LA POLICÍA DEL BDSM I

Capítulo 1: El Amo Sumiso

 

Marcos, en sus veintitantos años de experiencia como Amo, se consideraba a sí mismo un Dom “como había que ser” considerado y atento con sus sumisas cuando éstas lo necesitaban realmente y duro y cañero cuando  las circunstancias así lo requerían, pero por desgracia, la realidad era bien distinta y Marcos era un dominante ciertamente egoísta y falto de empatía con respecto a sus sumisas, a las que apenas escuchaba, ahogando sus ruegos y gritos de dolor entre latigazos y mordazas, ignorando, en la mayoría de ocasiones, la imprescindible palabra de seguridad en toda relación de BDSM que se precie.

Lo que Marcos no sabía, es que eso iba a cambiar en muy poco tiempo.

Un buen día, el timbre de la casa de Marcos sonó insistentemente. El Dom abrió la puerta malhumorado, ya que no soportaba las exigencias ajenas y odiaba cualquier tipo de imposición, aunque fuera una tan mundana como el que alguien le insistiera en abrir la puerta de casa.

—¿Se puede saber a qué viene tanta pri…? —la perturbadora visión de una chica de veintitantos, alta, delgada, con ojos grandes y penetrantes y un cuerpo escandalosamente bello, interrumpió la sarta de improperios que Marcos acostumbraba a dar rienda suelta cuando perdía la paciencia, cosa no muy complicada en una persona tan soberbia e irascible como él.

—Buenos días, Marcos ¿puedo pasar? Gracias —la joven entró en el domicilio del Dom con una soltura y una familiaridad que dejaron a éste boquiabierto por la sorpresa —no está mal la choza —reflexionó la moza mirando hacia todos los ángulos del salón, mientras sacaba una cajita redonda de colorete de su bolso negro.

—¿Se puede saber quién coño eres tú, niñata? —gritó Marcos alzando la voz, aún apenas repuesto de la sorpresa que le había supuesto la actitud de la recién llegada —Te advierto que si no te vas de aquí por tu propio pie, llamo a la policía y…

—¡Oh, por favor, cállate…! —exclamó la muchacha, soplando sobre los polvos del colorete, que salieron volando por los aires, cubriendo el rostro de Marcos.

Nada más aspirar los polvos, Marcos sintió un súbito debilitamiento que le hizo caer de rodillas al suelo.

—Así está mejor —sentenció la chica —ahora estás débil como un niño de cinco años, el relajante muscular que te he suministrado apenas te permitirá hacer movimientos que impliquen mucha fuerza, ni casi tenerte en pie.

 —¿Pero qué…? —balbuceó el aún mas atónito Marcos con voz gangosa.

—¡Cállate! ¿Acaso te he dado permiso para hablar? Claro que no. Ahora escúchame con atención. Mi nombre es Marta Brown. Soy una especie de… Mary Poppins de Amas y Amos ¿entiendes? —el Dom guardó silencio, mirando a la extraña recién llegada con cara de autentico póquer —me explicaré mejor… seguramente no sabes de la existencia de la policía del BDSM ¿Cierto? La policía del BDSM es un cuerpo especialmente entrenado, que se dedica a vigilar tanto a la parte sumisa como dominante de este mundillo para que todo sea seguro, sensato y consensuado. Cuando localizamos a un sumiso le pone los cuernos a su Ama con otro Amo o Ama ¿Qué hacemos nosotros? Le advertimos una vez y si reincide, nos aseguramos de que no pueda sesionar con ninguna dominante más… o es posible, como es tu caso, que un Dom, maltrate a las sumisas de su establo, no respetando los límites previamente pactados… ¿Adivinas lo que ocurre entonces, Marquitos? —Susurró la señorita Brown, posando sensualmente su dedo índice de primorosa manicura sobre el labio inferior del inmovilizado Amo —¿No lo sabes? No te preocupes, estas a punto de descubrirlo, Marquitos —concluyó, sacando de su bolso un collar de perro con una correa, que después colocó en el cuello de su indefensa víctima.

Luego, sacó de su bolso una larga fusta de color rojo, que dejó nuevamente a Marcos boquiabierto ¿cómo era posible que aquel instrumento tan largo pudiera caber en un pequeño bolso como aquél? Verdaderamente, la tal Brown, no había exagerado en nada, al compararse con Mary Poppins…

—Bien Marquitos ¿sabes lo que es la empatía? Es la habilidad de ponerte en el lugar de los demás, justo lo que tú no sabes hacer con tus sumisas. Pero no te preocupes, que cuando termine contigo, eso es algo que vas a aprender si o si… —un relampagueante chasquido de la temible fusta que hirió el hombro derecho de Marcos, corroboró las palabras de la “mágica” dómina —habría empezado con un flogger, pero creo que contigo es mejor meter caña desde un principio. Ah y espera, las sorpresas no acaban aún, tengo otra cosita para ti Marquitos.

Dómina Marta sacó de, adivinad donde, una botella de lubricante, que rezaba en su superficie, en grandes letras rojas como “Astringente Viril” ¿Qué coño significaría eso?

—Vaya —exclamó la Ama admirada mientras administraba el misterioso mejunje sobre el gran pene de Marcos, que había reaccionado como correspondía ante los expertos masajes de la bella joven —no se puede negar que tenías una buena polla.

Un  momento ¿Tenía? Aterrado ante aquél comentario, el Dom bajó la mirada y vio, sin podérselo creer, como su antiguamente orgulloso falo de proporciones gigantescas, con las que empotraba sin piedad a sus sumisas y envidia de cualquier hombre, y aún estando duro como una piedra, se había visto reducido a un repugnante micropene, no mayor que su dedo pulgar.

Ahora entendía lo que significaba la etiqueta de “Astringente Viril”

—Bien, este pene ya no le haría daño ni a una virgen —se burló Ama Marta —¿Quieres un poco más? Si sigo puedo hacer que tu pollita desaparezca dentro del pubis y entonces tendrás que hacer pipí sentado ¿te imaginas?

—¡No , por favor, no! —suplicó Marcos con lágrimas en los ojos.

—¿Ah no? ¿Sabes que esas mismas súplicas salían de los labios de tus sumisas cuando te la follabas con tu gran pene, destrozándolas por dentro? —sin que el desgraciado y sometido macho pudiera evitarlo, Mistress Brown ató sus manos a la espalda y luego embadurnó su ahora diminuto pene con mas gel reductor.

Los resultados no se hicieron esperar y después de medio minuto de que la joven le pajeara con un par de dedos, su polla se redujo hasta que no se vio más que el glande asomando tímidamente por su pubis.

—Ahora te asoma porque está erecta, cuando se quede en estado flácido, desaparecerá dentro de ti… tal y como te prometí.

Con los ojos anegados en lágrimas, Marcos vio que aquella diablesa volvió a buscar dentro de su bolso maldito ¿qué nuevo instrumento infernal utilizaría ahora para torturarle?

Una nueva botella de lubricante con una etiqueta en la que se podía leer “Potenciador de la virilidad” fue sacada a la luz.

—Como supongo que habrás adivinado, este gel hace el efecto contrario al astringente. Yo podría devolverte el antiguo tamaño de tu polla ¿te gustaría…?

—¡Si…! lo quiero, ¡lo quiero! —una fría e inquisitiva mirada de Marta Brown, indicó al ya quebrado macho como debía rogarle si quería recuperar la virilidad perdida —si… lo quiero… mi Ama.

—Muy bien, perro —respondió la Ama sonriendo cruelmente —y así lo haré, pero antes voy a asegurarme que aprendas la lección que he venido a enseñarte —la Mistress se embadurnó el dedo índice en aquel nuevo mejunje, pasándoselo a continuación por el clítoris.

Entonces pasó algo que dejó a Marcos aún más estupefacto que con todo lo que le había sucedido antes con aquella sorprendente mujer, pues su clítoris había aumentado monstruosamente su tamaño, hasta límites insospechados.

—Creo que más o menos de este tamaño era tu polla ¿Cierto? Ven, que vas a probar un poco de tu propia medicina —superado por tantas circunstancias extraordinarias juntas, Marcos fue puesto culo en pompa sobre la sólida y cara mesa de su salón, donde fue penetrado poco a poco por el antinatural clítoris gigante de su ama, que ahora se cimbreaba como un pene real, entrando poco a poco en el indefenso culo del nuevo sumiso, ensanchando dolorosamente el virginal ojete del sometido Dom.

—¿Duele, perro? —Dómina Marta embistió salvajemente el culo, introduciendo el colosal clítoris hasta la empuñadura en el interior del desvalido esclavo, al que destrozó hasta las entrañas —espero que mientras gritas por tu ahora desfigurado culo, recuerdes los gritos de tus sumisas mientras te las follabas —sentenció, mientras administraba una veintena de sangrantes latigazos en los muslos del violado perrito.

Una hora después, Marcos lamía con empeño los tacones de cuero de su Ama Marta, mientras esta, de pie y móvil en mano, sostenía una relajada conversación.

 —Sí, señora comisaria, descuide, creo que le ha quedado bastante claro como tiene que comportarse, si… No… creo que le dejaré con el micropene por una buena temporada… Sí, este tipo de Dom no aprende fácilmente, pero creo que un tiempo con la polla del tamaño de un bebé y sin poder follar, enmienda al más pintado…

Satisfecha por otro caso resuelto, la inspectora Marta Brown volvió a la comisaría de BDSM, dispuesta a escribir el informe que más tarde leería con satisfacción la Comisaria en Jefe, Lady Monique de Nemours.

 

Autor: Sissy Laurance.

 

 

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