FEMDONIA – VACACIONES EN MENORCA (FINAL)

Es recomendable leer la primera parte de este relato.

Después de aquella sesión de Dominación absolutamente inolvidable no sólo para mí, sino para todo el que tuvo la suerte de asistir a ella, tanto mi Ama como yo nos quedamos derrengados, y ella decidió que  nos volvíamos al hotel.

—Nosotros nos volvemos al hotel Ángeles, esta noche nos vemos en la cena, ¿de acuerdo?

—Muy bien querida, nosotras nos quedamos un poco más, nos vemos a las 9 en el salón principal, está en el ático del hotel, acuérdate.

El hotel organizaba a modo de bienvenida a las Jornadas sobre BDSM, una cena para todos sus huéspedes donde se recomendaba ir con Dress Code, es decir un código de vestimenta que dejara claro quién era cada cual, pero también se pedía discreción y cierta elegancia.

Cuando nos disponíamos a salir de aquella fantástica cala, me dijo mi Señora que me pusiera el bañador, y la verdad es que no fue nada fácil, el empalme que me provocó el cunnilingus que acababa de hacerle, hacía que no se me bajara fácilmente, por lo que  tuve que acomodar varias veces mi polla para meterla en el bañador.

En el camino hacia el hotel no hubo Dómina que no felicitara o saludara cordialmente a mi Señora, todo fueron parabienes y enhorabuenas, dos o tres de ellas nos invitaron a tomar algo más tarde, a lo que Pepi respondía con evasivas aunque con cordialidad, sin dejar claro si nos íbamos a ver o no.

Llegando ya al hotel y cuando nos quedamos solos, borró la sonrisa de su boca, y me dijo.

—No te creas que he terminado contigo, de esta te vas a acordar, pero bien.

A mí, se me volvió a caer el cielo a los pies, pensaba que aquel maravilloso aplauso que le propinó la cala a mi Ama, por aquella especie de sesión de Dominación que improvisó conmigo, la habría calmado algo, pero por lo que vi en sus ojos, el cabreo seguía vigente.

Llegamos a la habitación y me dijo que le preparara un buen y relajante baño, así que llené la bañera de sales y agua bien caliente como a ella le gusta, y le dije que ya estaba todo listo.

La verdad es que estaba deseando meterme con ella, pero no sabía si lo aprobaría o no, así que opté por preguntarle, su cara de enfado me hizo más prudente.

—¿Quiere mi Ama que me meta en la bañera para ayudarla?

Me miró con cierta displicencia mientras acababa de desnudarse, y me dijo muy seria.

—¿Para esto si me pides permiso Ramón? Para quedarte en bolas delante de todo el mundo no me dices nada, y ahora para esto sí me pides permiso?

—No sabe usted cuanto lo siento…

—Cállate, hazme el favor de callarte que estoy ya un poco harta de excusas.

Yo realmente no recordaba haberle hecho alguna trastada a mi Ama últimamente, pero sabía que el ambiente no estaba para muchas tonterías, así que opté por bajar la mirada y esperar acontecimientos.

—Desnúdate y entra, anda, pero no pienses ni por un segundo que vas a disfrutar, vas a trabajar, así que más vale que te apliques.

Así que me desnudé como un rayo y me metí en la bañera dispuesto a enjabonar a mi Señora y hacerme todo lo que me pidiera, empecé por verter bastante gel en una esponja y empezar a darle por todo el cuerpo, ella estaba recostada, y se dejaba hacer, no dejaba de mirarme enfadada, levantaba un brazo y yo le pasaba la esponja por la axila, levantó el otro brazo y repetí la operación, entonces subió una pierna al borde de la bañera, yo intuí que quería que ahora le pasara la esponja por su maravilloso coño, pero en vez de hacerlo le pregunté.

—Plasssssssssssssssssssss. Pues claro, ahora vas a estar haciéndome ahora preguntas por todo?

Me dio un buen guantazo, pero lo di por bueno porque de nuevo estaba acariciando lo más preciado de mi Ama, y no estaba ni medio minuto acariciándoselo con la esponja, cuando me dio otra guantada y me dijo.

—¡¡¡Comételo!!! Hijo de puta, que te voy a matar a palos.

Me lancé a devorar aquella exquisitez que me había comido hacía apenas media hora en la playa y con un par de decenas de espectadores, los dos queríamos más, mi Ama estaba furiosa conmigo porque tenía ganas de que la follara, pero no quería darme ese placer, ni siquiera con la prohibición de correrme, así que mientras se lo comía no dudaba en azotarme la cara con la mano abierta, me abofeteaba sin lástima, mientras yo me afanaba en lo mío, y parece que no lo hacía mal, porque pronto la oí gemir y me dijo con voz entrecortada.

—Fóllame el culo con los dedos, estás castigado, si te hubieras portado, me follarías bien follada, pero así te jodes, imbécil PLASSSSSSSSSSSSSSSSSS.

Días más tarde, una vez en casa mi Ama me confesó que en aquel momento en la bañera estaba  muy enfadada conmigo, y por eso no dejó de abofetearme e insultarme, porque lo que de verdad a ella le hubiera apetecido era follar salvajemente como una pareja normal, pero no me iba a permitir después de mi torpeza en la cala, disfrutar ni un ápice.

El caso es que tuve la suerte de proporcionarle un orgasmo tan intenso que tuvo la virtud de relajarla, y olvidar, de momento, su enfado.

Tras secarla le puse un albornoz y  me pidió sus zapatillas, me dio un vuelco el corazón porque pensé que me tocaba una buena paliza, pero me equivoqué, en aquella ocasión sólo era la manía de mi Ama de no andar descalza en los hoteles, ni siquiera le gustaban las chanclas, ella mismo se encargó de echarse en la maleta unas  zapatillas que le encantaban, bueno, que nos encantaban.

Pero en esta ocasión no hubo azotaina, lo que hizo mi Señora fue acostarse en la cama, desnuda como vino al mundo y me dijo, voy a dormir que estoy muy cansada, a las ocho me despiertas, y no se te ocurra acostarte en la cama hasta que yo te lo diga.

—Si mi Ama.

La siesta que se pegó fue reparadora y le sentó de maravilla, yo mientras desde el sillón estuve admirándola y recreándome en cada curva de su cuerpo, en cada pliegue, fui repasando sus lunares, su pelo, sus uñas, su todo, hasta que yo también caí en un duermevela que hizo que se me hiciera para despertarla.

—Ama, las ocho y cuarto, me he quedado dormido, lo siento.

—Mmmm que bien me ha sentado la siesta. Anda que vaya día que llevas, luego arreglaremos cuentas tú y yo, y ahora ayúdame a vestirme.

Le ayudé a ponerse su ropa interior, un conjunto de lencería negro tan bonito como excitante,  acompañado de unas medias negras con ligas a medio muslo que le daban un toque dominante y sexy a la vez, y como vestido optó por uno gris perla con puntos negros que era muy elegante. Se dio una vuelta por la habitación con ese atuendo y en zapatillas, y me preguntó.

—¿Qué tal?

—Ya sabe mi Ama que la adoro, pero de verdad que está absolutamente deliciosa, no puede ir más elegante, cuando se ponga esos zapatos de charol va a estar imponente a más no poder.

Entonces se sentó en una silla que había en la amplia habitación de aquel hotelazo, cruzó una pierna sobre la otra y la zapatilla se le quedó bailando en el pie, era una zapatilla destalonada, color granate, el material era como terciopelo brocado, con una suela de goma fina y bastante dura que hacía el culo añicos, yo ya la había probado, e intuía que me quedaba poco para volver a hacerlo.

—Dámela.

Fue su escueta respuesta, y me arrodillé ante ella, le saqué la zapatilla de su pie izquierdo, algo raro, porque ella siempre se descalzaba su zapatilla derecha, y se la di mirándola con recelo a los ojos de lo que se dio cuenta rápidamente, por lo que cómo una centella, y ya con su zapatilla en la mano, volvió a decirme.

—Mírame.

La miré a los ojos, esperando que en cualquier momento me abofeteara la cara con aquella chinela preciosa, pero lo que hizo fue preguntarme.

—¿Se puede saber qué te pasa hoy?

—No lo sé mi Ama, no doy una, desde que me desnudé en la cala, no doy una, no sé qué hacer para que me perdone, y cada vez que intento algo, lo hago peor.

—Bésala

Me ofreció la suela negra y empecé a besarla, lo hacía con devoción, tras besar la suela, le dio la vuelta a la zapatilla y besé el brocado granate, después me puso en la boca la zona interior, la que estaba en contacto directo con su pie, me encantaba aspirar el olor de sus pies, embriagarme con aquella fragancia para mí maravillosa, me tuvo así, a sus pies unos minutos, y entonces me dijo con voz pícara.

—¿Te gusta mi zapatilla eh?

—Muchísimo mi Ama, la zapatilla me encanta, pero lo que más me gusta es que es suya, me encanta olerla, porque así estoy oliendo a mi Ama.

—¿Te crees que por ser zalamero te vas a librar del palizón que te voy a dar?

—Por supuesto que no mi Ama, pocas palizas me habré merecido más que esta.

Entonces con esa imprevisibilidad que a veces tiene mi Señora que me encanta, dejó caer la zapatilla al suelo, se calzó y yéndose hacia el baño me dijo.

—Voy a pintarme, sácame los zapatos del armario, y vístete rápido, que me apetece una cerveza en el bar antes de la cena.

Aquello me sonó a gloria bendita, sobre todo porque yo sabía que mi Ama me había perdonado, o al menos estaba empezando a hacerlo, aunque aquello no me iba a librar de una buena paliza, lo único que hacía era aplazarla, pero eso era lo de menos.

Cuando estuvo lista, estaba realmente espectacular, iba maquillada, y como no estaba acostumbrado a verla así, pues me pareció aún más imponente, sobre todo cuando se subió a sus zapatos de tacón acharolados.

Íbamos andando por el hall, y la gente nos miraba, bueno, miraban a mi Ama, que me llevaba agarrado de mi brazo izquierdo como si fuera suyo, más que nada porque era realmente suyo. En nuestro paseo hasta el bar pude oír un par de comentarios, del tipo, son los de la azotaina con la chancla en la playa, o mira, es la Señora que ha meado a su sumiso…

A mí aquellos comentarios no hacían más que enorgullecerme, así que llegamos al bar más anchos que largos, busqué un taburete para mi Ama, la ayudé a sentarse, y pedí un par de cervezas bien frías, no podía ser más feliz en aquellos momentos.

Durante la cena se anunciaron varios eventos para los próximos días, el más destacado era una carrera de pony-girls, se iba a hacer de pony-boys, pero no había sumisos suficientes, por lo que se decidió hacerla sólo de chicas tirando en un carro de sus Amas, sería en un circuito de arena, y tenía pinta de ser una prueba muy dura para las pobres sumisas.

Tras la cena, vino a saludarnos precisamente la mujer que estaba en la playa cabalgando a su sumisa, y supuestamente entrenando para este tipo de pruebas, la verdad es que era una mujer realmente imponente, alta, recia, musculada, sobre 1.80 de altura, y  le sacaba casi dos cabezas a su sumisa, que no pasaba del 1.55, aunque eso sí, se la veía bastante fuerte, más de lo que me pareció en la playa, era rubia muy guapa, y sólo miraba al suelo o a su Ama, se veía que le tenía verdadera devoción.

—Pues yo no he perdido ninguna carrera nunca, me encanta ganar, y siempre lo hago.

—Bueno tú y tu chica, si tu chica no corre, tú no ganas— Le dijo Ángeles que estaba junto a mi Ama.

—No es mi chica, es mi perrita, y siempre gano, por la cuenta que le trae… y mirando a su mascota le dijo ¿verdad cosita?

La verdad es que la actitud de la corpulenta Dómina era chulesca y bravucona, contrastando con la humildad y docilidad de su sumisa, que enrojeció ante el comentario de su Ama y miró el suelo, a la vez que se arrimaba más a su Señora como buscando su protección, que le llegó en forma de  caricia en la cara, como si de una perrita se hubiera tratado.

Bueno Señora, un placer conocerla (le dijo a mi Ama), en cuanto a usted (refiriéndose a Ángeles), veo que tiene yegua, sería un placer ganaros en la carrera.

– No es una yegua, es mi sumisa, y se llama Nuria, en cuanto a la carrera jamás hemos hecho algo parecido, pero si nos lo planteáramos, igual te llevabas una sorpresa.

—No te lo crees ni en sueños, querida jajajaja, buenas noches

 Y allí nos quedamos los cuatro viendo cómo se alejaban hacia la pista de baile que empezaba a llenarse.

—Será impertinente la muy… —dijo Ángeles, que pese a ser una Señora con clase y educación estuvo a punto de perder los papeles e insultar a aquella estirada.

—Si quiere nos apuntamos Señora, le juro que lo daré todo para ganarles a esas presuntuosas; dijo Nuria con ganas de agradar a su Ama.

—Gracias cielo, pero no, además he oído que estas carreras siempre las gana la amazona más dura, y las pobres chicas que hacen de pony acaban fatal, y sabes que a mí no me gustan las salvajadas, y no es lo mismo una azotaina con la zapatilla que una paliza con la fusta o con el látigo.

—Bueno chicas, nosotros nos retiramos, que yo estoy cansada— dijo mi Ama, dando por concluida aquella conversación, aunque la pizpireta Nuria le replicó diciendo.

—No por favor, quedaros un poquito más, sólo una copa, y bailamos un poquito, ¿vale?

—No no, nos vamos ya, además tenemos que ajustar cuentas todavía, antes de irnos a la cama.

Este comentario que hizo mi Ama mirándome seria, hubiera sonado duro a oídos de cualquiera, pero a mí me pareció música celestial, ya sabía que ajustar cuentas suponía muy probablemente una muy dura azotaina, pero sin embargo en mi mente sólo resonaba la expresión “irnos a la cama” aquello significaba que dormiría con mi Ama, ambos en la misma cama, y es posible que tuviera suerte y me dejara adorarla de cualquier manera.

—Cuando quiera mi Ama nos vamos.

—Pues ya.

Se levantó, me volvió a agarrar del brazo y me llevó hasta los ascensores donde me dijo:

—Te veo muy contento, ahora cuando arreglemos cuentas tú y yo y mi zapatilla a lo mejor no estás tan alegre, ¿no te parece?

—Estando con mi Ama, estoy siempre contento, y ya sé que hoy he hecho cosas para merecerme una buena paliza, así que cuando mi Señora me la dé, me sentiré a gusto.

—Pues estate tranquilo, que si es por la paliza, te vas a quedar pero que bien a gusto, no te preocupes.

Llegamos a la habitación y nada más, llegar mi Ama se descalzó sus elegantísimos zapatos, y se calzó sus zapatillas.

—mmmm, que gusto, después de un orgasmo, lo mejor es quitarse unos zapatos de tacón jajaja.

Fue entonces cuando Pepi se sentó en un pequeño sofá que había en medio de la habitación, y volvió a cruzar una pierna sobre otra como en ella era característico, esta vez fue la derecha encima de la izquierda, y tocando el sofá para que me sentara a su lado me dijo.

—Ahora siéntate aquí y cuéntame lo que ha pasado está mañana en la playa.

—Pues nada Ama, que he sido un estúpido y me he dejado llevar por los comentarios de Nuria, y también por algo que ha comentado Ángeles, y al final, he hecho algo sin querer.

—¿Pero tú es que eres tonto? Si te dicen que te tires a un pozo, te tiras, ¿no?

—Lo siento muchísimo Ama, me ha faltado personalidad, pero le juro que de esta aprendo, se lo aseguro.

—De eso me encargo yo — Y dando una patadita con la pierna que tenía colgando, dejó caer su zapatilla al suelo, que sonó compacta al caer el suelo, y no tuvo que decir nada, me miró y seguidamente me indicó con su barbilla hacia donde había caído la zapatilla, yo ya sabía lo que tenía que hacer, así que me levanté como un resorte, recogí la zapatilla del suelo, y se la entregué en mano.

Sólo tuvo que mirarme, para que empezara a quitarme la ropa como un poseso, por si acaso me la quité toda, hasta los calcetines, y me tendí sobre su cálido regazo, se había subido el vestido para estar más cómoda, y una vez que me eché sobre ella, me reacomodó a su gusto, y empezó a acariciarme el culo con la suela de su zapatilla.

—Cada vez que me acuerdo de que te has desnudado delante de otras mujeres, sin mi permiso… PLASSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS, me hierve PLASSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS, la sangre PLASSSSSSSSSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS.

Puedo asegurar que se le notaba la rabia que tenía en los zapatillazos que me dio, me hacían saltar literalmente encima de ella, creo que ha sido la paliza donde he empezado antes a llorar, me pegaba unos cuantos zapatillazos, y descansaba acariciándome el culo con la suela, y después otros cuantos zapatillazos, más, y más caricias.

—¿Tú es que no tienes Ama? PLASSSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSS

Ya sé que esto lo he dicho algunas veces, pero no creo que me haya dado mi Ama muchas palizas más duras que esta, la piel estuvo restallando bajo aquella suela de goma convirtiéndose la noche para mí en un auténtico infierno, los azotes se alternaban con severas reprimendas, y duras advertencias, y yo sólo respondía con alaridos, lloros, y promesas de no hacerlo nunca más.

—Soy tu Ama Ramón, tu Ama, PLASSSSSSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSSSSSSS , y tú haciendo lo que te la gana con otras PLASSSSSSSSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSS te mato esta noche, te mato a palos.

Pese al aire acondicionado, estábamos los dos sudando, y mi culo hecho un auténtico poema como más tarde tuve la oportunidad de comprobar, mis muslos aunque algo mejor que mis nalgas también me dolían  horrores, en lo que me quedaba de vacaciones no me iba a poder sentar con normalidad. Pero por fin mi Ama, ya jadeando de cansancio, me dijo:

—De rodillas… y ¡¡¡mírame!!!

—Si hay próxima vez, olvídate de mí, ¿estamos?

—Si mi Ama, le juro que nunca más haré  nada así sin su permiso ni su consentimiento.

Entonces levantó su mano derecha, aún armada con su zapatilla, y me dio un zapatillazo en la cara que me dejó la suela marcada hasta el día siguiente, para acto seguido ponerme la suela en la cara para que la besara y así dar por concluida aquella tremenda azotaina.

—Ahora vente a la cama que tienes trabajo.

Me fui con ella, y empezamos a besarnos, fui desnudándola poco a poco, hasta que se quedó solo con las medias negras, entonces empecé a lamerle las axilas, a mi Ama cada vez le gustaba más eso, y sus gemidos eran gloria bendita para mí, de las axilas, me fui a sus pechos, y de ahí me fue llevando casi a empellones abajo, quería que me bajara al pilón, y yo lo quería más aún, así que me lancé a aquel coñazo molletudo y sabroso, y allí lo dí todo, me gustaba usar mi larga y dura lengua para reventarle su clítoris, se notaba que mi Señora estaba caliente, me pegaba tirones de pelo para que me afanara, hasta que tras pocos minutos haciendo todo lo que sabía logré que se corriera, fue tan espectacular, que cruzó sus piernas sobre mi cuello, y casi me lo parte de lo fuerte que lo hizo, pero lo importante, que era su orgasmo, ya estaba conseguido.

Acabamos derrengados  los dos, me llamó a su vera, y allí me beso, fue un beso tierno, como para agradecerme, aunque ambos sabíamos que no me tenía que agradecer nada ni mucho menos, si acaso al revés.

Seguimos hablando de otras cosas, desnudos y tendidos en la cama uno junto a otro, y en un momento determinado empezó a acariciarme mi pierna con su pie enfundado en su media negra, ese pie cada vez subía más, hasta que acabó acariciándome mis partes, aquello ni que decir tiene que me puso como un toro, llevaba tiempo sin correrme, y para más inri había tenido un día con un nivel de excitación brutal, cuando mi Ama jugueteaba con sus dedos del pie con mi escroto acariciando mis testículos, mi polla ya no podía estar más dura.

Entonces echándose sobre mí y mientras me besaba y lamía la cara me dijo.

—Ahora te vas a follar a tu Ama, creo que me lo merezco, ¿no te parece?

—Claro que sí mi Ama, será un honor, no sé como agradecerlo.

Y mientras me llenaba la cara con su saliva fue colocándose a horcajadas sobre mí, me cogió la polla con su mano, y elevando su pelvis busco mi cipote para empalarse en él, y conforme se iba clavado me dijo.

—Ahora tu Ama te va a follar, y nada de correrte, sigues castigado ya lo sabes.

Una puñalada no me habría dolido más, no sólo porque estaba deseando correrme y más dentro de mi Ama, sino porque sospechaba que no aguantaría sin correrme en un polvo con mi Señora en las condiciones que estaba, y no me agradaba la idea de decepcionarla otra vez.

Empezó a cabalgarme, mientras yo me había colocado como recostado con la espalda apoyada en el cabecero de la cama; el roce de sus medias en mis piernas, y en mis partes hacía que la excitación creciera hasta límites insospechados.

—Ama, hummmmmmmmmm no sé si voy a aguantar.

—Bésame.

Me incorporé un poco para besarla, y al hacerlo, me mordió un labio hasta hacerlo sangrar, me dolió horrores, pero al menos sirvió para que no me viniera.

—Si te corres te mato, mmmmmmmmmm, aguanta, aguanta, aguanta, dame duro, así siiiiiiii siiiiii siiiiiiii siiiiiiiiiiiiiiiiii siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii

Y echando la cabeza atrás  se corrió como una diosa, dejándome sus pechos con los pezones duros como piedras a mi merced, y no me atreví ni siquiera a besarlos por temor a correrme como un auténtico animal, lo que aún hoy  no me explico, es  cómo pude hacer ese ejercicio de autocontrol para poder aguantar aquel momento tan crítico.

—¿Quiere mi Ama, que la limpie?

—Quiero que sepas que estoy orgullosa de ti cariño.

Se me iluminó una sonrisa al oír aquello, primero porque mi Ama no era muy dada a palabras cariñosas, y segundo porque aquello suponía definitivamente el perdón por lo acaecido en la cala.

—Tengo la mejor Ama del mundo, ¿se lo he dicho alguna vez?

—Eres muy zalamero, ya lo sabes, pero ahora quiero complacerte.

Y me miró con un brillo especial en los ojos.

—¿Quieres correrte dentro de tu Ama?

Salté como un poseso para comérmela a besos, ella también se reía, se la veía feliz, algo que me agradaba sobre manera, y en esas estábamos cuando me agarro mi estaca con la mano, y me dijo.

—Quiero que me comas el culo, y después me la metas hasta partirme en dos, ¿me oyes?

Ver a mi Ama encendida de deseo me encendía a mí aún más, así que sin ni siquiera pedirle permiso, me amorré a su culo y empecé a comérselo, le daba lengüetazos de todos los colores, movía mi lengua en vertical, en horizontal y en círculos, hasta que la penetré con todo lo que me permitían sus cachetazos, ella pronto se puso a mil, y poniéndose a 4 patas y con tono imperioso me dijo.

—Fóllame ya, métemela.

No tuvo que pedírmelo más, me cogí el miembro, y lo puse en su mojado agujero que se abría y cerraba de puro deseo, me encantaba que mi Ama aquella noche estuviera insaciable, así que la tomé de las caderas, y empecé a penetrarla, poco a poco, le metí la mitad, y se la saqué para después penetrarla de golpe, pero al sacarla, ella con su mano derecha, me dio un azotazo en el muslo, zassssss y me dijo.

—No vuelvas a sacármela, dame y dame duro.

Así que empecé con un mete saca despacio para ir cada vez más rápido, los muelles de la cama empezaron a sonar a la vez que nuestros gemidos, agarré los pechos de mi Ama, mientras que la bolsa de mis testículos azotaba su coño, mi Ama dio un alarido echando la cabeza hacia atrás, le pedí permiso para correrme, me grito que sí, y aquello fue el pistoletazo de salida a una serie de convulsiones que derivaron en unas tremendas corridas tanto de ella como mías, noté mi semen caliente, espeso y muy muy abundante salir e inundar el culo de mi Dueña y Señora, las convulsiones no paraban, hasta que poco a poco nos fuimos relajando y tranquilizando sobre aquella enorme cama.

—Quítame las medias y abrázame, estoy muy cansada, quiero dormir llena de ti.

¿Cree el lector que podría haber alguien más feliz que yo en la faz de La Tierra en aquel momento? Yo tampoco.

 

 

Autor: slipper

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