LA HUMILLACIÓN POR UN PENE PEQUEÑO ¿PUEDE SER SENSUAL?

Hola, desgraciado. Probablemente hayas llegado a mi rinconcito en Internet después de buscártela y no cencontrártela, ¿verdad?

A algunos hombres con polla pequeña les encanta sufrir una humillación que sea lo mayor posible, por ejemplo a la que pueden someterle un grupo de carcajeantes chavalas, después de vérsela. O también a la que puede someterles una Dómina profesional como soy yo, visto lo mucho que disfruto con las pichillas que caen en mis manos.

Y lo cierto es que un tema tan caliente de explorar como es la humillación de los penes pequeños es algo tan grande, que parece mentira que lo haya originado algo tan pequeño como es tu pichilla.

Claro que, para muchos hombres, este fetiche no va del que hagan jirones su ego con burlas inmisericordes… más bien va de esas sutiles insinuaciones acerca del tamaño que pueden escuchar, como por casualidad, a unas damas que charlan entre ellas, o va de que su amiga con derecho a roce les diga, dulcemente, que no dan la talla.

 

La humillación por el pene sí tiene un lado sensual

¡Y es que la humillación por un pene pequeño es un  fetiche tan divertido de explorar…! Hay algo, innegablemente sexy, en ese rubor que cubre tus mejillas y esa Mirada tímida que aparece en tus ojos cuando las mujeres te dicen lo que piensan de tu tamaño.

Cierto, algunos hombres necesitan de una humillación brutal, y obtienen un subidón del que les humillen sin piedad, enfrentándoles al hecho de que jamás lograrán complacer a una mujer, del ser llamados inservibles, desgraciados pichacortas… Pero, si a ti eso te parece demasiado brutal, respira tranquilo: ¡no pasa nada! A un cariñito como tú no tiene porque irle lo brutal.

El simplemente tener un pene pequeño no te convierte, automáticamente, en un perdedor: resulta que yo conozco a muchos hombres de picha pequeña que tienen unos corazones mucho más grandes que sus pollas, y a los que es muy divertido humillar juguetonamente. La verdad es que un montón de los hombres menos dotados son unos encantos, cuyas fantasías tienden a ser dulces, sexys y sensuales, en lugar de retorcidamente crueles.

 

 

Quizá con lo que tú fantasees es con esa tía buena que normalmente no te daría ni la hora, cazándote mientras te masturbas… y con que entonces, tentadoramente, te haga apartar la mano… ¡para poder ver lo muy pequeño que es tu instrumento!

O tal vez fantasees con que tu despampanante amiga íntima te convierte en su cormudo de picha pequeña, para al fin poder lograr así el placer que ella se merece… y luego volverte loco con la descripción de cada empellón que le dio el tío ese que te ha puesto los cuernos, con su herramienta descomunal.

Lo que sucede cuando tienes una pichilla es… que las mujeres lo saben. Es realmente difícil el negar la química que hay detrás de ello: el hecho es que, cuanto más pequeño es tu pito, más aguda tiende a ser tu voz… y que no puedes ocultar la mirada tímida que aparece en tus ojos cuando te acercas a una mujer, a pesar de que estés tratando de ocultar tus carencias tras una bonita corbata y un paso aparentemente confiado.

¡Te tenemos calado, chico tímido! Y tu rostro ruborizado te imposibilita el discutirlo. Pero mira, a las mujeres como yo nos encanta el seducir a los hombres como tú. Eres una dulzura y estás ansioso porque el toque de una mujer… eso lo sé muy bien. Y es por eso por lo que me vas a enseñar esa picha pequeña, y es por eso por lo que vas a tratar de convencerme de que vale la pena el ensayar una cabalgada sobre tus “casi trece centímetros”… mientras yo me río suavemente de ti y te aseguro que nunca, nunca se lo contaré a mis amigas…

 

Al final, todo es cuestión de poder

Como Dómina profesional con un repertorio bastante colorista puedo decir, con toda honestidad, que disfruto tanto manejando mi látigo y siendo un mal bicho sin piedad, como relajándome en mi lado sensual para tener una extravagante y juguetona escena de humillación (¡aunque nunca dejo de ser una Dómina, ojito!). ¿Por qué? Porque lo que más me excita de todo el el Poder (así, con mayúscula). No importa lo sensual o estricto que sea el escenario al que estemos jugando, no importa las palabras que sean dichas… lo que realmente me importa a es enterarme de lo que realmente te hace tilín a ti, y utilizarlo en mi ventaja. Lo que a realmente me hace tilín es el tener ese control. No hay nada como el tener a un hombre comiendo de tu mano.

Tú no vas a ser el hombre que me joda hasta dejarme lela, ni el hombre que me ayude a ablandar mi colchón nuevo, eso lo sabemos los dos. Pero lo que sí puedes ser es el hombre que aprenda a complacer a una mujer con lo que naturalmente le ha sido dado… y no, obviamente no estoy hablando de tu pichilla. Estoy hablando de tu debilidad, de tu necesidad de complacer, y de tu necesidad de ser deseado. Mi coño nunca va a anhelar lo que tú tienes entre las piernas, pero sí que me excitaré, de un modo increíble, al tentarte, humillarte y al hacerte pedirme más y más humillación, mientras que, para mi absoluto deleite, tu voz se vuelve cada vez más chillona y gimoteante.

Pero sí, seré suave contigo, y no solo porque necesitas que lo sea, sino porque cuanto más dulce sea contigo más posibilidades tengo de seducirte para que finalmente  te conviertas en mi perfecto juguetito de picha pequeña. Y no hay nada en ello de lo que tengas que estar atemorizado: que sepas que hay muchos placeres, deliciosamente humillantes, que explorar. Una Humilladora Sensual como yo sabe exactamente lo que tú y tu pichilla necesitáis y, bien pronto, también tú lo habrás descubierto.

Y ya no puedes seguir negándolo pues, si lo que digo no fuese verdad, ¿por qué otro motivo ibas a tener esa diminuta erección en este momento?

Mistress Marilyn.

Hallado en Internet, en la página Kink Advisor.

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