¿LA FELACIÓN COMO ARMA DE DOMINACIÓN?

Asombroso, ¿no? Lo iréis comprendiendo mejor a medida que vayan leyendo este artículo. Del deseo puede llegar la frustración, y de la frustración puede llegar la sumisión, en la espera cruel de lo que viene sin realmente venir… Cada una de vosotras puede hallar su camino en este campo, pues no hay una vía única. Y yo os voy a presentar tres de ellas… las tres que yo he practicado.

Voy a empezar por un primer caso demostrativo; la “multi felación interrumpida” ¿Que en qué consiste esto? Es muy simple, realmente muy simple: empezar una felación, solamente durante unos segundos, y acabar enseguida con ella. Esperar un poco, y volver a empezar. Claro que antes hay preliminares: Para empezar hay que lavar el pito, sobre todo si se lo habéis tenido previamente encerrado en su jaula de castidad. Y las que son como yo bien lo saben: un pito sucio no es muy apetitoso… Así pues, yo procedo así: le abro la jaula, se lo lavo con agua fría y mucho jabón… ¡y se lo vuelvo a encerrar! Hay que dejarlo reposar, como la masa del pan (sólo que aquí no hay que esperar a que se hinche). A continuación, hay que inmovilizar a la “víctima”, o la “presa”, llamadlo como más os guste… Debe estar en posición de soportar sin poder actuar, reaccionar. Y lo ideal es aprovecharse de un momento de debilidad. Me explicaré ilustrando mi caso personal: mi marido ya no es tan joven, no tampoco es ya tan… valeroso. Y cuando al caer la noche bebe un poco digamos que no lo aguanta muy bien… Así que, cuando se va a acostar, me llega el momento ideal para inmovilizarlo y pasar a la acción… Claro que para él, que lleva semanas de espera, es justo el peor momento. Y, una cosa más y muy importante a tener en cuenta: hay que ir con mucho cuidado en el primer momento. Si lleva tiempo sin correrse, pues ser muy “frágil”: eyacular casi al instante, sin erección previa, por exceso de sensibilidad. Lo que, en tal caso, le quita todo el interés a lo que sigue. Por tanto, he adquirido la costumbre de aguardar uno o dos minutos, sin tocarlo, antes de empezar con mi pequeño suplicio.

Lo descapullo, bajándole bien el prepucio; en general su polla está “medio blanda”… y me la meto en la boca. ¡Sí! A conciencia y dándole el máximo de calor húmedo del que soy capaz. Pero, a los 10 segundos, me retiro, y con la mano le vuelvo a colocar el prepucio en posición y le aprieto con fuerza el pito, como para ahogárselo. Y cuando soy especialmente perversa antes de hacerlo meto la mano en el agua fría de la pica del baño antes de agarrárselo, para acentuar el efecto “matapollas”. Y, cuando veo que se ha reducido del todo, vuelvo a empezar… y vuelvo a empezar… y otra vez… A veces no se lo aprieto, lo dejo colgar sin más. Pero el principio básico sigue siendo el mismo: hacerle catar la delicia de la felación, para interrumpirla casi de inmediato. Y me ha sucedido que he hecho durar tanto el suplicio, que ha llegado a suplicarme que no me meta más su polla en la boca… una maravilla, ¿no?

Y también puede suceder que, para que haya más contraste y saboree mejor la situación, la complique un tanto, suspendiéndolo con cuerdas de una puerta, o, lo que aun es mucho mejor, taponándole el ano con un tapón hinchable. Y, cada vez que vuelvo a meterme su sexo en la boca, aprieto un poco la pera de hinchado, hasta que el tapón llega a serle realmente insoportable. Pero eso es refinar el proceso, ¿verdad?  

Pasemos a la segunda técnica: el alejamiento progresivo. Que empieza del mismo modo, pero en la que no me lo meto enseguida en la boca. Se lo meneo, pero apenas, con dos dedos y con apenas la punta de los mismos, cerrando el prepucio cada vez que mis dedos suben y, eso, muy lentamente. Pero que muy lentamente. Y mantengo la cara muy cerca de su pito, como si estuviera observando atentamente lo que está sucediendo. Con la boca muy cerca y, mejor entreabierta.También podría irme pasando la lengua por los labios… pero creo que es mejor mantener un aire sobrio. A continuación me lo meto de tanto en cuanto, muy brevemente, y al principio englobándolo con la boca, pero con la lengua hacia atrás. Después paso a la fase de las auténticas mini felaciones, y es ese el momento en que estará más cerca de un posible placer, antes de verlo alejarse lentamente… De modo progresivo se lo hago menos y menos, alargo el tiempo entre metida y metida en boca, continúo con los dedos lentos, demasiado lentos, y me detengo más y más. Y, como me conoce, ve que la posibilidad se aleja. Puede que ese sea el momento más importante: él espera que la oportunidad vuelva, pero la ve alejarse de un modo lento pero inexorable… Y le digo que es una pena que no se haya aprovechado de la ocasión. Y, si en ese instante, le dijese que voy a tener que volver a enjaulárselo, sería capaz de correrse, por lo que le excita el temor a ser enjaulado. Así que voy con mucho cuidado: sé que él lo sabe, pero no se lo digo, y lo dejo con gran suavidad. Y utilizo el agua muy fría para acabar de hundirle su oportunidad de gozar. A veces lloriquea. Y cuando tiene el pito chiquitín y muy frío, justo antes de su fatal encierro, abro una última vez mi boca y me lo meto cálidamente en ella tan solo un par de segundos. Es el adiós…

Tercera posibilidad: la pomada insensibilizadora. No siempre es fácil de obtener: se compra en farmacia y con receta, pero se usa también para la depilación y el tatuaje. O pueden decir que es para quitarse una espina clavada o cortar una uña encarnada… usen su imaginación. Se libera de su jaula al pajarito, se lava y a continuación se le unta, cuidadosa y totalmente, con la pomada. ¡Pero pónganse un guante de látex o la mano les quedará insensibilizada! Traten de llegar a todas partes y luego han de esperar un cuarto de hora mientras hace efecto. Cuando lo haga, él ya no sentirá nada y entonces le pueden hacer una maravillosa felación sin sensación. Pero, ¡ojo!: si es muy cerebral y visual podría llegar a disfrutar con el tratamiento… así que no os confiéis. Pero, en principio, es una ocasión para que vosotras lo paséis bien y él mal. Pero os advierto que es posible que tengáis una pequeña sensación de insensibilización en la boca, aunque eso pasa rápidamente… es el precio a pagar por aprovecharos del momento en el que él no siente nada.

Así que ya veis: la felación puede ser una dulce pero cruel tortura, y un arma de Dominación. Desde el momento en que lo controlamos, eso que le place tanto se convierte en una potencial arma Femdom.

                                              

Marie Séverine

Encontrado en el blog JeDomineMonMari.com

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