HISTORIA VERÍDICA DE LO QUE PASÓ CON MI SUMISA IMAGINARIA DE 19 AÑOS.

“Era joven, pero no menor/
era joven, pero muy crecida/
su casi estreno/
me dio una vida/
me obligó el espejo/
a una despedida”
(Manipulación libre de unos versos de Javier Krahe).

El sueño de todo amito de mediana edad es cogerse una sumisa joven. Craso error; es un Infierno. Hacedme caso; quién lo probó lo sabe. A duras penas sobreviví a ello, y es justo que relate mi experiencia para que nadie más la sufra.
No sé bien cómo comenzó la cosa. Estaba haciendo lo que hago últimamente estos días;  escribiendo gilipolleces sin sentido en Twitter, cuando me dio por escribir una que decía “BUSCO SUMISA PARA QUE ME LA CHUPE Y LO QUE SURJA”, cuando al rato recibí un mensaje privado (DM en jerga de twitter para los que no seáis tan avanzados en ello como yo) de la que sería la protagonista de esta historia de horror.
Para no demorarlo mucho, en el breve intercambio inicial de mensajes privados (DM, aprendedlo que os irá mejor en la vida) me dijo “tengo curiosidad por estos mundos desde que ví los mundos de Grey”. Y yo pensé; “cojonudo”. Me dijo que era de mi ciudad y yo pensé “genial”. Me dijo que tenía 19 años y que nunca lo había probado. Y yo dije; “Me lo está poniendo a huevo”. Me sentí como esos tipos de negro que están en la barra de un club sado esperando que entre una palomita. Sólo que, efectivamente, la palomita entró, se dirigió a mí y me pedía fuego.
Hago un inciso por si alguien se pregunta… y eso no te provocó ningún problema moral? A ver, soy un tío y una chica en la flor de la vida me dice que quiere guerra y me da todas las facilidades. ¿Qué coño de problema moral hay?
Le dije de tomar algo en persona, para un primer contacto. Ya debí de advertir algo cuando me dijo de quedar en un descampado donde se hacía botellón. Estaba con unas amigas y un tipo que bailaba solo ajeno al mundo, y que seguramente estaba así desde el fin de semana pasado que se celebró una fiesta o no sé qué leches. No me presentó a nadie. Las amigas me miraron como si fuera un pederasta, algo en lo que técnicamente no tendrían razón y que moralmente… pues moralmente asesiné al enano que habitaba en mi conciencia tiempo ha. Aunque puede que me mirasen mal porque yo era una Yoko Ono que les iba a privar de la atención de su amiga.
La cosa es que la chica me pasó un vaso de plástico con un líquido color rojo que supuse era kalimotxo o algo así. A mí, a un sibarita de la voll danm. Todavía me arde el estómago y tengo diarreas de aquel puto trago.
Hablamos distendidamente, para conocernos. Todo lo distendidamente que me permitía el puto ardor del estómago, quiero decir. Se llamaba Sara. Era guapa porque, como diría mi madre, toda la juventud es bonica. Me dijo que aunque no me conocía pensaba que yo era un tipo de fiar porque “eres el único que no me has enviado dms con la foto de tu polla”. Estaba en un momento bajo, porque había salido de una larga relación de “casi dos semanas” con un tal Jonan que al parecer era un mierda y tal. Tenía fantasías desde que vio la peli de LOS MUNDOS DE GREY y quería probar. Tenía que estar en casa a las 11, porque si no su padre “pensaba que era una zorra”, así que no nos demoramos mucho. Intercambiamos los teléfonos y le dije, haciéndome el interesante, que la cogía como mi “sumisa al prueba”. A prueba del dolor de huevos al pensar las posibilidades con esta chica, pero bueno, eso no se lo dije.
Pero desde esa misma  noche todo empezó a ir mal. Al enviarme los primeros whatsapp, no entendí nada. Escribía sin vocales, con una profusión de xs, ks, y xdd que hacían de aquellos mensajes supuestamente de entrega un dolor de cabeza al intentar descifrarlos. Y cuando me enviaba links, me tenía que descargar aplicaciones (que ya me cuesta un huevo hacerlo) de programas que ni sabía que existían para poderlos abrir.
Pero que no se diga que no luché por la relación. Al día siguiente le dije que nos comunicábamos por skype y listo. Mi primera orden fue que me redactara un escrito sobre las fantasías que tenía y qué esperaba de ésta relación. Me dijo que ya le mandaban deberes en el insti y no se había buscado amo para tener más. Bueno, vale, lo dejé pasar porque soy un Amo comprensivo y condescendiente. Le pregunté entonces por sus relaciones, pues temía que fuera virgen al ser tan joven. Me dijo que había tenido “solo” unos 27 novios y un par de relaciones lésbiscas sin importancia. Me hice una impresión de una media de 7 polvos al día por cada relación, mayoritariamente en los probadores del Zara. A mí me cuesta empalmar haciéndome una paja, pero eso me lo callé como una puta. Por hacerme un amo enrollao y hablar de todo un poco, le dije que yo a su edad no superaba la primera pantalla del tetris. Me preguntó que qué era eso. También le dije que yo a su edad miraba vídeos vhs. Me preguntó si tenía el sida, que había dado en clase que el sida también se llamaba así. Joder; mientras nosotros siendo crios veíamos a un puto muñeco de trapo explicando la diferencia entre “arriba” y “abajo” como si fuésemos subnormales profundos, esta gente ha crecido con el SALVAME antes de que se inventasen aquello de los colores.

Esto no iba bien… tenía que ponerme en mi lugar. Pero… ¿cómo castigas a una sumisa de 19 años? Le prohíbes jugar a la play?

Me vino entonces a la mente una iluminación. El equivalente para esta generación de estar encerrados en una jaula es dejarles sin móvil. Le dije que no me estaba gustando cómo se dirigía a mí y que le castigaba haciendo que apagase el móvil media hora. Entonces mi dulce sumisa se transformó en la niña del exorcista y me dijo que de qué iba. Que ese era uno de sus límites, una línea roja que jamás cruzaría, que eso era demasiado. Fue inútil que la intentase calmar diciéndole que no quería ver su móvil ni nada, sólo que lo apagase media hora. Que eso era como dejarle sin vida. No sé; igual si le digo que se coma mi mierda no me pone límites, pero leñe, éste sí que era en verdad uno de ellos. Pude reconducir la situación lo justo para quedar de nuevo para el día siguiente, esta vez en un sitio normal, con bares normales, jubilados normales tomando el sol y esas cosas.

Esperaba que el ansia de verme en persona de nuevo le produjera una gran alegría, pasado el pequeño percance. Llegó con media hora de retraso, y al verme ni siquiera me saludó, sus primeras palabras fueron “espera que acabe esta canción”, mientras señalaba unos auriculares conectados a su tan ansiado móvil de los cojones. Oímos la puta canción yo y media plaza, aunque seguía conectada a los auriculares. Eran los alaridos de un tipo al que estaban asesinando mediante hachazos, o eso creí yo hasta que me dijo que era el último tema de “DJ YOUNGER, mezcla regetton, mezcla tecno”.

En fin; que llegaba el momento de la verdad. De perdidos al río. Le dije si quería ir a un hotel y así practicábamos nuestra primera sesión, ya que había comprado un par de cosas en los chinos y tal.

-¿Un hotel?
-Bueno, si lo prefieres aquí en Barcelona alquilan varios espacios del tema y…
-Pero… ¿no tienes en tu apartamento de tres plantas una habitación de castigo en el sótano, como Grey?
-¿Una habitación del castigo? Vivo en un piso de 60 m2. Como mucho, tengo un cuarto de las escobas.
-Pero… ¿los Amos no tenéis un apartamento grande?
-Conozco a algunos que ni siquiera tienen escoba.
-Entonces… ¿tampoco tienes helicóptero privado?
-Doy las gracias de poder pagarme el metro.
-No lo entiendo… pero llevas traje…
-Soy Spirit, siempre llevo traje.

Por primera vez, vi un atisbo de algo en su mirada que me hizo sentir mal. El paso de la infancia a la madurez; la desilusión. El comprobar que las cosas no son como se las habían contado. Vi a una niña frágil, que apenas empezaba la edad adulta y andaba por un mundo que no alcanzaba a comprender.

Me sentí un miserable. Yo buscaba carne fresca, una mera satisfacción carnal, y tenía ante mí a una adolescente confundida de la que había pensado aprovecharme. No podía ser. La última gota de conciencia que habita en mi cerebro se rebeló. Llegaba el momento de cortar por lo sano antes de hacer más daño. Pensé en decírselo con tacto, con ternura. No quería hacer daño a quien tenía toda la vida por delante, ni provocarle un trauma que le condicionase el resto de su vida. Una vida que apenas acababa de comenzar.

Sin embargo, fue ella quien habló:

-Te dejo, viejo. No molas. Que te follen.

Y se puso sus auriculares, se dio media vuelta y se perdió en la noche.

De vez en cuando me encuentro algún comentario de ella en alguna red social. Ora una foto montada en amoto con una tal Jennifer con el lema “comednos el coño”, o alguna frase del tipo “estoy cagando el wáter y no se me ocurre nada que escribir”. Es decir; tampoco se diferencia mucho de lo que yo escribo por ahí. No me ha mencionado ni una sola vez, por lo que entiendo que la huella que le dejé fue la misma que si un transeúnte que se cruzase le pidiera un cigarrillo.

En todo caso, a mí sí que me ha servido de lección. A partir de ahora lo tengo claro; vuelvo a ser sumiso y sólo de Amas de más de cuarenta, por favor.

Con este relato tan verídico como imaginario nos despedimos. Hasta entonces tengan cuidado ahí fuera y sean buenos o malos en su justa medida.

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