que sentía por ella y que quería que fuese mi dueña, que yo sería su esclava incondicionalmente.

Ella sería mi Ama, mi torturadora, para hacer conmigo lo que quisiese, que mi cuerpo y mi mente le pertenecían y que yo la obedecería en todo, absolutamente en todo con tal de que me tratara como su esclava, que sería suya para siempre.

La nota terminaba con la frase: ¿Aceptas ser mi Ama?

Sonreí cuando releí la nota. Era una fantasía que deseaba en mi interior hacer realidad desde hacía tiempo.

Puse la carta en un sobre con el nombre de mi mejor amiga bien visible, la única que tiene llave de casa, y lo dejé sobre la mesita del salón bien visible. Después la llamé y le dije que por favor fuera a mi casa a las diez de la noche en punto, no antes, que yo iba a salir y no estaría, y que no olvidara traer la llave de casa por si yo estaba aún en la ducha, que podíamos salir a cenar.

Después de llamarla me quedé más tranquila, todo iba bien. El que viniera mi mejor amiga antes de que yo consiguiera desatarme y desmontar todo y estar vestida era un riesgo más que me ponía a cien. También era un seguro por si pasaba algo, aunque esperaba conseguir escaparme antes de la hora a la que quedé con ella en casa. Muchas veces he tenido fantasías sado con mi amiga, que era ella la que me ataba y amordazaba para luego azotarme y obligarme a hacer cosas terribles.

Después de comer, dejé la nota sobre la mesa, fui a mi dormitorio y me desnudé completamente. Luego cerré la puerta de mi dormitorio con llave, eso sí, me aseguré de no tener ninguna prenda en ningún otro sitio de la casa para poder ponérmela encima y cubrir mi desnudez, incluso la gabardina que siempre tengo en la entrada estaba ahora en mi dormitorio. Luego fui al baño y dejé caer la llave al fondo de la taza del váter y cerré la puerta del baño, que ya tenía la llave echada, sólo con cerrar la puerta estaba irremediablemente cerrada para mí, a menos que consiguiera la llave que estaba en la valla del jardín.

Me dirigí a la habitación de invitados y comencé. Primero cogí un consolador con vibración y me lo introduje en mi vagina bien profundamente, poniendo el motorcillo que lo hacía vibrar en marcha. Me puse el cinturón de castidad y cerré el candado, luego mis zapatos de tacón alto, a los que también cerré los candados de las tobilleras. Me puse la mordaza y la cerré, luego el collar.
Comprobé que el agua en la bolsa de goma para el enema estaba preparada y que el mecanismo se pondría en marcha más o menos a los quince minutos de darle a la llave. Me introduje en mi ano la cánula pasándola por la pequeña ranura que tenía el cinturón a la altura de mi ano. Cogí unas pinzas metálicas y me las puse en los pezones.

Después unas esposas unidas con una cadena corta en mis tobillos y comprobé que más o menos me podía mover, pero con pasitos demasiado pequeños. Luego miré la llave del candado de la cadena que luego sujetaría mi collar a la cama, y que dejé sobre la mesita aún bien encerrada en su cubito de hielo, que apenas había comenzado a descongelarse muy lentamente.

Luego cogí la cadena y la pasé por la barra del cabecero de la cama y la sujeté a la argolla de mi collar por último cerré el candado. Me quedé allí de pie, cogí el mando a distancia del vídeo y lo puse en marcha, tiré el mando bien lejos. Miré a mi alrededor comprobando que todo estaba bien. Puse mis manos a mi espalda y cerré las esposas en mis muñecas.

Recordé que la llave de las esposas de mis muñecas y tobillos estaba en un cubito congelado en el frigorífico. Temblé 1miplacerde arriba abajo, un escalofrío de excitación me inundó. Todo había empezado.

Más o menos calculé la hora que era y pensé que habría oscurecido algo para cuando yo tuviera que salir a la calle a coger las llaves que tenía en el buzón, el coche y la valla del jardín.
Estaba de pie al lado de la cama, mirando el cubito de hielo que se estaba derritiendo sobre la mesita de noche con la llave de la cadena que ataba mi collar a la cama.

Lo podía alcanzar con mis manos a la espalda, luego pegarme bien al cabecero de la cama para que la cadena colgara y que con algo de movimiento podría meter la llave en el candado con mis manos atrás y poder desenganchar la cadena que me atrapaba por el cuello. Me relajé un poco y me puse a mirar la película que tenía puesta en el televisor.

La visión de chicas azotadas y atadas y el vibrador funcionando en mi vagina me llevaron a un mundo lleno de placer y de pequeños orgasmos consecutivos. Mis pezones estaban cada vez más sensibles y las pinzas metálicas comenzaban a dolerme cada vez más. Pensé que tenía que tener paciencia.

Se acercaba el momento de la verdad. Comenzaba a estar incómoda y sobre todo excitada. Estaba en ese punto sin retorno donde toda la maquinaria estaba en marcha.

El enema estaba doliéndome demasiado, más de lo que había imaginado. Pero no había nada que hacer, sólo esperar que el cubito de hielo que estaba sobre la mesita se derritiera lo antes posible. Después de unos minutos que me parecieron horas, la combinación del enema, el vibrador, las pinzas y mi cuerpo atrapado comenzaron a llevarme a otro mundo.
El primer orgasmo fuerte me golpeó de tal manera que mis piernas temblaron en exceso, casi me dejo caer al suelo de la intensidad, cosa que no podía hacer por la cadena que me atrapaba por el collar, incluso podría resultar algo peligroso. Pero antes de que la ola de ese tremendo orgasmo se extinguiera, comenzó a venir el segundo. Estaba en el cielo. De nuevo, si no llega a ser por el collar que me hacía estar de pie en aquel momento estaría derrumbada en el suelo, derrotada de placer. Lentamente fui recuperando la respiración.

En esos momentos estaba deseando soltarme completamente e ir al baño a evacuar el líquido que llenaba mi interior y quitarme todo lo que tenía encima. Pero miré el cubito de hielo, que aunque ya estaba bastante descongelado, aún le quedaba un rato. Miraba el cubito de hielo atentamente, parecía que cada vez se derretía más lentamente. Observaba con impaciencia cada gota que se separaba de lo que me parecía un enorme témpano de hielo, cuando en realidad ya era un diminuto trocito de helada agua. Mi vientre parecía que iba a estallar, necesitaba ir al baño ya. Después de lo que me pareció una eternidad, el hielo se fundió completamente y comencé a moverme para hacerme con la llave.

Ahora había otro peligro, que la llave se me cayera al suelo y entonces sí que estaría irremediablemente perdida. Así que respiré profundamente e intenté calmarme, actuando lentamente pero con seguridad. Cogí la llave y me pegué a la barra del cabecero de la cama, ahora venía otro momento delicado.
Contorsionándome llegué al candado de la cadena, lentamente y con gran cuidado inserté la llave, la giré despacio y con un chasquido el candado se abrió. Respiré aliviada, todo iba bien.

Tiré de mi cuello y la cadena salió de la argolla del collar y me vi liberada de estar pegada a la cama, ya tenía movimiento. El siguiente paso era quitarme las esposas de las muñecas y los tobillos. Las pinzas en mis pezones me torturaban y el enema cada vez se hacía más doloroso, pero no había nada que hacer. Agachándome y con una forzada postura conseguí sacarme la cánula del enema de mi culo y me dirigí a la puerta de la habitación. La abrí contorsionándome y me dirigí a la cocina.
Con pasitos pequeñitos, caminando muy difícilmente por la cadenita que unía las esposas de mis tobillos y dificultado aún más por los altísimos tacones, lentamente fui como dando saltitos hasta llegar junto al frigorífico.

2miplacerLo abrí y allí estaba el cubito de hielo con la llave de las esposas en su interior. Aunque no estaba en el congelador, se había derretido poquísimo. Lo cogí como pude y lo sostuve en mis manos intentando darle calor para acelerar el proceso. Aún era de día, así que de todas formas tampoco era plan de salir a la calle desnuda y atada a buscar el resto de las llaves.

La tarde tocaba a su fin. La espera se hacía eterna. Estaba de pie en medio de la cocina cuando de nuevo mi cuerpo comenzó a reaccionar. El dolor en los pezones, mis piernas, mi vientre, el vibrador funcionando…

Esta vez no lo pude evitar y caí de rodillas en el piso de la cocina cuando un nuevo orgasmo me hizo estallar. Caí al suelo irremediablemente frotando mis muslos y sintiendo un nuevo y explosivo orgasmo. Me quedé allí tumbada respirando fuertemente.

El cubito de hielo aún seguía en mis manos derritiéndose más rápidamente. Ahora tenía que levantarme, operación nada sencilla. Me puse de rodillas y me senté sobre mi trasero a la espera de que el hielo se derritiera completamente.

El enema parecía que iba a hacer estallar mi vientre, el dolor de dar de cuerpo era tremendo y sentía calambres por todo mi cuerpo.

Casi me sentí tentada de expulsar todo el líquido allí mismo, pero no debía, era parte del juego, además, no quería ensuciarlo todo. La llave casi estaba ya en mi poder cuando comprobé que fuera casi había oscurecido totalmente, la noche iba cayendo.
Desgraciadamente aún tenía que esperar un poco, no era plan de que algún vecino me viera desnuda por la calle. ¡Necesitaba urgentemente ir al baño!

Por fin la llave estaba en mi poder. De nuevo, lentamente y con cuidado, abrí las esposas de mis manos. Por fin me sentía más libre. Masajeé mis muñecas doloridas por los esfuerzos. Antes de quitarme las esposas de mis tobillos me quité las pinzas de mis pezones.
El dolor fue tremendo, mucho más que todo el que sentía por mi cuerpo. Me encogí respirando profundamente y fui masajeando lentamente y con cuidado mis castigados, hinchados y deformados pezones. Fui recobrando el control y me agaché para quitarme las esposas de los tobillos.

Me acerqué a la ventana para comprobar la calle, no había nadie cerca o eso me parecía. Abrí la puerta y miré alrededor.

Intentando ocultarme en la breve protección de la oscuridad que proporcionaba el estar pegada a la pared, fui deslizándome hasta la puerta de mi garaje donde tenía el coche. Sentía el frescor de la noche recorrer mi desnudo y expuesto cuerpo. Los tacones parecían retumbar por toda la calle o eso me lo parecía a pesar de caminar lentamente y con mucho cuidado.

Llegué a la entrada de mi garaje y entré. Abrí el coche y cogí la llave que estaba sobre el asiento. Quité el candado de mi mordaza y la deslicé lentamente fuera de mi boca. La saliva había empapado todo mi cuerpo por delante, incluso mis piernas.

Moví mi boca lo que podía, el dolor era intenso y parecía como si nunca pudiera cerrarla. Lentamente me asomé a la puerta del garaje mirando a la calle. Aún me quedaba coger la llave del cinturón que estaba en el buzón y la llave del baño que estaba colgada de una puntillita en la valla de mi jardín, justo en la zona más expuesta a miradas extrañas. Los calambres en mi mandíbula eran muy fuertes, pero lo que realmente me preocupaba era el tremendo dolor de mi vientre.
Era ya totalmente de noche, yo no había encendido las luces de mi jardín, pero las farolas de la calle iluminaban bastante bien todo el contorno. Pensé en una cosa que no había hecho y era mirar algún reloj para comprobar la hora, en ese momento me arrepentí de no haberlo hecho, aunque tenía la impresión de que aún había tiempo de sobra.

Me deslicé fuera del garaje bien pegada a la pared. Me movía sigilosamente, tanto como podía para no ser vista y lo más cerca de la pared. Me agaché. Mal hecho. El dolor en mi vientre se intensificó demasiado. Así que era imposible que fuera agachada hasta la puerta exterior del jardín de mi casa. Me alcé y lentamente, atemorizada y mirando en todas direcciones, me fui acercando a la puerta.
De nuevo el sonido de mis tacones parecía amplificado en mi cabeza con la sensación de que todos los vecinos saldrían a ver quién andaba por la calle. Llegué a la puerta y me pegué a ella todo lo que pude, unos pasos y unas voces se acercaban por la calle.

Las voces pasaron por mi puerta a escasos centímetros de mi cuerpo completamente desnudo y tembloroso. Hasta el motorcillo del vibrador parecía que sonaba amplificado y a todo volumen. Cuando me cercioré de que los pasos se alejaron, abrí un poco la puerta y me asomé al pequeño resquicio.
Parecía que no había nadie cerca, porla calle. También miré preocupada algunas ventanas iluminadas de los vecinos. Nunca pensé en la tremenda luz que daba la farola que había justo junto a la puerta de mi jardín.

Miré a ambos lados de la calle y con toda la velocidad de que era capaz salí fuera. Abrí la puertecilla de mi buzón y 3miplacermetí la mano. Allí estaba la llave.

Cerré con fuerza mi mano a su alrededor y dejando el buzón abierto volví a la seguridad tras la puerta de mi jardín, que cerré demasiado ruidosamente para mi.

Respiraba profundamente y mi cuerpo temblaba cuando algo imprevisto sucedió. Mis piernas se tambalearon, el dolor en mi vientre aumentó justo cuando el vibrador en mi interior, la tremenda excitación que sentía por la situación, me llevaron a un nuevo y tremendo orgasmo.

Me agarré a la puerta, mis uñas la arañaron cuando el temblor del orgasmo atravesó toda mi columna vertebral. Mis manos se dirigieron instintivamente hacia mis pechos y los estrujaron con fuerza, con saña, clavando mis uñas, sintiendo el dolor profundamente, intensificando mi placer.

En esos momentos me percaté de que la gran humedad que corría a todo lo largo de mis piernas no sólo era la saliva que escapó por mi boca, sino la tremenda humedad que no dejaba de fluir de mi entrepierna.
Recuperé lentamente la respiración e ilusoriamente, el control de la situación.

Ahora tenía que ir al otro extremo del jardín a por la llave del baño. Mi jardín no tenía un seto frondoso, si a aquellas cuatro ramas sin hojas se le podía llamar seto.
Las farolas lo iluminaban todo con claridad deslumbrante. Respiré profundamente y me dispuse a atravesar todo el jardín.

Los altos tacones y el tremendo dolor del enema lo dificultaban todo. Los calambres aumentaban por momentos y aquello ya era insoportable. Así que no me lo pensé mucho y casi eché a correr en busca de la penúltima llave.

Sin mirar a ningún lado corría lo que podía a través de mi jardín, ya sin importarme nada. Llegué al extremo de la valla y allí estaba la llave reluciente bajo la luz de la farola.
La cogí con fuerza y de nuevo sin mirar ni pensar eché a correr hasta la puerta de mi casa, que traspasé y cerré a toda velocidad. Pensé que tuve suerte de no haberme caído en el trayecto. Respiré apoyada sobre la puerta cerrada, suspirando aliviada.

Luego miré a mi alrededor como esperando encontrarme alguien en el mismo salón de mi casa, lógicamente no había nadie. Corrí hasta el baño. Estaba temblorosa y nerviosa, sentía muchos y diferentes puntos de dolor por todo mi cuerpo, pero el peor de todos era mi vientre.

Me puse más nerviosa, parecía que la llave no quería entrar en la cerradura. Y cómo iba a entrar, estaba intentando abrir la puerta del baño con la llave de mi cinturón de castidad. Por fin la abrí y entré como si me fuera la vida en ello.

4miplacerRápidamente abrí el cinturón de castidad y lo tiré al suelo al mismo tiempo que levantaba la tapa del váter, me sentaba y entre ventosidades comencé a evacuar el líquido que tanto presionaba mi dolorido vientre.

El alivio fue automático, como automático fue un nuevo orgasmo inesperado. Quedé sentada durante un rato en el váter, derrotada. Lentamente me quité el consolador que aún vibraba en mi interior. Respiraba profundamente aliviada en todos los sentidos. Había sido una tarde impresionante, llena de nuevas sensaciones inesperadas y sorpresivas.

La experiencia no había dejado de ser muy positiva. Descansé un poco allí sentada.
Luego recordé la llave que aún debería descansar en el fondo del agua en el váter.
Me levanté lentamente, la verdad que con bastante esfuerzo, mis piernas parecían que querían descansar. Metí la mano en el agua y me puse a rastrear en un agua que ya no era limpia.

Con algo de asco di con la llave, la agarré con fuerza y después la lavé con agua clara. Todos los movimientos que yo efectuaba eran lentos y torpes. De esa forma lenta y torpe y casi tambaleándome llegué a la puerta de mi dormitorio, la abrí y me dejé caer sobre la cama.

Después de un buen rato pensé que era hora de ducharme, quedaba tan sólo media hora para las diez y mi amiga tendría que estar a punto de llegar.

Cogí la llave de mis zapatos, que estaba en el cajón de mi mesita de noche y me los quité. Luego cogí algo de ropa y me dirigí al baño.

La cálida agua de la ducha me relajó aún más. Me dejé abandonar bajo la lluvia de agua mientras mi mente vagaba pensando en los últimos momentos vividos y decidí que estaba más que satisfecha con la experiencia.
Habría que repetirla pero con nuevas trabas y nuevos retos. Lo tenía difícil. Sonreí.

Cuando estaba secándome lánguidamente la voz de mi amiga llamándome me sobresaltó. Respiré aliviada de haber terminado a tiempo. Las únicas pruebas de mi juego estaban en la habitación de invitados, a la que seguro ella no entraría.

Nos encontramos en el salón, ella estaba sentada en el sofá ojeando una revista, yo aún con el pelo húmedo, pero vestida. Hablamos de salir a cenar. Me senté a su lado y ella me comentó los ojos tan bonitos que tenía y que me veía hoy muy guapa, relajada.
Suspiré sin decir nada y le sonreí. Le dije que me esperara un ratito mientras me secaba el pelo y terminaba de maquillarme para salir.

Cuando estaba pintándome los labios, me sobresalté y abrí mucho los ojos y la boca, mirándome en el espejo. ¡La nota! No me había acordado de la nota que estaba sobre la mesa del salón con el nombre de mi amiga bien visible para que ella la leyera. Rápidamente salí hacia el salón y allí seguía ella sentada leyendo una revista y la nota directamente enfrente de ella.

Por suerte seguía en la misma posición, no se había percatado de que estuviera allí. Me acerqué hablándole, me puse frente a ella y cogí disimuladamente la nota, hice una bola con ella y fui de nuevo a mi dormitorio a elegir los zapatos. Respiré más aliviada aún, no la había leído. Salimos de mi casa, cerramos la puerta del jardín y recordé cómo me corrí como nunca allí mismo.

Cogimos un taxi y cuando nos sentamos atrás, ella me cogió la mano y me la acarició. La miré algo sorprendida. Ella me devolvió la sonrisa y presionó mi mano clavando suavemente sus uñas en la palma de mi mano. Sonrió abiertamente, suspiró y mirándome a los ojos me dijo:

-¿Sabes? Tenemos que hablar de esa nota tan interesante que has dejado para mí en la mesa de tu salón. ¿Y sabes?, acepto.

Texto: José Luis Carranco – Iustraciones: José Morilla

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