LA SUMISIÓN DE MI MARIDO

El verano pasado fuimos a Brasil mi marido Alejandro y yo, a pasar unas vacaciones. Estábamos acampados en un camping unos 150 km aproximadamente al norte de Río. En el campamento de al lado había dos “mulatonas”, dos chicas negras, grandotas, pechugonas y caderudas.  Mi marido, sabiendo mis intenciones bixesuales,  me miraba y me sonreía. Nos comprendemos muy bien y, aunque no habíamos podido concebir hijos, no tenemos problemas por eso.

Amanda y Sofía eran sus nombres. Ambas medían cerca de 1,75 c,, unos 120x65x110 para Manada de 22 años, y 110x60x115 para Sofía, de 20 años. Alejandro, Ale para mi, tiene 36 años y yo 25. Ambas morenazas usaban tanguita con falda que, no sé por qué, estaba de moda ese año. A mi marido también le gustaban las muchachas, y cuando se acercaban se movían tan provocativas que le producía una erección, ante lo cual yo me reía.

Al cuarto día, Ale le dijo, muy caradura, a Sofía si no querrían hacer un cuarteto con nosotros y Sofía le dijo que si. Fuimos esa noche los cuatro a nuestra carpa y comenzamos a besarnos, tras unos minutos yo estaba súper caliente y mojada, cuando nos dijeron que tenían una sorpresa para nosotros.  Entonces se sacaron la tanguita de abajo y vimos que eran unas travestís, con miembros como de caballo. Fue cuestión de medir, Amanda tenía un miembro como de unos 25×5 cm. y Sofía era una garañona con un monstruo de 27×8 cm.

Mi marido me preguntó si quería seguir y yo dije que sí, tras lo cual seguimos acariciándonos. Estaba haciendo el 69 con Ale bajo mío y chupándosela a Amanda  cuando Sofía se me puso atrás empujándome hacia delante y metiéndole esa verga de caballo, negra, gruesa y dura en la boca a mi marido mientras me chupaba el culo y gemía de placer.  Yo pude ver a la tenue luz de la linterna los esforzados movimientos de deglución de Ale. Y, mientras Sofía decía que ya no aguantaba más, me di cuenta, horrorizada, que Sofía estaba orinando, vaciando su vejiga en la boca de Ale y que él estaba tragando a más no poder.

Eso me puso enojosa, tanto que luego de un rato,  cuando Sofía terminó de orinar, le pedí que me penetrara. Al principio parecía que no iba a entrarme semejante caño cabezudo, pero luego, con gran esfuerzo y sudor de mi parte, me la fui tragando despacio, cuidando que no me reventase y  y pidiéndole que me cogiera despacio. Sofía se acomodó diestramente, de manera de podérmela meter lo más profundo posible y de paso sumergir entre sus grandes nalgas la cara de mi marido, de manera que él le chupase el culo mientras miraba cómo ella me penetraba y gozaba dentro mío.

No pasó mucho que, por la excitación que sentía por tener semejante verga dentro, me hiciera gozar como una loca, y mientras lo hacía, pude sentir una explosión de líquido dentro mío al compás de los gritos de placer de Sofía, que acababa, violenta y abundantemente, en mi vagina mientras aplastaba el rostro de Alejandro con su culo enorme y casi lo sofocaba con sus bolas, que colgaban negras y enormes sobre la parte superior de su cara y a veces le tapaban la nariz.

Cuando Sofía salió de estar sentada sobre la boca de Alejandro, Amanda se la metió en la boca y acabó gran cantidad, mientras agarraba la cara de Alejandro. Luego cambiamos las parejas , yo con Amanda y mi marido con Sofía,  a la cual dio placer dos veces,  con la boca la primera en un 69, y la segunda simple, porque el pobre ya no daba más y Sofía tenía una potencia sexual terrible.

Después de ese día lo seguimos pasando bien los cuatro, Alejando y yo tomando leche a raudales por todos lados , ya que Sofía y Amanda eran totalmente activas y parecían tener una usina láctea  en cada huevo. No obstante, Alejandro tuvo celos de Sofía hasta que ella lo llevó a su carpa y sádicamente lo sometió una tarde entera.

Luego de escuchar los prolongados lamentos y gritos lastimeros de Alejandro, a veces apagados por lo gemidos de placer de Sofía y luego las promesas de obediencia de él a lo que ellas le ordenasen, se terminaron los “problemas de liderazgo”. Estaba claro que quienes mandaban eran las hembras con pene…

Así fue que, al fin, pude quedar embarazada con cuatrillizos, debido a que había estado haciendo tratamiento, sin sospechar de la esterilidad de mi marido. Ahora vamos a Brasil todos los veranos, ya que tenemos muy buena posición económica, y queremos criar tantos hijos de Sofía como podamos.

Relato de un Autor anónimo de Buenos Aires, Argentida, remitida a la Revista Tacones Altos. 

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