FEMDONIA – VACACIONES EN MENORCA

Mi Ama y su amiga Ángeles, la vecina del séptimo, decidieron que nos iríamos este verano una semana juntos de vacaciones, ella con su sumisa Nuria, y mi Ama conmigo, los cuatro.

Además coincidía que donde íbamos, a  Menorca había unas Jornadas BDSM, con diferentes juegos, conferencias, talleres, y todo se desarrollaba en el hotel donde nos alojábamos nosotros, en realidad aquello estaba muy solicitado y Ángeles lo tenía reservado con un año de antelación, pero a última hora se le cayó la otra pareja y tuvo a bien invitar a mi Ama y a un servidor.

El viaje fue rápido y cómodo, sólo hubo un pequeño incidente en el vuelo, fue un leve coqueteo de Nuria con una azafata que fue reprendido verbalmente por su Ama, que le pegó un tirón del brazo, la sentó junto a ella y le dio un sonoro bofetón, tras el cual le dijo.

—Ya hablaremos tú y yo cuando lleguemos.

Nosotros íbamos sentados justo detrás de ellos, y yo por romper un poco el hielo, le dije a mi Señora casi susurrando, para que nadie se sintiera violentado.

—Madre mía como es Nuria, siempre jugando y siempre provocando.

Entonces Pepi me miró seria, y me dijo:

—Si se te ocurre hacerme tú a mi algo parecido a eso, te pego un palizón en el avión que mudas la piel, ¿me estás oyendo?

La había oído yo y las personas que estaban alrededor, pero yo estaba encantado con mi Señora y de ir con ella a aquella maravillosa isla, con el aliciente de las jornadas BDSM, que aunque no pensábamos participar, al menos a mí, sí que me interesaban mucho.

Llegamos al hotel  sobre las 11.30 de la mañana y Ángeles le propuso a Pepi, pasar el día en una cala que había adjunta al hotel y que pertenecía a éste, pediríamos comida para llevar en el mismo hotel y pasaríamos el mediodía y  la tarde en aquel paraíso, mi Ama estuvo de acuerdo.

—Bueno nos vemos en una hora aquí en el hall, ahora vamos a relajarnos un poquito a las habitaciones, ¿te parece Pepi?

—Me parece perfecto.

El hecho de que tanto a Nuria como a mí nos obviaran en la toma de decisiones dejaba bien a las claras quienes mandaban en aquellas relaciones.

—Además no sé tú, pero nosotras tenemos una conversación pendiente, la zapatilla, ella y yo, y me parece que es hora de que le explique un par de cosas a esta golfa… y agarrándola del brazo se encaminaron para uno de los ascensores.

—Invítame a una cerveza anda— me dijo mi Ama con voz y gesto sensuales.

Yo no podía estar más contento con aquella situación,  en el bar vimos varias parejas, que se notaba claramente que eran bdsmeras, parejas de mujeres y también mixtas, donde la mujer era siempre la que dominaba. En Femdonia también había mujeres que se sentían sumisas de sus hombres, o sencillamente sumisas de un hombre, pero era algo que estaba mal visto, y que sólo se hacía en privado, lo normal era que la mujer dominara al hombre, y la mayoría de mujeres que tenían tendencias sumisas preferían someterse a otra mujer.

Nos tomamos la cerveza entre algún que otro arrumaco, y como ya conozco a mi Ama, a la segunda mirada que me echó, yo ya sabía que quería sexo, y cuando ella lo quería, lo tenía, así que en menos de cinco minutos,  estábamos besándonos como dos adolescentes, pese a ser ya cincuentones, en la puerta de nuestra habitación.

Nada más cerrar la puerta mi Ama se me subió a horcajadas  abrazada a mí con la agilidad y la pasión de una quinceañera, me comió la boca con pasión, yo le amasé el culo como sé que le gusta, me encantaba sentir sus pechos aplastados sobre mí, con la misma fiereza que se me encaramó, se volvió a bajar, y llevándome agarrado se tendió en la cama bocarriba, y sólo me dijo una palabra

—Come.

Yo ya sabía que  ella no se refería a un sándwich, así que me arrodillé junto a los pies de la cama, y mientras ella se subía el vestido yo le bajé las bragas, y enseguida me amorré a su coño, lo llevara rasurado con el pelo cortito pero no depilado del todo, me gustaba notar sus pelos de punta sobre mi boca, mi cara, mi lengua. Ella empezó a gemir de una forma desproporcionada, le estaba gustando, ya estaba mojada cuando empecé, pero ahora ya rezumaba placer, entonces me volvió a hablar, y me dijo:

—Come y folla, come y folla.

Eso quería decir que a la vez que le hacía un cunnilingus , le follara el culo con mis dedos, era una técnica que había ido perfeccionando y la verdad es que a juzgar por los gemidos y gritos de mi Ama, lo hacía bastante bien, lo hacía con mis dedos pulgar y corazón, o bien índice y corazón, cuando lo hacía con estos últimos hacía un movimiento hacia arriba de las puntas de estos, como se hace cuando llamas a alguien, y los espasmos que provocaba en mi Señora me hacían sentirme realmente orgulloso.

Casi nunca podía tragarme todos sus jugos, pero siempre me dejaba limpiárselos, y yo lo hacía recreándome, dándole lengüetazos desde el ojo del culo hasta casi el ombligo, incluso alguna de esas veces, me agarraba de la cabeza para que siguiera, y provocarle otro orgasmo, pero ese día no fue el caso, se levantó ágilmente y me dijo.

—A la ducha, que no me gusta que nos esperen.

Nos dimos una ducha con mucho gel, limpiándonos a conciencia como nos gustaba a ambos, yo me arrodillé para comerle el culo recién limpio, pero me levantó, me dio un sonoro azote en el culo, y me dijo.

—Plassssssssssss, pero serás vicioso, será posible, ¿pero es que nunca tienes bastante?

Una reprimenda, más en broma que en serio, que no hizo otra cosa sino excitarme más todavía, entonces mientras nos secábamos mi Ama me agarró mi herramienta y me dijo, cuídamela bien que esta noche la voy a necesitar y bien necesitada, ya me entiendes, y con las mismas me dio otro azote y me apremió para no llegar tarde.

Bajamos al hall y casi a la vez llegaron Ángeles y Nuria, el Ama, con cara relajada y feliz y la sumisa compungida y con morritos, lo que le valió la pregunta de mi Ama.

—¿Qué te pasa Nuria? Traes mala cara.

Pero la que contestó fue su Ama

—Pues que ha cobrado, acabo de darle su merecido por su comportamiento en el avión, y aún no he acabado con ella, esta noche antes de acostarnos le daré otra zurra, ésta no aprende de otra manera, enséñale a Pepi como te he puesto el culo.

La pobre Nuria miró a su Señora con los ojos muy abiertos como suplicándole que no la obligara a enseñarle su culo recién azotado en medio del hall de un hotel, aunque yo sospecho que todo lo que hacía Nuria era impostado, y buscaba sólo llamar la atención en general y de su Ama en particular, ella era feliz siendo el centro de atención, aunque para ello le costara que le dejaran el culo como un tomate.

—¿Se lo enseñas por la buenas o por las malas?

Entonces la preciosa rubia poniendo otra vez carita,  se dio media vuelta con mucha gracia levantándose una falda blanca de tenis que le llegaba por encima de las rodillas, y sin nada de ropa interior debajo, y ahí pudimos ver su precioso y redondo culo de un color rosado que le daba un aspecto muy atractivo la verdad.

—Le has dado una buena zurra, le dijo mi Ama, yo creo que más por halagar a su amiga que por otra cosa, a lo que ella le contestó.

—No te llego a la suela de los zapatos Pepi.

—A la suela de las zapatillas jajajaja.

Y todos reímos la ocurrencia de mi Ama.

Después nos dirigimos a la cafetería del hotel para aprovisionarnos de comida y bebida para pasar el día, compramos pizzas, ensaladas, fruta y bebidas, nos lo empaquetaron todo y cogí las bolsas para irnos cuando llamaron a mi Ama al teléfono móvil, me miró extrañada, y yo le devolví el extrañamiento con mi mirada, cuando colgó dijo que era del trabajo y que tenía que esperar a que la volvieran a llamar para solucionar un tema de trienios que eran muy importante para empezar a cobrar antes uno de aquellos trienios, y para mi Señora el dinero es sagrado así que nos dijo.

—Me van a volver a llamar, pero tengo que tener el ordenador delante, así que me subo a la habitación y lo hago desde el portátil, adelantaros vosotros que ahora voy yo.

—Yo la espero y me llevo las bolsas después.- Dije yo.

—No no, iros sin mí, me llaman ya y en cinco minutos estoy con vosotros, es por esa puerta verdad Ángeles?

—Si si, por ahí todo recto, no tiene pérdida.

—De verdad que me quedo a acompañarla Ama, esta…

—He dicho que no, que te vayas con ellas, lo entiendes, ¿o te lo explico de otra manera?

Entonces ante la risita estúpida de Nuria recogí todos los paquetes, y dije sumisamente.

—Lo siento Ama.

Me encantaba que mi Ama me pusiera en mi sitio, pero me extrañó que no quisiera que la esperara, siempre fue muy posesiva, y aunque sabía que conmigo no iba a tener ningún problema, le gustaba tenerme atado corto y a su vera, yo creo que esta vez fue por cabezonería, y por demostrarme quien manda, así que me mandó a mí por delante.

La verdad es que aquello era la Octava Maravilla del Mundo, la parte trasera del hotel daba a un auténtico vergel y conforme te ibas adentrando parecía que estabas en el Paraíso Terrenal, un camino rodeado por verdes helechos y flores de mil colores, te conducía a una cala grande, como media plaza de toros, perfectamente semicircular, con aguas turquesas, limpias y tranquilas a un lado, y arena blanquecina muy fina, al otro, no podía haber nada más perfecto.

Durante el camino la chismosa de Nuria, me dijo, que aquella cala era nudista, y que aunque no era obligatorio ir desnudo, sí que estaba mal visto ir con ropa de baño, me hablaba como una cotorra de las virtudes del nudismo, que era algo muy moderno y libre, y que ir con bañador en aquel sitio era de palurdos etcétera.

En la cala habría unas diez o doce parejas, y ciertamente todas desnudas, se notaba que eran las jornadas de BDSM, porque vi varias escenas muy muy excitantes, y sin duda bdsmeras, lo primero que observé fue una pareja de mujeres, una tumbada bocarriba y la otra arrodillada entre sus piernas comiéndole el coño, al estar en esa posición se le veían unas marcas rojizas que cruzaban su culo en horizontal sin duda producto de unos buenos azotes dados con una vergajo corto que llevaba la que parecía su Ama aún en la mano. Junto a ellas había otras dos jovencitas, una le pintaba las uñas de los pies a la otra, lo curioso es que el pintauñas lo agarraba con la boca, lo que provocaba una imagen muy sensual. Más adelante un hombre abanicaba a dos mujeres, eran de diferentes edades, después supimos que el chico abanicaba con un pai pai enorme a su madre y a su abuela.

Pero la estampa más espectacular y rara a la vez, fue ver a una mujer corpulenta y fuerte, no me atrevo a decir gorda porque se la veía musculada, pero podría pasar perfectamente por una esbelta lanzadora de martillo, que iba subida a caballo encima de otra pobre chica que pesaría yo creo que unos 35 kilos menos, la que hacía de pony sudaba y jadeaba, pero su jinete no dejaba de azotarla el culo con fuerza, eso sí con la mano, desnudas como todo el mundo en aquella cala mientras parecía adiestrarla. Cuando más tarde las vimos de pie, pudimos observar que la altura de la amazona no era inferior a 1.80 y la pobre pony-girl, no pasaba del 1.55, era algo sorprendente que la pudiera llevar sobre su espalda sin rompérsela,  pero aún lo fue más ver cómo le daba de comer, todo lo que comía la pobre chica que hacía de pony, lo hacía de la mano de la que era evidentemente su Ama, además de su amazona, se ponía cualquier alimento en la mano, y la pequeña chica se lo devoraba, después besaba la mano que antes la había azotado y ahora le daba de comer, y esperaba complacida una caricia.

Yo pese a esas maravillosas escenas de las que estaba disfrutando, había algo que me inquietaba, todo el mundo estaba desnudo, Nuria intuía que me costaba quedarme en pelotas sin el permiso de mi Ama, y por eso mismo me apremiaba a que lo hiciera, y Ángeles parecía que lo daba por hecho.

El caso es que llegamos a un hueco, con una sombra provocada por una pequeña cueva, pusimos unas esterillas para tumbarnos, puse a la sombra la comida y la bebida, y las chicas empezaron a desnudarse con naturalidad, lo que terminó de convencerme, fue un comentario de Ángeles del tipo.

—Venga hombre anímate, no seamos paletos.

—Eh si, ya voy, dije yo con mucha inquietud y cierta vergüenza, pero me vi impelido a ello, y sin pensarlo mucho, me desnudé y me fui con ellas al agua, en aquel momento no tuve la personalidad suficiente para plantarme, y decirles, yo sin el permiso de mi Ama no me desnudo, más tarde aprendí la lección, vaya si la aprendí.

Tanto Ángeles como Nuria disfrutaban como niñas entre chapuzones y juegos, pero yo seguía inquieto, cada vez estaba más seguro de que a mi Ama no le iba a gustar nada verme allí desnudo, y menos sin su permiso, así que decidí salirme y colocarme el bañador, pero mis compañeras de baño me metieron en sus juegos, y no quise ser descortés, por lo que retrasé mi salida del agua.

Tras cinco minutos que se me hicieron eternos pude salir, eso sí acompañado de las dos mujeres, le vi de nuevo el culo a Nuria, que me lo puso justo delante de mí para que se lo mirara, la muy zo… le gustaba provocarme, y la verdad es que su culo era rotundo, y muy muy apetitoso, pero a mí lo que más me gustaba era su color, me encantaba saber que minutos antes había sido azotado, de hecho si te fijabas podías ver la silueta de la zapatilla marcada en su espléndido pandero, pero cuando ya salíamos del agua, se volvió hacia mí y me sacó de mis elucubraciones diciéndome.

—Mira Ramón, por ahí viene tu Ama

Mi Señora es físicamente una mujer normal, ya lo he dicho muchas veces, pero el amor y la devoción  que siento por ella hacen que la vea imponente, y así me pareció de nuevo en esta ocasión, y aunque estaba lejos la vi seria, llevaba un bikini negro un pareo verde, sus chanclas hawaianas, y unas gafas de espejo y de pasta marrón.

Las chicas la saludaron levantando el brazo para que viera donde estábamos, aunque ya nos había visto, y me pareció que al verme le cambió el rictus, aceleró el paso, y me daba la impresión de que me miraba fijamente pese a que llevaba gafas de sol, yo sabía que sólo me miraba a mí, y no presagiaba nada bueno, iba andando junto a las rocas, por una especie de sendero estrecho, en vez de venir por la arena, llegó donde estábamos, y parecía que estábamos solos ella y yo, ni siquiera saludó a Ángeles, yo sabía que estaba realmente enfadada, sin dejar de mirarme me dio un repaso de arriba abajo, se recreó en mi partes, algo que hizo que me avergonzara como un estúpido y me las tapara con mis manos.

Vi cómo le cambió la cara, apretó los labios en señal de enfado y se abalanzó hacia mí dándome el guantazo más duro que me había dado hasta entonces, lo que no era moco de pavo, con tanta rabia lo hizo que me dio más en la oreja que en la mejilla, lo que provocó un pitido en mi oído que me dejó medio sordo unos segundos.

—¿Te tapas ahora Ramón?

PLASSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS

Otro guantazo, ahora sí en la mejilla que me la dejó ardiendo.

—¿Vas desnudo para todo el mundo y te tapas para tu Ama? PLASSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS

La verdad es que mi torpeza fue infinita, yo estaba nervioso, realmente atacado, y no sé por qué se me ocurrió taparme mis partes cuando vi a mi Ama mirarme, cuando estaba hartísima de verme desnudo, yo quise decirle que fui un cobarde y no supe decirle a nuestras dos amigas lo que quería, y que me había desnudado contra mi voluntad, pero no le dije nada, no podía ni hablar, así que ella tras darme el último de los tres bofetones , levantó su pierna derecha hacia atrás, y a la velocidad del rayo se quitó su chancla, y empezó a darme chancletazos en el culo como una posesa, aquello era una ametralladora, me dio no menos de dos docenas de azotazos en el culo aún mojado (aunque en aquella zurra me lo secó) con aquella chancla blanca con flores, que al ser de suela un poco más gruesa de lo habitual resonaba en aquella silenciosa cala como si fueran petardos de los gordos.

Todo el que haya probado una zapatilla sabe que normalmente es más dolorosa que la chancla de playa, y aunque aquella ya digo que picaba más de lo habitual, no llegaba a la mortificación que puede suponer una zapatilla, así pues se juntaron tres factores que multiplicaron mi excitación de una forma exponencial, por un lado los azotes en el culo, cuando no son muy dolorosos ,son muy excitantes para cualquier spankee como soy yo, por otro lado el ruido provocado por los mismos que unido al silencio de la cala no hacía otra cosa que acrecentar mi libido, y por último ser el centro de atención de toda la cala, mientras mi Ama me zumbaba, pude ver como todas las cabezas estaban levantadas de las toallas sin perder detalle de aquel espectáculo maravilloso, que de tan bueno que era más de uno debió pensar que era algo preparado, pero yo puedo asegurar que no lo era.

Bien, pues con tanta excitación, el pene de un hombre se levanta, y claro el mío no iba a ser menos, todo lo contrario, ya que mi Señora siempre me lleva recortado a la hora de correrme, así pues, aquello se me empalmó como a un burro pese a no querer, y se me puso apuntando hacia arriba, y como tampoco es pequeña, pues la verdad el aspecto era un poco grotesco, aunque a decir verdad, vi algunos rostros femeninos que miraban con lujuria y casi con gula.

Pero mi Ama no estaba para jueguecitos, ni para exhibicionismos, entonces cuando se dio cuenta de mi estado.

—¿Se puede saber qué es esto? Serás…

Entonces se mordió el labio inferior, algo muy característico en ella cuando estaba muy enfadada, y empezó a darme chancletazos en mi empinada verga con una furia tremenda, los primeros golpes no consiguieron bajármela, pero la blanca y lisa suela  de la chancla cayó con una inusitada fuerza sobre mi miembro que se recluyó a sus aposentos ante mis alaridos, hasta quedarse entre rojizo y amoratado por la paliza recibida, y del tamaño de un bebé, una vez más el Ama había dejado las cosas donde ella quería, y no se conformó con eso, sino que cuando se quedó sin miembro siguió dándome en el culo y en los muslos hasta que se hartó, y ya muy sofocada por el esfuerzo me dijo.

—¡¡¡De rodillas!!!

Y yo caí de hinojos, diciéndole:

—Perdóneme Ama

—Plassssssssssssssssss cállate, no se te ocurra abrir la boca hasta que no te dé permiso, ¿me oyes?

Me había dado un chancletazo en el cara y me dejó claro que el horno no estaba para bollos, así que me limité a ponerme de rodillas con el culo arriba y los brazos caídos paralelos al cuerpo, me quedé en el centro de la cala, parecía el Cristo de una iglesia, pero mirando hacia la pared, en este caso hacia una pequeña cueva que daba un poco de sombra, por lo que  todo el mundo me podía ver el culo recién azotado.

Lo que ocurrió después, no lo hubiera creído nunca de  mi Ama, se puso delante de mí, como si ella fuera la sacerdotisa de aquella cala, se quitó las gafas de sol y me dijo.

—Mírame.

Entonces vi como dejó sus gafas en el bolso que traía, tras lo cual me abofeteó, se quitó las chanclas, y me volvió a abofetear, se quitó el pareo, lentamente como si se lo estuviera dedicando a todos los espectadores que no nos quitaban ojo, y me volvió a abofetear, y ya por último se desabrochó el sujetador del bikini, algo que  me dijo tiempo atrás que nunca había hecho, ella era muy conservadora en todos los sentidos, así que me sorprendió mucho, ya no me sorprendió tanto que me volviera a abofetear, y ya me quedé patidifuso cuando metió sus manos por la braga del bikini para bajársela, y tras el consabido guantazo,  dijo mirando a Ángeles: – voy a bañarme, ¿venís?

Y las tres mujeres desnudas se encaminaron al agua dejándome de rodillas, azotado, castigado y siendo el centro de atención de toda la cala, notaba las miradas en mi culo que estaba hirviendo por cierto, si miraba al suelo, veía la suela blanca de una de las chanclas de mi Ama, era lisa con cierta rugosidad, y mientras la miraba sentía el calor y escozor en mi culo, lo que volvió a empalmarme, pero no quería una nueva ración de azotes, así que empecé a pensar en otra cosa.

Cuando ya empezaban a dolerme las rodillas pese a estar en la arena, oí las voces de mi Ama y de nuestras vecinas como se acercaban por detrás, hablaban de lo suyo, sin hacerme mucho caso, y de hecho se pusieron a tomar el sol, desnudas como iban.

—¿Quieres que Nuria te ponga crema protectora,  Pepi?

—SÍ, gracias, porque éste está castigado, y bien castigado.

Ni siquiera dijo mi nombre, sentí un pinchazo de dolor y de celos, al ver que esa niñata iba a disfrutar del cuerpo de mi Ama, pero no tuve más remedio que aguantarme.

Llegó la hora de la comida y las tres mujeres buscaron la poca sombra que producían unas rocas que habían junto a mí, ahora al menos las podía ver, yo miraba de reojo a mi Ama, buscaba su perdón, pero tampoco quería mirarla con descaro por miedo a lo que pudiera pasar, comieron aperitivo, ensaladas, trozos de pizza y alguna fruta, entonces Ángeles que me miraba de vez en cuando con pena le preguntó a mi Ama?

—No me quiero meter en vuestras cosas Pepi, sé que Ramón está castigado, pero ¿no le vas a dar nada de comer?

—Comerá no te preocupes, pero necesita un escarmiento.

—Creo que ha sido culpa nuestra, que medio lo hemos obligado  a desnudarse, la verdad es que me siento mal Pepi, lo siento mucho.

Me conmovieron las palabras de Ángeles, definitivamente era una Señora con todas las letras, y más buena que el pan, no tanto su sumisita que me miraba con una risita estúpida que hubiera borrado de un buen guantazo.

—No le quites culpa Ángeles, la culpa es de él y nada más que de él, pero te aseguro que se va a tirar un tiempo castigado, le voy a estar dando palos, hasta que me acuerde, él tiene que saber lo que me gusta a mí, y lo que yo quiero y no quiero, y si no lo sabe, que se espere y que me pregunte, que para eso soy su Ama, así que ahora, castigado.

Mi Ama me miraba fijamente mientras me fustigaba verbalmente , el enfado no se le había pasado ni mucho menos, estaba sentada sobre una toalla, apoyada sobre sus manos ligeramente echada hacia atrás, desnuda, sólo con las gafas de sol, estaba divina, hubiera dado lo que sea por bajarme al pilón y haberle dado placer allí mismo, pero estaba castigado.

—¿Quieres un melocotón?

La pregunta que me hizo mi Ama, nos sorprendió a los tres.

—Si Ama, muchas gracias.

Entonces cogió uno de los melocotones, me lo peló ella misma, y me lo dió.

—Muchas gracias Ama.

Me lo comí con ansia, estaba buenísimo, yo estaba muerto de hambre, y me lo comí ante su atenta mirada.

—¿Tienes sed?

—Si Ama.

Entonces se levantó de su toalla, se puso delante de mí, y subió su pie derecho hasta ponerlo sobre mi hombro izquierdo, y  me empujó hacia abajo con su desnudo pie para que descansara mi culo sobre mis piernas, así ella estaba más cómoda, y yo más a su merced, estaba tomando posesión de mí, solo con aquella postura me estaba poseyendo, yo miré hacia arriba con el culo apoyado sobre mis talones y vi su maravilloso coño, su barriga, sus tetas, y como miraba a toda la cala, parecía que miraba a toda la plaza de toros, yo intuí que todo el mundo nos miraba, entonces se quitó sus gafas de sol, me miró, y me dijo:

—Bebe.

Y empezó a mear, yo moví la cabeza para que no se me escapara ni una gota de aquel néctar caliente y maravilloso, echó una buena meada, y cuando estaba terminando me dijo:

—Baja la cabeza.

Así que los últimos chorros me cayeron sobre la cabeza, y me chorrearon por los hombros hasta mi cintura, no sólo había tomado posesión de mí, sino que me había marcado con su orina, como a un animal,  fue algo salvaje y maravilloso.

Mi corazón latía con fuerza, aquello me estaba excitando, era como otra forma de castigarme, humillándome, pero ella y yo sabíamos que lo único que hacía era volverme más suyo,  fortaleciendo aún más nuestro vínculo, y casi me vuelvo loco de placer cuando oí de sus dulces labios.

—Limpia.

Yo como un resorte me volví a erguir sobre mis rodillas, hasta dejar al alcance de mi vista y sobre todo de mi boca, su maravilloso y rosado monte de venus,  me complació mucho verlo húmedo, yo diría que mojado, me encantaba que mi Ama se mojara ahí abajo por mí, empecé a besarlo con ternura, suavemente, aquel molletudo coño, me volvía loco, era tan tierno que parecía una nube de algodón, cuando oí su primer gemido  le puse las manos a ambos lados de los muslos para poder atender mejor mi cometido, le pegué un lengüetazo de abajo arriba, que se estremeció tanto que noté como sus piernas se tambaleaban, entonces para sentirse más segura, me agarró de la cabeza, con su mano izquierda me tiraba del pelo, y me empujaba contra su coño, mientras con la derecha me daba guantazos  y cachetadas mientras balbuceaba entre espasmos.

—Sigue mmmmmmmm, sigue, hijo de puta  siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii.

No sé, si fue por hacerlo en público por primera vez, o si fue alguna otra circunstancia, pero el caso es que mi Ama se corrió mucho antes y mucho más profusamente, fue un corridón brutal, tuve que agarrarla porque se caía de los temblores que le dieron, ni siquiera pude limpiarle todos sus flujos como solía hacer, porque ella misma se tuvo que arrodillar para no caerse, fue algo realmente tremendo, yo me quedé a ras de suelo abrazándola a la altura de su abdomen, quería seguir por debajo de ella para seguir mostrándole mi respeto y cuál era el sitio de cada uno,  ella quedó de rodillas apoyada sobre mi espalada recuperando el aliento, cuando toda la cala prorrumpió en un apoteósico aplauso.

 

Autor: slipper

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