LA FIESTA

Era viernes noche cuando nada más regresar a casa sonó el teléfono. Pensé que era mi hermana que me había estado llamando todo el día y corrí a cogerlo. Al levantar el auricular dije: “¿Sí?”…

-Hola, perrita -mi corazón se aceleró al escuchar la voz. Era mi Ama Luz-. ¿Cómo está mi perrita?

-Bien, Ama -contesté casi tartamudeando por la emoción.

-Quiero que estés mañana por la mañana a las nueve en la puerta de mi casa, tenemos una fiesta el próximo fin de semana y tengo que ir de compras. Quiero que me acompañes, tenemos mucho que hacer, así que no llegues tarde.

Ir de compras con mi Ama a veces podía resultar una experiencia muy humillante pero excitante, siempre era una aventura, a mi Ama le gusta mostrar su dominio sobre mí en público, pero yo siempre imaginaba que cualquiera desearía estar en mi lugar, tener el honor de servir a Luz.

-¿Vamos a algún sitio especial, tengo que vestir elegante o informal, Ama?

-Déjame pensar… -hubo un pequeño intervalo de silencio-, bien, quiero que vayas de blanco, así que ponte la camisa transparente que te regalé y la minifalda a juego, también las sandalias de tacón alto blancas y coge ese bolso pequeño tan coqueto que tienes.

Sí, definitivamente iba a ser un día de compras muy interesante, la camisa que me regaló mi Ama era bastante transparente, así que mis pezones anillados serían fácilmente visibles y por otra parte, la minifalda no dejaba de ser un cinturón ancho que al ser de lycra tendría que estar bajándome constantemente, pues se subía enseguida al caminar dejando mi culo al aire. Además los tacones altos, y todo esto un sábado por la mañana, un día de compras muy habitual para todo el mundo, con lo que la concurrencia de público para mi exhibición estaba garantizada, al igual que la pinta de puta que yo llevaría.

-Para la fiesta del próximo fin de semana te traes tu uniforme de criada para servir adecuadamente a mis invitados. Pasarás la noche en casa, así que trae también ropa informal de calle y un bikini.

-¿Tiene alguna instrucción más para mí, mi Ama?

-Ya sabes que también has de llevar tu collar de esclava, por lo demás nada más, sólo que no llegues tarde.

Nos despedimos y colgamos. Ya me sentía excitada y entusiasmada con el fin de semana que se avecinaba. Sabía que iba a pasar mucha vergüenza, pero para mí era todo un honor ser vista junto a mi Ama por la calle, también sabía que iba a dormir poco esta noche.

Preparé la escasa ropa para mañana, guardando en un bolso de viaje ropa de calle y mi bikini escaso de tela, casi unas simples tirillas que cubrían lo mínimo, estampado en leopardo. Cené tan sólo un par de yogures, a mi Ama le gusta que su esclava esté delgadita y en forma, y a mí también, por eso mi dieta es muy equilibrada y hago mucho deporte.

Antes de acostarme me di un baño y depilé por entero mi cuerpo, aunque más bien sencillamente lo repasé un poco. Me acosté desnuda como siempre y no pude evitar acariciar mi cuerpo sensualmente, recordando cuando era una adolescente y en el instituto las compañeras se reían de mí porque tenía los pechos pequeños y con pezones muy sobresalientes. Mis pechos siguen siendo muy pequeños, mis pezones muy abultados y además atravesados por mis piercings, lo que los hacía muy atractivos para los hombres y especialmente para mi Ama. Pensando en ella mientras acariciaba mi cuerpo, caí dormida.

El sábado por la mañana me levanté temprano, desnuda fui a la cocina y tome un zumo de naranja y un poco de fruta. Antes de vestirme me miré en el espejo del baño, abrí mis piernas, alcé mis brazos y vi que el depilado estaba perfecto, me di la vuelta y admiré todo mi cuerpo, que no me pertenecía. Después me vestí y de nuevo volví al baño para maquillarme y peinarme, cuando terminé y me miré, efectivamente el resultado era el esperado, ante el espejo estaba una mujer que nadie dudaría que era una puta, una chica fácil que llevarse a la cama, pero mientras agradara a mi Ama, todo lo demás no importaba.

A las ocho y media cogí el coche y me dirigí a casa de Luz, tan sólo distaba unos veinte minutos, pero no quería arriesgarme a llegar tarde.

Llegué diez minutos antes de las nueve y cuando ella me abrió la puerta me dijo:

-Veo que eres madrugadora, perrita, será que tienes ganas de lucirte yendo de compras. Eres una putita exhibicionista. Venga, entra, te daré algún retoque más en tu maquillaje para que luzcas más como a ti te gusta.

La seguí por su casa hasta llegar a su habitación, llevando ella un holgado kimono rojo. Cuando entramos me ordenó sentarme ante el espejo de su peinadora. Me sentía muy nerviosa y excitada al mismo tiempo. Me puso más rimel y pintura de ojos, después un colorete más intenso y para rematar un color de labios rojo y brillante. Al mirarme al espejo la sensación de parecer más una puta aumentó al instante.

-Ahora estás mejor, venga levántate y ayúdame a vestirme.

Al levantarme me dio un sonoro azote en el culo con su mano, tanto el golpe como el sonido me sobresaltaron, sintiendo al momento un calorcillo muy agradable en mi trasero.

Dejó caer su kimono y me mostró toda la belleza de su perfecto y hermoso cuerpo desnudo. Me quedé mirando sus generosos y altivos pechos, las curvas de su cintura y sus rotundas caderas, su precioso culo y mis ojos se detuvieron en su entrepierna mirando mi más deseado tesoro: su hermoso coñito depilado.

-Venga, perrita, deja de babear y de mirarme mi rajita, que ya veo que estás bien caliente y ayúdame con mi ropa.

Sobre la cama había un conjunto de cuero negro, una falda a medio muslo y chaquetilla a juego, bajo la chaqueta una camisa blanca y para rematar el conjunto, unos zapatos negros de tacones altos con algo de plataforma. La ayudé a vestirse delicadamente, demorándome cuando me arrodillé para calzarle sus altos tacones. Me quedé como atontada allí de rodillas mirándola y sonriéndole como una boba, cuando un fuerte pellizco en un pezón me despertó. La miré y me sonreía. Luego cepillé cariñosamente su larga melena castaña, se maquilló un poco y nos dirigimos hacia la calle.

Fuimos hacia el coche, normalmente cuando salimos juntas yo soy quien conduce, pero en esta ocasión, cuando abrí la puerta del acompañante para que entrara, me dijo que conduciría ella. Me ordenó que me sentara en la parte de atrás y que pusiera mis manos a la espalda, sacó unas esposas y me las puso. Al acomodarme en el asiento con las manos esposadas me puso el cinturón de seguridad, abrió su bolso de nuevo y sacó un consolador que puso en mi boca.

-Espero que pongas atención y no se te caiga de la boca o tendré que sustituir el consolador por una polla de verdad.

Ni que decir tiene que el consolador no saldría de mi boca, ya que mi Ama es muy capaz de cumplir su amenaza. Yo casi que preferiría cerrar los ojos y no ver si alguien se fijaba en mí, pero me contuve de hacerlo ya que a ella no le gustaría ese gesto de cobardía por parte de su esclava. Condujo un ratito hasta que llegamos a una zona de tiendas y aparcó frente a una galería. Ella bajó del coche y me dijo que solamente iba a pedir cita en la peluquería para la semana próxima.

-Será sólo un minuto, vuelvo en seguida, no te muevas ni dejes caer el consolador de tu boca y si se para algún chico guapo, invítalo a subir y chúpale la polla hasta que se corra en tu boca.

Soltó una risita y se dio la vuelta. Yo estaba nerviosísima, no sabía qué hacer, podría ciertamente escupir el consolador y así nadie se fijaría en mí, pero seguramente mi Ama buscaría a cualquiera para que le chupara la polla, no sería la primera vez que lo hacía. Me encogí todo lo que pude en el asiento para hacerme lo más invisible posible.

Un pequeño grupito de chicas pasó junto al coche y señalando hacia mí se rieron al unísono, pero al menos pasaron de largo. Un par de chicos pasaron al lado y se pararon a mirarme, se rieron y se acercaron a la ventanilla observándome atentamente. “Parece que la puta no puede estar sin una polla en la boca”, dijeron entre risas, me sentía tan humillada en ese momento… Justo apareció mi Ama y se rió cuando entró en el coche.

-Vaya, veo que tienes compañía, pero no has invitado a ningún chico a subir, veo que no sabes cumplir una orden, pagarás tu desobediencia, esclava.

No sabía si realmente estaba enfadada conmigo o simplemente estaba jugando. Al menos yo esperaba que tuviera paciencia en llegar a casa para cumplir su amenaza de castigarme, ya en una ocasión me hizo levanta01-1rme la falda y me azotó en una tienda y fue una experiencia muy humillante.

Después nos dirigimos al supermercado, al bajar del coche, me quitó el consolador de la boca y las esposas para que la acompañara. Entramos en el centro comercial, yo siempre un par de pasos detrás de ella. Todas las miradas se dirigieron a Luz, tan hermosa, tan escultural, tan sexy…

Los hombres la miraban con deseo, las mujeres con cierta envidia. Después esas miradas se dirigieron a mí, sentía los ojos de los desconocidos explorando mi cuerpo por cada centímetro de mi piel. Yo caminaba con pequeños pasitos, tirando de la escasa tela de mi falda hacia abajo a cada momento.

Sentía las anillas de mis pezones moverse, sabiéndolos claramente visibles a través de la blanca y transparente tela, el frescor del aire acondicionado refrescaba mi ardiente entrepierna, que estaba segura goteaba mi excitación y mi culo, prácticamente expuesto a todos, se contoneaba con la gracia que le daban mis pasitos. Ella miró alrededor y después a mí, y noté su mirada brillar de disfrute al ver cómo su esclava llamaba tanto la atención exhibiendo su cuerpo.

Me ordenó coger un carro de la compra e ir tras ella y recorrimos todos los pasillos lentamente. Durante todo ese tiempo tuve que soportar muchos comentarios de los hombres que pasaban a mi lado. Cuando pasamos por la caja, mi Ama decidió que era hora de comer algo.

Fuimos a uno de los muchos restaurantes del centro comercial. Me ordenó permanecer de pie junto a la mesa mientras ella se sentaba cómodamente. Hizo su pedido, después fruta y agua para mí. Tuve que comer de pie prácticamente en el centro del local con todas las miradas puestas en mí.

Algunas chicas de una mesa cercana no pudieron evitar lanzar algunas risitas y comentarios obscenos que llegaron a mis oídos a pesar de decirlos en voz baja. Estaba deseando que terminara la comida, pues un día que yo paré a comer algo en ese mismo restaurante me encontré con mi jefe, no quería ni pensar en que ocurriera lo mismo y en qué pensaría de mí vestida de esa forma, yo que soy tan educada y formal en el trabajo al que siempre voy de traje de chaqueta.

Terminamos y paseamos por el centro comercial un rato más. Nos dirigimos al aparcamiento y cogimos el coche. Pensé que íbamos a su casa pero vi que tomó otra dirección y le pregunté dónde íbamos.

-Hay otra cosita que hacer antes de ir a casa.

Nos dirigimos al centro y paró frente a un estudio de tatuaje.

-Bien, siempre me has dicho que te gustaría tener un tatuaje, pero que siempre te ha dado miedo, así que yo me he decidido por ti, es tu día de suerte, cielo.

Siempre había hablado de hacerme un tatuaje, algo femenino en mi culo, algo que mostrara mi condición de esclava, pero mi terror por las agujas, a pesar de tener perforados los pezones, me había impedido decidirme, ahora parecía que ya no tenía opción. Entramos en el estudio, una chica con los brazos totalmente tatuados nos saludó. Parecía que mi Ama la conocía porque se saludaron muy amigablemente.

Me la presentó como Diana, y me comentó que la llamara también Ama, además de decirme que no tenía que preocuparme por nada, que era una excelente tatuadora. Imaginar que aquella joven belleza tatuada iba a usar el aparato con las agujas sobre mi piel me quitó todo mi miedo.

Diana le mostró a mi Ama el libro con los dibujos a elegir, estuvo un buen rato, mirando varios libros con ilustraciones, hasta que al fin dijo: “Este”. Yo no tenía ni idea de qué había escogido. Mi Ama me ordenó que me desnudara y me tumbara sobre una camilla en un cubículo. Me dio algo de reparo pues no entendía porqué tenía que desnudarme por completo, la chica del estudio alabó mis pequeños pero perfectos pechos perforados.

Diana me echó un líquido frío tras mi hombro derecho. Aquello me sorprendió y le comenté a mi Ama que preferiría que fuera en el culo, pero ella me dijo que lo prefería ahí, que así podría verlo más fácilmente. Me eché a temblar, ahí me lo podría ver cualquiera si iba con una camiseta de tirantas o en la playa. Al menos le pregunté si podría ver qué dibujo era, pero ella me dijo que sería una sorpresa y que podría verlo cuando llegara el momento de la fiesta.

Diana comenzó a trabajar, al principio era sumamente doloroso, pero al rato parece que me fui acostumbrando, es más, creo que me excitó, ya que sentía la suave mano de Diana limpiando mi piel por donde habían pasado las agujas y ese roce me aliviaba mucho. El proceso tomó como más de una hora y cuando Diana terminó, Luz aprobó el trabajo con mucha alegría.

-Cuando tú lo veas también te va a encantar, perrita.

No sé porqué, pero no pensaba igual.

Nos dirigimos a casa de mi Ama Luz, no dejando de recordarme lo bonito que era mi nuevo tatuaje y lo mucho que me iba a gustar. De momento no estaba visible, pues una venda de gasa lo cubría para proteger las cicatrices. También me dijo que si intentaba mirármelo podría arrepentirme. Yo no dudaba de su palabra.

Cuando llegamos a casa, Teo, el marido y esclavo de Luz, ya estaba allí con la cena lista, había preparado una ensalada de pollo que tenía una pinta de lo más exquisita. Después de cenar lo ayudé a limpiar todo y luego Luz nos ordenó ir a prepararnos. Teo fue a una de las habitaciones para cambiarse y yo fui a otra. Me di una ducha rápida y tras asearme tuve que hacer verdaderos esfuerzos para no mirar mi tatuaje.

Me puse un liguero rojo y unas medias a juego y nada más de ropa interior. Luego me puse unas botitas rojas de cordones de media caña con unos tacones altos y afilados y una chaquetilla corta de PVC de color negro que me llegaba por encima de la cintura y nada más de ropa. Dejé sin abrochar la chaquetilla con lo que al más mínimo movimiento eran visibles mis pezones anillados y, sin falda por abajo, tan sólo las medias con liguero, mi coño depilado y mi culo estaban completamente expuestos. Me maquillé y luego me miré al espejo para comprobar que todo estaba como a mi Ama le gusta.

Cuando bajé al salón, Teo ya estaba allí completamente desnudo, tan sólo con unas muñequeras y unas tobilleras puestas. También había llegado Ama Rocío y su esclavo, aún vestido de calle. Cuando hice mi entrada todos hicieron exclamaciones alabando mi cuerpo y cómo iba vestida. Bajé mi cabeza, abrí mis piernas y puse mis manos a mi espalda, con lo que la chaquetilla se abrió un poco y mis pezones quedaron visibles.

-Tu esclava está realmente preciosa, mi querida Luz -dijo Rocío-, podríamos sacarla esta noche y que nos haga ganar un buen dinero haciendo de puta, sería todo un éxito. ¿Qué opinas, esclava?

Yo tenía que estar de acuerdo, es más siempre había sido una de mis fantasías, ser empleada como una puta en la calle y ser usada por el primero que me ofreciera dinero, aunque temblaba de sólo pensar que pudiera realizarse.

-Yo estoy a sus órdenes, Ama, pueden hacer de mí lo que deseen.

Luz sonrió ampliamente ante la aprobación de su amiga a mi respuesta.

-Sería una excelente puta y sé que estaría encantada con ese trabajo. Imagina por ejemplo en un mes cuántas pollas podría llegar a chupar, con lo que le gusta… y cuánto podría ganar para mí…

-Sí, sería interesante -respondió Rocío riendo-, aunque aquí sólo tenemos dos pollas para que se vaya entrenando, aunque siempre podríamos buscar más hombres para que aprendiera el oficio.

-Sería genial -respondió Luz-, pero tengo otros planes para mi esclava y de momento estará satisfecha disponiendo de dos pollas, ya tendrá más cosas que hacer durante la fiesta.

No tenía ni idea de qué quería decir, pero imaginé que iba a estar muy ocupada durante la fiesta de la próxima semana que organizaba mi Ama. También comentó que tenía interesantes planes para Teo.

-Bueno, podríamos empezar el entrenamiento ahora. Esclava, arrodíllate ante el esclavo de Ama Rocío.

Obedecí al instante y me arrodillé ante el esclavo. Su Ama abrió sus pantalones y sacó una polla de considerables dimensiones que casi me dio en la cara. Me excité y a la vez me preocupé nada más ver el tamaño del miembro. Yo tengo una boca generosa, pero no sabía si me cabría entera aquella enormidad. Comencé besando el glande por todas partes, con lentitud y con cariño, como me había instruido mi Ama.

Después me lo introduje en la boca y comencé a chuparlo. Me lo metí todo lo que pude en el interior de mi garganta y luego miré dónde había dejado la marca de mis labios rojos, aún me quedaba una tercera parte de polla para metérmela entera. Comencé a bombear con fuerza y el esclavo pronto comenzó a emitir gemidos. Sus huevos golpeaban en mi barbilla con cada vaivén.

Su Ama le prohibió correrse hasta que no se lo ordenaran. Las dos Amas se sentaron en el sofá mientras mandaban a Teo traer unas bebidas para ellas. Las dos charlaron animadamente de otros temas mientras yo continuaba chupando la dura polla del esclavo como si yo no estuviera allí.

02Pasó más de un cuarto de hora sin que nos echaran cuenta. La mandíbula me dolía, pero no dejaba de chupar con el ánimo con que siempre lo hacía. Al rato pareció que al fin reparaban en nosotros, y Rocío ordenó a su esclavo que se corriera. He de reconocer que el hombre tenía muy buen aguante, pues me esmeré mucho y pocos duran tanto.

Al instante, un caliente chorro de esperma chocó contra mi garganta y comenzó a correr por la comisura de mis labios, que estaban todo untados de rojo carmín que se mezclaba con la generosa cantidad de semen que no dejaba de salir del enorme miembro.

El hombre dejó de expulsar el caliente líquido y yo me esmeré en chupar con fuerza para vaciarlo bien y dejarlo bien limpio, como me habían enseñado. Cuando me separé de la polla, el esperma corría por mi barbilla y caía sobre mi pecho, pero me encontraba en el séptimo cielo después de realizar mi trabajo de esclava como se esperaba de mí.

-Puedes continuar con tu trabajo con la polla de Teo, esclava -me dijo mi Ama.

Miré a mi compañero, que la tenía bien dura y rezumando líquido preseminal por su glande.

Me acerqué a él de rodillas y pasé mi lengua por el glande, recogiendo el líquido antes de que cayera al suelo.

Cuando me metí su polla en la boca, sentí que alguien estaba tras de mí. Rocío había cogido la correa de los pantalones de su esclavo, que ya se había desnudado por completo y estaba poniéndose también muñequeras y tobilleras. Ama Rocío me miraba con un ojos brillantes que no presagiaban nada bueno para mí. Poco tardé en sentir la picazón de un azote sobre mi culo. Para compensar el dolor comencé a chupar la polla del esclavo con más energía. De nuevo sentí la correa, su dolor y su calor, y después otra vez y otra…

El dolor se fue extendiendo por mi trasero a la vez que sentía que mi coño estaba más mojado. Aceleré el ritmo de mi mamada al mismo tiempo que aumentaba el ritmo de los azotes. Imaginaba que la imagen de verme chupar la polla de un esclavo, vestida provocativa, prácticamente desnuda, mientras una preciosa Ama azotaba mi trasero con una correa sería de lo más excitante y hermosa para mi Ama.

Luz dio permiso para correrse a Teo y éste no se hizo esperar y un nuevo y abundante chorro de semen inundó mi garganta mientras Rocío incrementaba el ritmo de los azotes y la fuerza con que me los daba. Casi se podían oir mis gritos de dolor a través de mi boca llena de polla. Cuando Rocío paró, yo quedé rendida de rodillas, con mi cabeza baja y con la polla del esclavo menguando ante mi rostro. Mi Ama aplaudió alegremente el espectáculo que se le acababa de ofrecer.

El culo me ardía y lo imaginaba completamente marcado por líneas rojas e incluso moradas, pero la alegría de mi Ama compensaba cualquier dolor o humillación.

Me ordenó limpiar las gotas de semen que había por el suelo y así lo hice.03

En esa postura a cuatro patas, mi culo y mi coño quedaban completamente expuestos y aquello me valió más exclamaciones de aprobación por parte de todos.

Después quedé de rodillas a la espera de nuevas órdenes. Ladeé un poco mi cabeza, curiosa, para mirar las marcas de mi culo y el espectáculo era soberbio, pues grandes marcas rojas y cardenales recién hechos llenaban todo mi trasero.

El dolor era aún intenso, aunque ya iba menguando poco a poco para ser sustituido por un ardiente calor.

Los dos esclavos se encontraban con sus manos atrás y sus pollas descansando tras haberlas aliviado, también ambos a la espera.

Rocío pidió permiso a mi Ama para ordenarme una prueba de sumisión, mi Ama aceptó encantada.

-Bien, esclava, quiero que salgas a la calle tal y como estás, cojas el coche y te des una vuelta, pero… queremos una prueba de lo puta que eres, así que trae tu cara manchada de semen del primer hombre que veas.

No me dijo nada más. Me quedé temblorosa, sin saber qué decir o hacer, la orden era clara, y como yo debía hacer, dejé mi mente en blanco y me levanté para salir a la calle.

-Pero espera, esclava, no vayas a salir con la cara como la tienes, que tienes pintalabios y semen por todas partes. Arregla ese estropicio rápidamente y haz lo que se te ha ordenado -me dijo mi Ama.

Sin pensar así lo hice, fui al dormitorio, limpié mi rostro y volví a maquillarme. Me miré al espejo y de nuevo tuve que hacer esfuerzos para no pensar, pues iba a salir casi completamente desnuda.

Bajé las escaleras, me dirigí al salón y le dije a mi Ama:

-Ama, le pido permiso para salir a la calle, coger el coche y chuparle la polla a un desconocido para que se corra en mi cara como me ha ordenado Ama Rocío.

-Puedes hacerlo, esclava, ya sabes dónde están las llaves del coche, te quiero aquí dentro de treinta minutos como máximo.

Fui a la entrada y como de costumbre, las llaves estaban sobre el mueble en una bandeja. Las cogí y abrí la puerta de la calle. A unos metros estaba el coche de mi Ama y de nuevo, casi sin pensar ni mirar a los lados, dejé la protección de la entrada de la casa y me dirigí al coche.

Una vez sentada en el interior, miré alrededor y no vi a nadie por la calle, aunque tampoco era una hora intempestiva, pero en esa zona residencial no hay nada que haga estar a la gente en la calle a no ser que salieran a pasear al perro. Arranqué y salí de la urbanización. Al momento ya había gente por la calle.

No sabía dónde ir ni cómo hacerlo, pero al ver una parada de autobús vacía, me dio la idea de buscar una parada donde hubiera algún hombre solo, aunque no sabía muy bien cómo decirle lo que quería, improvisaría sin pensar demasiado, ya que tenía un límite de tiempo y no quería excederme ni un sólo minuto.

Después de recorrer un par de manzanas y ver una parada llena de gente encontré lo que buscaba. Había un hombre de pie bajo la tenue luz de la parada del bus vistiendo un uniforme de una empresa de comidas rápidas. Me paré a escasos dos metros de él y me miró curioso.

-Por favor, ¿puede ayudarme? -fue lo primero que se me ocurrió.

El hombre se acercó a la ventanilla y me miró abriendo mucho sus ojos al comprobar mi vestimenta o más bien la escasez de la misma.

-¿Le gustaría que le chupara la polla? -me sorprendí a mí misma con aquellas palabras.

Poco más o menos me dijo que no tenía dinero y no le interesaba, entonces le dije que no hacía falta dinero, que lo hacía porque me gustaba y deseaba darle placer a un hombre y que él me había gustado nada más verlo. Mientras hablaba con él, abrí mis piernas y la chaquetilla y pudo ver claramente mis tetitas y mi entrepierna depilada.

04Parece que mis palabras y la contemplación de mis encantos lo convencieron del todo, así que puse el coche al amparo de una esquina, abrí mi puerta y el hombre se puso de pie a mi lado. Me acuclillé ante el desconocido, le bajé la cremallera del pantalón y saqué su polla que ya estaba dura como una piedra.

Escupí en la punta de su miembro y me lo metí en la boca. El hombre comenzó a sobarme las tetas, pellizcando mis pezones anillados y agachándose alargando su mano hasta mi entrepierna, me metió un par de dedos en mi interior. Hasta a mí me sorprendió la facilidad con la que me introdujo sus dedos por lo húmeda que estaba.

Parece ser que todo aquello me excitaba y mucho. Puse en juego toda mi maestría y pronto surtió efecto, porque el hombre se tensó y apretó con fuerza mis pechos. En ese momento me la saqué de la boca y masturbándolo con fuerza, dejé que un potente chorro de esperma cayera sobre mi cara.

La corrida del desconocido fue muy abundante y mi cara quedó completamente embadurnada de su semen, que me caía por todas partes. Nada más terminar de manar el caliente y espeso líquido, me metí la polla en la boca y lo dejé seco, chupando con fuerza y limpiando todo su miembro con esmero.

Luego, yo misma se la introduje en el pantalón, le cerré la cremallera y le di las gracias alegremente. Me alcé y me metí en el coche, cerré la puerta, arranqué y dejando al desconocido allí de pie, incrédulo, me dirigí a casa de mi Ama. El hombre tenía una increíble historia que contar a los amigos.

Por el camino sonreía por haber cumplido a la perfección una orden, como siempre intento hacer. Me miré al espejo y vi mi cara completamente embardurnada de semen y mis pechos y la chaquetilla también manchadas. Al aparcar junto a la puerta de entrada, miré a ambos lados de la calle y salí corriendo del coche. Me planté en la puerta de la casa y llamé.

No sé cuánto tiempo pasó, pero fue un rato larguísimo bajo la potente luz del porche mostrando claramente mi cuerpo casi desnudo. No dejaba de mirar a todas partes por si unos ojos indiscretos estaban disfrutando de mi desnudez. El sonido de unos tacones al otro lado de la puerta me anunció que mi humillación desnuda ante la puerta estaba a punto de terminar. Mi Ama abrió y sonrió ampliamente al ver mi cara toda manchada de esperma.

-¿No habrás ido a buscar un amigo de esos que te follan para cumplir la orden?

-No, Ama, fue con un desconocido que encontré en una parada de autobús.

-Muy bien hecho, pasa. Si llegas a buscar un amigo para esta orden, posiblemente te hubiera hecho volver a salir y en esta ocasión hubieran sido tres hombres a los que hubieras tenido que chuparle la polla, además de ganarte un castigo muy severo, perrita.

Cuando pasé, Rocío estaba sentada en un sillón con los dos esclavos chupándole los pies.

-Vaya, la putita ha cumplido.

-Mi esclava siempre cumple, no hay otra como ella -dijo orgullosa Luz.

-Da asco verla con tanto churrete por la cara. Esclavos, limpiadle la cara a esa puta con vuestras lenguas -dijo Rocío.

La orden fue clara y los dos esclavos se levantaron al unísono y se acercaron hacia mí. Sin pensarlo comenzaron a pasar sus lenguas por todo mi rostro limpiando y tragando el casi reseco líquido que embadurnaba toda mi cara. Cuando pareció que su misión estaba perfectamente cumplida, Ama Rocío les dio la orden de dejarlo.

Mi cara brillaba por la saliva de los esclavos, que no sólo se llevaron el esperma, sino todo mi maquillaje.

-Muy bien, esclava -dijo mi Ama-. Ahora la perra tiene que descansar y dormir mientras nos ocupamos de estos dos perros. Acompáñanos antes, esclava.

Nos dirigimos al sótano de la casa donde había habilitada una mazmorra completísima. A Teo lo ataron a una cruz y al esclavo de Rocío lo tumbaron sobre un potro y engancharon sus muñequeras y tobilleras al aparato. Después ambas cogieron de una estantería unos trozos de cuerdas, unas pinzas pequeñas y un par de pinzas con pesas. Cada una con su esclavo, ataron la cuerda alrededor de sus genitales, quedando las pollas y los huevos bien atrapados e hinchándose por momentos, luego las pinzas pequeñas quedaron mordiendo los pezones de los esclavos y después las pinzas con pesas pinzaron los testículos de ambos.

Las dos Amas se quedaron mirando a sus respectivos esclavos mientras yo permanecía junto a la puerta con mis manos a la espalda y mis piernas abiertas esperando una orden. Tras un azote de aprobación sobre los culos de los esclavos, se dirigieron a mí.

-Ahora, esclava, síguenos.

Ambas subieron las escaleras del sótano delante de mí, con lo que pude disfrutar de la vista de los dos hermosos traseros contoneándose delante de mí bajo las apretadas faldas de cuero. Cuando llegamos al salón me ordenaron desnudarme completamente. Mi Ama enganchó una cadena a mi collar, sacó un plug anal y me hizo ponerme inclinada ofreciendo mi culo. Me introdujo el aparato hasta el fondo y luego, tirando de la cadena, me condujeron hasta la puerta. Me sacaron a la calle completamente desnuda y se dirigieron a una pequeña caseta de perro que mi Ama tiene en su jardín, aunque perro no tenía.

-Métete dentro, esclava.

Me introduje como pude dentro de la caseta, que era muy estrecha, luego engancharon mi cadena a una argolla que había en el suelo y cogieron un bol vacío que había a un lado. Mi Ama se levantó la falda y echó a un lado sus bragas. Se agachó y al momento, un potente chorro de caliente orina surgió de su entrepierna, yendo a caer justo en el bol.05

Cuando terminó de manar orina, me ordenó salir de la caseta y limpiarle el coño, lo que hice con la máxima presteza y delicadeza. Siempre era un premio poder saborear el divino tesoro de mi Ama.

Después, entre risas, Rocío hizo lo mismo, orinando en el bol, que casi se llenó por completo y luego volviendo yo a limpiar la entrepierna de la amiga de mi Ama.

-Vuelve a meterte en la caseta. El contenido del bol lo quiero vacío por la mañana y no vale que lo viertas en ningún sitio, confío en ti, quiero que te lo bebas durante la noche. Cuando amanezca, calcula bien la hora y a las ocho desengancha tu cadena, entra, dúchate y prepara el desayuno para nosotras. Los perros dormirán en la mazmorra atados a la cruz y al potro toda la noche. A las nueve quiero que vengas a mi dormitorio y me despiertes suavemente. Ah, si la perra tiene ganas de orinar, tienes mi permiso, pero lo haces en el bol e igualmente lo quiero vacío por la mañana, así que tú verás. La cola de perra que tienes metida en el culo debe continuar ahí hasta nueva orden. Ahora te quedas aquí e intenta guardar la casa de intrusos, perrita -dijo mi Ama.

Riéndose ambas y cogidas del brazo se encaminaron al interior de la casa dispuestas a dar un castigo ejemplar a los dos esclavos.

Al ratito podía oir en la lejanía el sonido tenue de latigazos, que medio escapaban por una pequeña ventanita del sótano que estaba cerca de mi caseta de perrita, parecía que iba a ser una noche muy dura para los dos.

Además después del duro castigo que recibirían se tendrían que quedar ahí atados toda la noche. Intenté encogerme todo lo que pude dentro de la caseta, en la que entraba por completo por los pelos. Pensé que si alguien se fijaba bien sería fácil verme desnuda allí metida.

Di unos tragos a la orina de mi bol, que aún estaba algo caliente y encogida intenté dormir en mi estrecho cubículo, sería difícil, ¿pero qué hay sencillo para una simple esclava en su vida de entrega y servicio a su divina Ama?

Relato: José Luis Carranco

Ilustraciones: Morilla

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One thought on “LA FIESTA”

  1. cristal50 dice:

    hay gente que tiene suerte de tener un ama. Queee envidia sana me dan es@s esclavos

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