HACIÉNDOME CON MI PRIMER UNIFORME DE SERVICIO

Durante la entrevista que hizo, la Señora Dómina estuvo hablando sobre mis funciones, cómo debía de ser su Sissy Maid, me comentó que para estar a su servicio era fundamental y de estricto cumplimiento estar uniformada, con bata, delantal y con la lencería correspondiente, que andaba buscando una Sissy Maid operativa y funcional, y ese era mí sueño hecho realidad. Porque desde mi adolescencia, me atraían mucho los uniforme y los delantales, y de vez en cuando, me solía poner cuando andaba solo en mi casa los delantales de mi madre y un vestido con vuelos suelto, también de mí madre, pero nunca tuve la oportunidad de poder usar una auténtica bata…  ya con solo imaginarme vestida con uniforme auténtico bata y delantal, haciendo las labores domésticas, que la Señora Dómina que me ordenase, sufrí un aumento de adrenalina.

En ese mismo momento, tuve unas emociones que nunca experimenté en mi vida, me entró una clase de miedo escénico, por sólo pensar que tenía que ir a comprar la ropa para servir a la Señora Dómina. Me veía en la tienda, pidiendo una bata y un delantal, pensé qué podría pensar el dependiente de la tienda, y a su vez en mí cabeza me decía que si quería servir a una Señora Dómina, tenía que ser capaz de efectuar las compras. Me vinieron unos flashes de mi adolecía, de cuando me vestía a sola en mí casa de esa manera, con vestido suelto y delantal; porque desde hace mucho tiempo tenía una vocación, una voz interior que me indicaba y me estando guiando hacia la servidumbre. Pensé  pedirle a la Señora Dómina, si podría acompañarme para que no sentirme sola y con vergüenza a la hora de la comprar, y tener el apoyo su apoyo, pero también tenía otra voz interior que me decía, “si no eres capaz de ir a comprado tú sólo, cómo vas a ser capaz de ponértelo y servirle con el uniforme a la Señora Dómina y a los invitados que estén reunidos con la Señora  a la hora de servirla”,  sufí una guerra mental de indecisiones, qué hacer y qué no debería hacer, también podría sentirme avergonzado en la tienda o no… me pasó por la cabeza de huir y poner fin a todo esto, pero también era mi oportunidad de oro  para introducirme definitivamente en el mundo de Bdsm y de la servidumbre.

A la tarde siguiente me dirijo a la tienda de uniformes y en el camino hacia la tienda, volvió el conflicto de dudas y de vergüenza, uff, podría decirme algo el dependiente o no… estaba nervioso, me sentía tenso…  a escasos metros de entra a la tienda, se me ocurrió una idea ingeniosa, hacer el papel delante del dependiente que era un mandado, ese pensamiento me relajó y me quitó parte de la tensión que llevaba.  Entro y me dirijo al mostrador, el dependiente muy amable me preguntó qué podría ayudarme, ahí sentí un gran alivio y con mi voz nerviosa le dije “esa bata que usted tiene ahí con este delantal”, él por supuesto, no sabía el fin que iba a tener esa bata, ni el destinatario, pero yo si en mí cabeza y eso me producía inquietud y nervios, me salió de improviso un comentario, “perdoné una pregunta, ¿si le esta pequeña la bata, hay algún problema para su cambio?”, el dependiente me respondió que no.

Una vez efectuado el pago, me dispongo a salir de la tienda, al salir me entró una flojera general, ya lo había comprado, ya el estado de nervios y de tensión había pasado. Fui en dirección a la casa de la Señora Dómina, tenía ansias de verme uniformada y ya no me quedaba nada para verme como deseaba, desde hace mucho tiempo, tenía una alegría interior indescriptible, iba andado a la casa de mí Señora y en vez de andar, tenía la sensación de ir flotando, llegué a la puerta de la casa de la Señora Dómina, toqué el timbre de la puerta, ella me abrió  y nada más pasar el umbral de la puerta me arrodillé y saludé como corresponde.

La Señora Dómina, me ordenó que me incorporase, una vez que estaba de pie, le entregué la bolsa con la compra efectuada, la dejó encima de una mesa y sacó  primero el delantal blanco lo vio, y me dijo “vale esta bien, los vas usar a menudo”, después sacó un paquete y lo abrió, era la bata, la sujetó por los hombros, extendiendo los brazos hacia delante y me dijo, “es pequeña, donde te  vas a meter esto”, se me cayó el cielo encima, por sólo pensar que no me estaría bien y tenía que ir a devolverla, me ordenó probármela.  Entré en baño de la Señora Dómina, ya me estaba poniendo nerviosa, sólo de pensar que no estaría bien, me desnudé, y procedí a ponérmela, con mi gran decepción, efectivamente era estrecha de pecho, me estaba muy ajustada. Le insinué a la Señora Dómina, que así podría tener el cuerpo más estilizado, en lo que me respondió “recuerda que esta aquí para hacerme la vida más fácil y descargarme de la tarea doméstica, que así no te vale esta bata, así no te vas a poder ni moverte, necesitas una talla más, así que te la quitas y la doblas bien y mañana la descambias por un talla más”

Nada más recordar que tenía que ir otra  vez a la tienda, se me cogió un nudo en el estómago, otra vez pasar por lo que acaba de pasar. A la tarde siguiente me pospuse ir a cambiar la bata por una talla más, ya había experimentado las emociones de verme con la bata puesta, y por eso iba más relajado hacia la tienda, pero a escasos metros de la tienda, otra vez me estaba entrando los nervios y la angustia, sólo de pensar que tenía que ver al dependiente de la tienda, pero lo quería controlar y evadirme de ese estado de nervios y de angustia, empecé a recordar en las emociones de confort y de bienestar que me reportó la bata puesta, me repuse un poco de ese estado, pero cuando llegué a la tienda y me dirigí al mostrador otra vez tenía las piernas flojas.  Ví que se me acercaba otro dependiente de la tienda, no era el mismo que me vendió la bata…  ya fue el detonante final, ya empecé a estar tranquilo, sacó la bata el dependiente, comprobó que no estaba manchada ni tenía ninguna rotura, la depositó encima del mostrador,  acto seguido comprobó el ticket de compra, y se giró a buscar una talla más, para mí fue entreno, pero la encontró, me mostró que era una talla más, dije “a ver si ahora le está bien”, para hablarle algo al dependiente y  metió en la bolsa la nueva prenda.

No sólo quería salir de esa situación tan angustiosa, me dirigí hacia la puerta para salir de la tienda, y una vez en la calle cogí aire, ya podría respirar tranquilamente, me dispuse ir a la casa de la Señora Dómina, tenía ansias de volverme ver con la bata puesta, pero tenía un temor a que no me estuviera bien otra la bata. Llegué a la casa de la Señora, toqué el timbre, me abrió la puerta, pasé y lo mismo del día anterior, en el umbral de la puerta me tiré de rodillas, la saludé y de presté todo mí respeto, la Señora me ordenó  que me incorporase, me pedido la bolsa y sacó la bata, la cogió otra vez por los hombros y encima extendiendo los brazos, me dijo, “esta sí, está es la tuya”, me la dio y me dijo póntela.

Me fui a una habitación, ahí me cambié, me puse el cinturón de castidad, seguidamente el sujetador, braguita, y  panty, y encima la bata con el delantal anulado a la espalda, me sentía feliz, alegre, con una paz interior indescriptible, me acerqué a la puerta, la abrí un poco, llamé a la Señora Dómina, dí un paso hacia detrás, me postré de rodillas para que la Señora  me hiciera la inspección correspondiente,  inspeccionó que estuviese todo correctamente puesto, pero me sacó un fallo, era el delantal que estaba por encima del cuello de la bata, me lo puso bien puesto y me dijo “que sea la última vez, antes de postrarte antes mí, mirarte en el espejo y te vienes en condiciones”,  a lo que respondí, SI SEÑORA, PERDÓNEME ÉSE DESCUIDO SEÑORA.

 

Autor: Sissy Chantal

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