LA MEJOR AMA DEL MUNDO | CONOCE A MI HERMANA (FINAL)

Por fin llegó el gran día.

Aquel lluvioso viernes sería cuando se conocerían las dos mujeres que más quería en el mundo, de distinta manera eso sí, mi hermana y mi Ama.

Yo estuve muy nervioso toda la semana, me daba mucha vergüenza contarle a mi hermana que tenía Ama, probablemente ella no entendería nada de aquello, ni sabría nada de BDSM, ni de Femdom, ni de nada parecido, y yo tampoco me atreví a preguntarle a mi Señora como afrontar el tema, y cómo decírselo a mi hermana, temí el enfado de mi Señora, y opté por no decir nada y dejar que los acontecimientos fluyeran por sí mismos.

Me puse mi collar de perro, estaba muy orgulloso de llevarlo, y siempre que teníamos visita en casa lo lucía con orgullo, hoy no iba a ser menos.

Por problemas de última hora en el trabajo,  mi Señora llegaría algo más tarde de lo previsto, por lo que cuando llegó mi hermana aún estaba yo sólo. Ambos nos pusimos al corriente sobre nuestras vidas y la verdad es que nos alegramos mucho de vernos, ella seguía viviendo sola después de su divorcio,  su hija vivía en Islandia desde que se casó con un islandés. Siempre nos habíamos llevado muy bien pese a las zurras que me había dado cuando era un niño, algo  habitual en aquella época, y mientras rememorábamos viejos recuerdos, oí como se abría la puerta.

El corazón me dio un vuelco, era mi Ama, y de alguna manera mi hermana se iba a enterar de aquello, creo que mis pulsaciones subieron hasta 180.

—Hola que tal, perdona por el retraso, soy Amparo, encantada.

—Hola, no te preocupes, yo soy Mari Carmen, mucho gusto.

—Siento el retraso, pero es que el trabajo este me está matando, vengo muerta, si me permites me cambio de calzado y cenamos.

—Claro, por supuesto, faltaría más —dijo mi hermana.

Dudé un segundo si ir a por las zapatillas de mi Ama como hacía todos los días cuando llegaba a casa, no sabía si querría ir ella misma a cambiarse, pero una mirada suya bastó para percatarme de su deseo, así que salí disparado a la habitación.

Aquella mirada me tenía preocupado , puede que mi Ama considerara aquella duda como una falta de respeto, y me lo hiciera saber allí mismo delante de mi hermana, buf no sabía cómo iba a reaccionar… llegué a donde estaban aquellas zapatillas rojas que le compré en la zapatería de mi barrio y entonces supe cuál era mi sitio en el mundo, y me daba igual lo que pensara mi hermana o el Papa de Roma, yo me debía a mi Ama, y así lo iba a demostrar el resto de la noche, en realidad el resto de mi vida.

Así pues cuando volví con las zapatillas en la mano, mi actitud era otra, estaban animadamente hablando sentadas en el sofá, y con todo el orgullo y la ceremonia del mundo me arrodillé ante mi Ama y le dije.

—Me permite mi Señora—. Y le descalcé los zapatos y le calcé aquellas comodísimas zapatillas que tanto y tan bien me habían azotado, se las calcé del todo ayudándome de mi dedo para metérselas por detrás, la verdad es que le quedaban como un guante.

—Dios, que gusto, que maravilla, pocas cosas hay que me gusten más que cambiarme unos zapatos por unas zapatillas jajaja.

—Pues sí jajaja, te lo doy la razón, los tacones es una tortura para nosotras.

—Oye, ¿Porque no le traes unas zapatillas a tu hermana? Estamos en familia.

—No, no hace falta…

—Que sí mujer, insisto, además no hay derecho que yo esté cómoda y tú no. Ve a por unas zapatillas a tu hermana anda.

Salí disparado para el armario donde guardaba mi Señora las zapatillas, y elegí unas zapatillas azul marino destalonadas por detrás, eso sí de una felpa muy abrigadita, y una suela de goma negra que yo había ya probado a menudo y me habían hecho aullar de dolor.

Cuando llegué al sofá, miré a mi Ama para  saber qué hacer, y Ella con un leve asentimiento de su cabeza me dio permiso para calzarla al igual que había hecho con Ella misma. Así que le quité los zapatos  y le coloqué aquellas zapatillas… Mi hermana miraba asombrada y cuando iba  decir algo, le dije.

—Mari Carmen, tengo algo que decirte, Amparo es algo más que mi pareja, es mi Ama, soy suyo, le pertenezco…

—Bueno bueno, vamos a cenar, tenemos toda la noche por delante para hablar, pero yo estoy muerta de hambre.

Así fue como mi Ama me ayudó a superar aquel trance para mí, cogió a mi hermana por el brazo y se la llevó al comedor donde ya me había ocupado yo de poner una mesa de lujo para los tres. Me encantó que se fueran ambas mujeres hablando y mirando  sus zapatillas y de lo cómodas que eran y lo a gusto que estaban.

Serví los aperitivos, abrí el vino y empezamos a hablar de banalidades, cuando serví el primer plato caliente que había cocinado y ya más animados por el vino dijo mi Señora.

—Bueno , espero que no te haya incomodado lo que te ha dicho tu hermano, ha sido un poco bruto, pero tú lo conoces mejor que yo jaja.

—No no, tranquila no me ha molestado, pero es verdad que me he quedado un poco así , no sé, no me lo esperaba, pero os veo tan bien, que estoy encantada, por mi perfecto.

—Pero tienes un hermano muy bruto, te lo ha soltado así de golpe, esta noche va a probar la zapatilla, a ver si aprende de una vez.

El tono de mi Ama era guasón por lo que los tres nos reímos, y antes de que dijéramos nada nosotros, Ella volvió a decir.

—Bueno tengo entendido, que tú también le zurraste la badana más de una vez, ¿verdad?

—Más de una vez y más de dos jaja, menudo pieza era éste.

—Uy me parece que nos vamos a diverti,r cuenta cuenta…

Entonces entre bromas y risas mi hermana le contó a mi Ama un montón de travesuras que había hecho de niño y de no tan niño, le contó zurras de las que ya ni me acordaba, cosas que me avergüenzan aún hoy en día, yo suplicaba medio en broma que no contara más, pero como podéis imaginar en aquella situación yo no tenía ninguna posibilidad, y me hicieron todo tipo de escarnio, aunque bien es cierto que con todo el cariño del mundo.

 Mi Ama y mi hermana parloteaban como si fueran amigas de toda la vida, no cabía duda de que habían congeniado, y aquello era para mí una bendición.

Yo estaba tan feliz, que bebía y servía vino sin mesura, primero blanco, después tinto, todos ellos buenos eso sí, (la vida es demasiado corta para beber vino malo) incluso me tuvo que reconvenir mi Ama y me amenazó de nuevo con una buena zurra si me pasaba, pero estábamos tan bien los tres, que a mí no me importaba lo más mínimo.

En un momento de pausa de las risas le dijo mi hermana a mi Ama.

—Sabes Amparo, me alegro muchísimo que sea el Ama o la Ama, no sé cómo decirlo…

—Dilo como quieras jaja. Dijo mi Señora.

Pues eso que me encanta que seas Ama de mi hermano, me pareces una mujer maravillosa, inteligente, y muy valiente, y admiro vuestra valentía, la tuya y la de mi hermano, y me encanta vuestra relación, aunque yo sea una novata  en esto y no entienda mucho, me encanta, veo cómo te mira mi hermano y tengo hasta un poco de envidia, a mí nunca me ha mirado un hombre de esa manera, te mira como amor, con devoción, se muere por tus huesos, os veo tan felices, que quiero brindar por vosotros.

Aquellas palabras  nos hicieron emocionarnos a los tres, brindamos con lágrimas en los ojos, y tras el brindis, mi Ama cogió a mi hermana de una mano y a mí de otra y dijo.

—Tú sí que eres una mujer maravillosa Mari Carmen, e inteligente, y valiente, no es fácil que alguien que no conozca este mundillo acepte tan bien como tú nuestra relación, con la naturalidad que tú la has aceptado, esta noche he ganado una amiga, os quiero.

Otro brindis, y más vino, tras aquello y animadas por tanto alcohol, a ambas mujeres le dio por hablar bien de mí , y eso sí que no iba a tolerarlo, así que les dije que de hablar bien de mí nada de nada, y mi hermana dijo.

—¿Pero cómo que no…? ¿me tengo que quitar la zapatilla?  Amparo me dejas que le diga 4 cosas a este mocoso con  la zapatilla?

Obviamente el tono era de burla y de cachondeo y lógicamente mi Ama le siguió el juego.

—Siiiiiiiiiiiiii, jajaja dale dale, ya sabemos que es el único lenguaje que entiende jajaja.

Entonces mi hermana se descalzó y me dio medio en broma tres o cuatro buenos zapatillazos alentada por mi Ama.

La cosa no pasó más, y llegaron los cafés, y mi Ama le dijo a mi hermana.

—Entonces… ¿qué sabías del BDSM antes de esta noche?

—Pues la verdad que poca cosa, los típicos estereotipos de látigos, mazmorras, cadenas, todo muy obvio, realmente no se mucho.

—¿Y qué piensas ahora?

—Pues la verdad es que sigo sin saber mucho, pero sí sé que sois personas inteligentes y que sois felices en esta relación, con eso me basta.

—Mira Mari Carmen, para mí la palabra clave es relación, y la nuestra es una relación muy especial, yo no sé cómo son las demás relaciones de Ama-sumiso, sólo sé que en la nuestra, tu hermano se entrega a mí incondicionalmente, y yo eso lo valoro enormemente, no sólo es que lo puedo castigar con azotes o de cualquier otra manera, también  sé que dormirá donde le ordene, conmigo en la cama, bajo mis pies en la alfombra, o en el suelo en la cocina, sé que lo hace por entrega y por amor a mí, y esa entrega incondicional es la que valoro cada día más, y es la que me tiene tan atada a él como él lo está a cada uno de mis zapatillazos, de mis latigazos, de mis correazos, de mis fustazos… y lo mejor de todo es la pasión con lo que lo vivimos ambos. Yo no soy superior a él ni esas chorradas que se suelen decir por ahí, yo soy su Ama, ni más ni menos…  y no somos nada el uno sin la otra, somos como el agua, uno es el oxígeno y otro el hidrógeno, si nos separamos no hay agua, habría otra cosa…no sé si captas lo que te digo.

—Absolutamente, y me encanta todo lo que dices.

—No tengo ni que decir que esto es sano, consensuado y seguro, sino fuera así sería delito al menos así lo veo yo, pero también es muy muy reglado, es como el futbol, tiene sus reglas, y hay que cumplirlas, para que sea divertido, y mira, una de las reglas que nosotros tenemos, es que los viernes toca castigo, tu hermano anota en su cuaderno de castigo si ha tenido algún error durante la semana y si es así lo castigo, y si no, pues según se me antoje, lo puedo castigar o no, para eso soy su Ama jaja, y ahora quiero que me contestes con total libertad, te lo pregunto como amiga, porque ya te considero mi amiga.

—Dime

—¿Te gustaría ver como castigo a este perrito?

—No me importaría.

—Esa es mi Mari Carmen!!!, y otra cosa, te gustaría ser tú la que  le de unos azotes a este malcriado.

—¿Con la zapatilla?

—Con la zapatilla o con lo que tú quieras.

—Bueno, tú eres su Ama, yo sólo soy su hermana, así que le daré una zurra con la zapatilla que ya estoy acostumbrada jajaja.

—Muy bien, me parece que tú también sería una buena Ama jajaja.

—No sé yo, aunque tener un buen sumiso me tienta no creas jajaja

—Venga vamos al salón, allí es donde tu hermano recibe los castigos.

Yo aunque estaba felicísimo por cómo se estaba desarrollando la noche estaba un poco nervioso, la perspectiva de volver a ser azotado por mi hermana después de tantos años, y encima delante de mi Ama, era algo que no sabía cómo afrontar, pero pronto mi Señora tomó las riendas.

—¿Por qué no le enseñas el collar a tu hermana? El collar que te hace mío.

Se lo enseñé y mientras mi Ama continúo hablando sentada en su sillón mientras mi hermana estaba en el sofá.

—Desnúdate de cintura para arriba que tu hermana pueda ver bien el collar, y dile porque debe pegarte.

—Pues debes pegarme porque he dudado una décima de segundo en ir a por las zapatillas de mi Ama cuando ha llegado esta noche a casa.

—Muy bien perrito, pero no creas que te castigará solo tu hermana, yo también me ocuparé de ti.

—Gracias Ama.

—Es curioso la compenetración que tenéis, yo no me había percatado de lo más mínimo.

—Pues sí, es la segunda vez que duda, y te aseguro que le voy a dar la paliza de su vida, y se va a quedar sólo en paliza porque eres su hermana y sé que eres muy especial para él, pero ya debe saber que conmigo no se juega, la obediencia y la entrega deben ser ciegas, y con él lo son, pero esas dudas… ay esas dudas… y lo salva que ha reaccionado muy bien, y me ha calzado como debe. Pero basta de charla, empieza a azotarlo, no hago que lo azotes desnudo porque sé que puede ser violento para ambos, además yo soy su Ama, y me gusta ser la única que lo azote desnudo.

—Venga ven aquí, que te voy a enseñar yo a que no dudes de tu Ama._ Dijo mi hermana sorprendiéndonos a todos.

—Mmm me gusta tu actitud Mari Carmen, ya te he dicho que creo que serías una buena Dómina, pero espera un segundo , que se me está ocurriendo algo. Perrito ve y cámbiate el pantalón vaquero, por una pijama fino, y no te pongas nada debajo, quiero que sientas bien los zapatillazos de tu hermana.

Así lo hice, aparecí en el salón con un finísimo pantalón de pijama, calcetines y nada de cintura para arriba, y mi hermana nada más verme, dio una patadita hacia delante y se sacó la zapatilla, la cogió y se dio con ella en el muslo. Ya sabía dónde quería que me pusiera, así que no lo dudé un segundo.

Como dije antes aquella zapatilla azul marino causaba estragos , mi Ama me había hecho aullar, pero mi hermana desde el principio me hizo ver todas las estrellas del firmamento. No me esperaba aquel entusiasmo en aquella zurra, no solo me azotó casi tan duro como mi Ama, sino que me sermoneó durante la paliza, y cuando ya llevaba un buen rato azotándome en silencio, y yo ya lloraba a moco tendido, empezó con una amenaza y acompasando las silabas con los zapatillazos me iba diciendo:

—Si/ vuel/ves/ a/ du/dar/ o/tra/ vez/ de/ tu/ Ama/, si/no/ te /ma/ta e/lla/ a /pa/los,/ se/ré/ yo/ la/ que/ te/ de/ un/ pa/li/zón/ que/no/ lo/ cue/zas/, y/ te/ a/se/gu/ro/ que/ has/ta/ que/ no/ te/ rom/pa/ la/ za/pa/ti/lla/ en /el /cu/lo/ no/ voy/ a/ pa/rar/, es/tá/ cla/ro?

—Cuando dio por concluida aquella monumental azotaina, me soltó, y yo caí de bruces sobre la alfombra, entonces vi de reojo como mi Ama se levantó y empezó a aplaudir, sólo entonces mi queridísima hermana dejó caer la zapatilla y se la calzó.

Fue una de las más severas zurras que he recibido en mi vida, y creo que una de las que más feliz me sentí, por todo lo que suponía.

Cuando mi Ama aún aplaudía mi hermana se levantó, y dijo.

—Me voy Amparo, creo que tienes cosas que hacer, y no quiero molestar.

—Quiero decirte que tú nunca molestas ni molestarás en esta casa, y también de diré otra cosa, tienes mi permiso para venir cuando quieras, y disciplinar a tu hermano si lo consideras oportuno, o hacer lo que te plazca, creo que este va a ser el inicio de una gran amistad.

—Yo también lo creo, y quiero agradecerte tu confianza en mí, y  que sepas que para mí eres un referente como mujer y como persona.

Ambas mujeres se fundieron en un largo y apretado abrazo que me pareció muy sensual, y que quizá en otras circunstancias hubiera llegado a más, además me encantó ver a ambas en zapatillas, para mí no podría nada mejorar aquella imagen.

—Ve a por los zapatos de tu hermana.

Es fue la escueta orden de mi Ama, así que cuando llegué con los zapatos, me arrodillé a descalzar a mi hermana como si hubiera sido mi hermana, y estuve tentado de besar aquellas zapatillas, con las que minutos antes me había castigado, pero me contuve, y le puse los zapatos.

Nos despedimos con grandes abrazos y besos los tres, prometiendo vernos pronto, me dí cuenta cuando abracé a mi hermana que tenía las tetas empitonadas, su excitación era evidente, el abrazo con mi Ama fue de nuevo largo y cálido, y acabó con un suspiro. Y por fin se fue.

—Esa mujer es una delicia.

—Así es mi Ama.

—¿Has estado tentado de besarle los pies ahora cuando le has quitado las zapatillas?

Tras dudar medio segundo la respuesta, dije:

—Si Ama.

—Ve a por la vara.
Autor: slipper

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