HORA DE PELÍCULAS

El documental estaba siendo tan aburrido que me estaba quedando dormido en el sofá. Le digo a mi sumisa:

 

-¿Te apetece ver una película?

 

-¡Sii!

 

Mi sumisa se acerca, contoneando alegremente su cuerpo, haciendo sonar el cascabel de su collar de perrita, que es lo único que le dejo llevar puesto. El movimiento de sus tetas y su culo me excita enormemente. Creo que lo ha hecho aposta, sé perfectamente cuando quiere provocarme para tener sexo.

 

-Tienes ganas de que tu Amo te use, ¿verdad?

 

-Sí… Amo – Me sonríe medio ruborizada.

 

-Se te nota mucho, pequeña. Ponte aquí, encima del taburete.

 

Antes de que su desnudo y sexy culo se apoye sobre el asiento del taburete, le corrijo:

 

-No no. No sentada encima. Apoyada boca abajo sobre el respaldo.

 

Mi sumisa, entre excitada e intrigada, obedece, chafando sus tetas sobre el respaldo, dejando sus brazos colgando cerca de las patas del taburete y sus pies en volandas. Ahora su lindo culo no esta escondido sino al aire y bien expuesto como yo quería.

 

-¿Así, Amo?

 

-Muy bien, perrita.

 

El bonito culito de mi perrita está tan firme y sexy en esa postura que no puedo más que darle un cachetito de reconocimiento. Sin embargo su coño mojadito, aunque visible, está algo oculto, demasiado bajo, un poco apoyado contra el respaldo del taburete. Una pena. Algo tengo que hacer con eso.

 

Cojo mis cuerdas y ato bien sus brazos y piernas a las patas del taburete. No sólo ato los tobillos y las muñecas, sino todo el largo de los brazos y las piernas. En este momento mi bonita sumisa sólo puede mover la cabeza, las manos y los pies. A mi guarrilla le gusta estar bien inmovilizada, y a mí me pone a mil tenerla así. Le doy otro cachetito en el culito y veo que su coño está aún más mojado.

 

-Tu coño está poco accesible. Voy a remediar eso. No te muevas de aquí… (guiño)

 

Mi sumisa no dice nada. Pero noto en su mirada la intriga que siente en ese momento. Vuelvo con un gancho anal, que lubrico cuidadosamente. Pongo especial énfasis en la punta, rematada por una bolita. La inserto en el pequeño ano de mi perrita muy despacito, mientras noto que se va poniendo más y más cachonda por la situación. Ato el extremo de una cuerda en el gancho y el otro extremo en la coleta de mi sumisa. Aplico una buena tensión, la suficiente para que su cabeza se ponga bien hacia atrás y su culo se eleve algo por encima del respaldo, forzado por la cuerda.

 

-Mira qué bien. No sólo tengo ahora tu coño perfectamente visible y accesible al igual que tu culo, sino que además ahora no tienes que hacer ni fuerza para levantar la cabeza para ver la pantalla. Dos en uno.

 

En este punto no noto a mi sumisa simplemente excitada. La noto loca de excitación, excitada al límite. Su cabecita se mueve arriba y abajo, haciendo que la tensión de la cuerda que tiene enganchada en su culo aumente y provoque tirones que estimulan su zona anal y perianal. No pienso corregir ese comportamiento, sé que esa estimulación no va a causarle ningún orgasmo, simplemente va a aumentar su excitación y por tanto su frustración. Por mí puede hacerlo hasta que se canse. Sonrío, porque lo que la voy a decir sé que la va a excitar más que todo lo anterior junto.

 

-Te voy a explicar el jueguecito al que vamos a jugar, perrita. Yo voy a ver la película tranquilamente, y como no quiero que me interrumpas con tus tonterías te voy a poner una mordaza. Lo único que quiero que salga de tu boca van a ser los avisos de que te estás a punto de correr. No quiero que me distraigas de mi película para nada más que eso. Mientras la veo pienso jugar muy lentamente con tu coño, clítoris y vagina. Pero no te hagas ilusiones. No te voy a dejar correrte ni una sola vez, lo que quiero es que mientras vea mi película mojes con tu coño de pequeña guarrilla el asiento del taburete hasta que esté totalmente empapado. Sin que te corras ni una sola vez. Esa va a ser mi meta por ahora. Y después de ahí ya pensaré lo que hacer contigo. Distráete con la película, que desde esta postura la podrás ver tú también.

 

Mientras mi bonita sumisa está ruborizada por la excitación y la sorpresa, sin apenas dejarla reaccionar, la amordazo. Su mirada es una mezcla perfecta de entrega y excitación. Así me gusta tener a mi sumisa. Le doy un azotito en su lindo culo y la película empieza. Sólo puede mover las manos, los pies y su cabeza de arriba abajo. Aunque le he dicho que jugaré con su coño, cambio de idea y lo que hago es acariciar lentamente su espalda y sus nalgas durante los primeros minutos de la película. Es precioso ver desde esta posición a mi sumisa, loca de excitación, sin que aún haya tocado ni siquiera su coño empapado. Noto que sigue dando tironcitos con la cabeza estimulando su zona anal como una viciosa. Me encanta que sea tan guarra. Sé que no va a poder correrse así, así que no me preocupo y miro la película, acariciándola sin mirarla. Y es que quiero enterarme de la película. No había sido un farol para darle morbo, hablaba en serio. De vez en cuando la doy un azotito. Su culo está muy bien expuesto en esa posición. La acaricio en las piernas, en la parte interna de los muslos… pero sin tocar su coño.

 

Al cabo de un rato, sin avisar ni decir nada, acaricio largamente los muslos y en lugar de deternerme antes de llegar a su coño empapado, continúo y paso suavemente por su raja. Un estremecimiento recorre todo el cuerpo de mi sumisa en forma de espasmo involuntario acompañado de un gemido que me pone a mil. El espasmo provoca un tirón en la cuerda y eso hace que una vez más su zona anal y del perineo se estimule, pero creo que esta vez no ha sido intencional…

 

-Si sólo te he pasado un poco mi dedo por encima de tu rajita. ¿Te pones así sólo por eso? Qué cochina que es mi perrita.

 

Me fijo en que la combinación de mordaza de aro y cabeza forzada hacia atrás hace que mi sumisa no se pueda librar fácilmente de sus propias babas, así que le chorrean por la boca hasta las tetas, para finalmente gotear en sus pezones. Me encanta.

 

Sigo con mi mirada puesta en la pantalla mientras, ahora sí como había dicho, juego lentamente con el coño de mi sumisa. Lo hago muy despacito, jugando con su clítoris, sus labios menores, mayores y la entrada de su vagina. Aunque no preste atención visualmente sé como tocar bien a mi sumisa para que se vuelva loca de placer, aún sin mirar. Sus manos y sus pies se estiran, contraen y tiemblan de puro placer. La humedad que recorre sus muslos empieza a mojar el respaldo del taburete. Pero esto no ha hecho más que empezar. Quiero que la empape totalmente.

Al cabo de un rato, mi obediente sumisa me avisa de que se va a correr, con una voz débil, sometida, sexy, temblorosa, dificultada por la mordaza y las babas. Ha tardado menos tiempo del acostumbrado. Enseguida dejo de tocar su coño y cambio de zona. Mi sumisa deja escapar un gemidito de frustración, a pesar de que le había advertido de que no iba a dejarla correrse ni una sola vez.

 

-Sé que te encanta la mano de tu Amo, bonita. Se nota como la echas de menos ahora… pobrecita.

 

Paso a las nalgas y a los muslos como antes, aunque ocasionalmente acaricio cualquier trocito de piel de su cuerpo sudoroso y cachondo. Al cabo de un tiempo prudencial vuelvo al coño, lo que provoca un nuevo espasmo y un nuevo gemido. Todo eso sin perder de vista la pantalla.

Y este ciclo se repite varias veces, siempre igual: acaricio lentamente el coñito de mi sumisa, ella después de un rato avisa obediente de que se va a correr, paro de masturbarla unos minutos y vuelta a empezar. Una y otra vez. Pierdo la cuenta, habrán sido más de diez quizás. Han pasado más de dos horas y la película ya está casi a punto de terminar. Noto que el asiento está totalmente empapado, y mi sumisa es en este punto prácticamente un gracioso y mono animal compuesto de temblores, rubor, sudor, flujo vaginal y excitación sexual. En ese estado sé que mi sumisa no es capaz de pensar ni de razonar. Me da la sensación de que esta vez está tan sumamente cachonda que no podría decir ni su propio nombre si se lo preguntara. Creo que nunca la vi tan excitada. Y para qué negarlo, yo estoy a cien, así que sin mediar palabra voy a usar lo que es mío. Me bajo los pantalones. Tengo la polla durísima. Cojo bien fuerte de las nalgas a mi perrita y la follo bien duro. Los gemidos de mi bonita sumisa se oyen por todo el edificio. Creo que va a ser uno de los mejores polvos de mi vida.

Autor: Marco V.    mail: marcodom8787@gmail.com

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