FEMDONIA – LA RECOGIDA DE LA OLIVA

A mediados de noviembre nos fuimos a la casa del campo de mi Ama, había que recoger la aceituna. Estaba situada en el pueblo, pero ya saliendo, como en las afueras y junto al caserón, tenía una pequeña finca con olivos. Mi Señora gustaba de ir cada año para la recogida de la oliva, ella no participaba directamente, pero sí que estaba ahí, siempre decía que “el ojo del ama engorda al caballo” así que un jueves por la tarde me dijo:

—Prepara las cosas que mañana nos vamos al campo, he hablado con Brígida, y me ha dicho que mañana empiezan.

—Pero ¿no era la semana que viene?

—Al final se ha adelantado, y nos vamos mañana, además se viene también mi Pedro, el año pasado ya me lo llevé, tiene que aprender lo que es trabajar duro.

Era una casa de campo grande, con un gran patio tapiado exterior, que daba un aspecto de caserón manchego. Llegamos ya de noche, y Brígida, que era un poco ama de llaves y encargada de la pequeña finca que perteneció a mi suegra y ahora pertenecía a mi Señora, puso en antecedentes a ésta y le dio novedades tanto de la finca como del pueblo, ese tipo de cotilleo encantaba a ambas.

—Todo el mundo a la cama, que mañana hay que madrugar, Pedro a las 7 estará toda la cuadrilla en la puerta, y te quiero con ellos, ¿estamos?

—Si mamá.

Entonces me dijo a mí

—Vámonos, que tú y yo también tenemos que madrugar, mañana tenemos zafarrancho, hay que extractar toda la casa y limpiar y ordenar todo el almacén.

Nos fuimos a la habitación de matrimonio, y allí nos acostamos en una cama con más de 50 años, como atestiguaban todos los muelles que sonaron cuando nos sentamos en ella para acostarnos. Noté a mi Ama con ganas de fiesta, así que pronto empecé con los primeros arrumacos, comiéndomela a besos, pero aquello se oía muchísimo y una vez que se me subió a horcajadas para follarme como a ella le gustaba, es decir cabalgándome, llevando ella las riendas, aquella vieja cama estuvo a punto a desvencijarse haciendo un ruido tremendo, así que aunque con mala gana me descabalgó y dijo:

—Menuda mierda de cama, vaya un escándalo aquí no hay quien haga nada, mañana mismo quiero que intentes arreglarla y habrá que mirar un somier nuevo.

Era evidente que mi Ama no quería que su hijo oyera como me follaba, su habitación estaba pegada a la nuestra, y nunca le gustó que ninguno de su hijos oyeran nuestras maniobras orquestales en la oscuridad, y no había manera de disimular aquel inconfundible sonido, así lo que hizo fue apremiarme a satisfacerla de otra manera, y aquella no era otra que bajándome al pilón, y eso hice, me metí bajo las sábanas, y metí mi cabeza bajo su camisón de raso azul, me encantó notar el coño tan mojado, y me afané, usé todas mis mejores técnicas, y mi Ama de vez en cuanto me pegaba pequeños bofetones como apremiándome, pero yo en el fondo se cómo ella lo quiere, que no es de otra forma que calmado y sobre todo bien hecho, muy bien hecho, y eso hice, y a fe que lo conseguí porque mi Señora se corrió de una forma desmesurada mientras mordía la almohada para no gritar y me clavaba los talones en mi espalda.

Aquella noche no me corrí, pero me conformé con dormir pegado a ella, y guardando mi potencia sexual para posteriores encuentros, que seguro que vendrían y a no mucho tardar.

Como dije antes, esa casa mi Señora la heredó de su madre, era una casa rústica, de campo, con muebles provenzales, en el comedor y la cocina, y directamente antiguos en el resto de la casa, pero como ya sabéis, a ella no le gusta gastar, y no era partidaria de
modernizar y reacondicionar la que fue la casa de su infancia. Había dos patios, uno interior y otro digamos que exterior, que daba al lateral de la vivienda, y en ambos había mucho que arreglar, ordenar y limpiar, así que cuando desayunamos, Pepi mandó a su hijo a que ayudara a la cuadrilla del pueblo a recoger la oliva y ella y yo nos pusimos con el zafarrancho.

—Ramón ve a la habitación pequeña que hay en el patio, y me traes unas zapatillas que hay por allí, que esas me valen para estar por aquí limpiando.

Me encantaba la costumbre de mi Señora de mantener sus zapatillas de estar en casa perfectamente limpias, por eso apenas salía a la calle con ellas, y en este caso, tenía unas ex profeso para hacer las tareas más sucias como limpiar fuera de casa, y cosas más rústicas.

Entré al cuarto donde me mandaron y efectivamente allí estaban dentro de un armario, no eran nuevas, pero sí que las guardaron allí recién lavadas tal como me dijo, eran las típicas zapatillas de cuadros, de felpa, con la suela de goma amarilla, en este caso era mayoritariamente roja, con cuadros en diferentes tonos.

No pude evitar olerlas, aspiré fuerte, y aunque levemente, adiviné el olor a pies de mi Ama, tampoco pude evitar lamer la suela rugosa, y para terminar me di un azote con ella en el culo, y buff picó más de lo que esperaba, mi Señora no se compra ni una suave, en esto casos nunca me defrauda, la adoro.

Cuando se las llevé, estaba en la cocina, me las quitó de la mano las dejó caer al suelo, y dando una patadita se quitó las chinelas que llevaba puestas, y se metió estas en los pies dejándoselas momentáneamente en chancla, aunque enseguida con su gracia habitual levantó una pierna y se la calzó bien ayudándose de su dedo índice, y seguidamente hizo lo mismo con la otra mano y la zapatilla del otro pie, cogió las otras zapatillas y empezó a darme indicaciones de lo que teníamos que hacer esa mañana.

Iba con una falda gris por las rodillas, medias color carne, una camisa blanca y una chaqueta tipo rebeca de hilo granate y abrigada, aunque la llevaba abierta, me encantaba su atuendo, en aquel momento estaba muy ocupada en organizar el día, y no paraba de parlotear, seguramente en otro momento me hubiera hecho algún comentario de las zapatillas que acababa de ponerse, algo así como “ mira lo que tengo aquí, aplícate si no quieres probarlas” o algo parecido, pero ya digo que estaba tan abstraída en sus cosas, que no me dijo ni media. Lo que sí que hicimos fue una buena limpieza de ambos patios, ordenamos el cuarto donde había recogido las zapatillas, limpiamos toda la casa, y gracias a una gestión que hizo Pepi con una vecina, nos trajeron un somier para la cama, a esto le añadimos una fina tabla bajo el colchón y la cama mejoró ostensiblemente, tanto en comodidad como en ruido, apenas se oía nada al estar sobre el colchón, cuando lo estábamos probando sentados, y delante del vecino que nos trajo tanto el somier como la tabla, mi Señora me miró mientras que parecía estar pensando algo así como que esta noche me iba a dar guerra en aquel catre, y yo no podía estar más complacido.

Ya cerca del mediodía mi Señora estaba terminando de hacer la comida mientras yo terminaba de pintar una de las paredes del gran comedor-cocina que estaba en la entrada de la casa, cuando llamaron a la puerta.

—¿Que pasa Brígida?

—Pues mira, resulta que parece que tu hijo…

Yo realmente estaba lejos y con el ruido de extractor de la cocina no oí bien lo que pasaba, lo que sí que pude ver bien fue la cara de preocupación de la pobre mujer, que parecía pasarlo mal contando lo que estaba contando.

—Me cago en la madre que lo parió, este se va a enterar.

Entonces Pepi, que tenía una mano en la puerta de entrada, la cerró un poco, y cogió una vara de olivo que había colgada en la propia puerta. El mero hecho de tener la vara colgada en la puerta era algo que me fascinaba, el instrumento de castigo presto para el correctivo, así era Femdonia, y así era mi Ama.

Cuando la primera vez que fui a aquella casa le pregunté por la vara solo se limitó a decirme:

—¿Quieres probarla?

El caso es que mi Señora agarró la vara, la descolgó de la púa donde estaba colgada en la puerta, y salió como una centella de la casa, ni siquiera me dijo nada, tal era su enfado. La vi por la ventana avanzando por el patio lateral hacia el exterior, llevaba cara de determinación, su paso era muy rápido y apenas atendía lo que le decía su amiga Brígida que correteaba detrás de ella, por la cara que llevaba lo sentí mucho por el pobre Pedro.

La cuadrilla estaba muy cerca de la casa, así que en un santiamén ambas mujeres llegaron al sitio, poco antes de llegar Pepi ya había localizado a su hijo con la vista, el pobre se aterrorizó al ver a su madre vara en mano y avanzando hacia él con grandes y rápidos pasos, no podía quitar la vista de la vara, sabía perfectamente lo que se le venía encima, y efectivamente pasó, pero antes su madre se interesó por la chica que había en el suelo

—¿Cómo está esta muchacha?

—Está bien Pepi, no ha pasado nada, yo creo que ha sido un malentendido. — Le dijo otra de las mujeres de la cuadrilla que hacía las veces de segunda de la cuadrilla.

—¿Un malentendido? a este lo mato yo a palos, ¿Dónde estás? Ven aquí ahora mismo!!!… Nada más alcanzarlo, empezó a fustigarlo con la vara.

—Flashhh flashhhhhhhh flashhhhhhh flashhhhh, (el silbido de la vara precedía al sonido del propio azote) golfo, más que golfo, ¿pero tú es que no vas a aprender nunca? Flashhhhhhhhhh flashhhhhhhhhhhhhh flashhhhhhhhhhhhh flashhhhhhhhhhhhhhhhh flashhhhhh.

Delante de toda la cuadrilla le dio no menos de 15 o 20 varazos que se clavaron en las posaderas y en los muslos del pobre Pedro que se moría de dolor y vergüenza por estar siendo apaleado enfrente de todo el mundo, incluida la chica que le gustaba, y por la que estaba recibiendo aquella azotaina, y todo debido a un malentendido, pero su madre no atendía a razones, así que cuando se hartó de darle, le dijo:

—No te creas que he terminado contigo, delante de mí para la casa, que allí te lo voy a terminar de “explicar”, entonces empezó el “Vía Crucis” para Pedro, su madre lo llevó los 200 metros que separaban la casa de donde estaban a varazo limpio, iban andando, la madre sujetaba al hijo de una mano y con la otra le arreaba… flassssssssshhh, tira delante de mí, flashhhhhhhhhhh me vas a matar a disgustos¡, flassssshhhh, te voy a enseñar yo a respetar a una mujer flashhhhhhhhh…

En el trayecto el pobre muchacho recibió otra paliza, pero su madre no contenta con ello, cuando llegó al gran patio interior que estaba en el lateral de la casa le hizo una pregunta que no pude entender, la respuesta no debió ser satisfactoria, ya que mi Ama empujó a su hijo sobre una gran mesa de madera que había junto a la pared, le bajó el pantalón y el calzoncillo, y empezó a zurrarle de nuevo. El culo y los muslos estaban ya como un tomate, pero ahora la vara de olivo se clavaba directamente en la piel del muchacho, pronto empezaron a verse una especie de verdugones en las nalgas.

Sé que puede parecer depravado, pero me excitaba muchísimo ver la imagen de mi Ama azotando a su propio hijo, vara en mano, cuando lo hacía levantaba el talón de su pie derecho quedándose su zapatilla de cuadros solamente apoyada en el suelo por la punta y viéndose toda la suela amarilla, la estampa era formidable. Pero los alaridos del pobre Pedro me sacaron de aquella nube y salí al patio a detener aquel palizón aunque me costara a mí otro mayor, cuando salía, llegaba también Brígida para parar esa carnicería, aunque no hizo falta, fue mi Señora la que lo paró, con la vara en la mano le señaló el camino de dentro de la casa, y el pobre chaval se fue medio arrastrando y medio subiéndose la ropa para dentro de la casa.

—Pepi, me ha dicho una de las mujeres, que seguramente no ha sido una agresión, ha podido ser un accidente, la muchacha está inconsciente, y la han llevado al centro de salud, pero no es nada grave, en cuanto esté bien, ella misma lo contará.

—Más le vale que haya sido un accidente si no quiere que lo mate.

—Le has dado una buena paliza mujer, vamos a ver lo que ha pasado —dijo Brígida en tono conciliador.

No había pasado ni media hora cuando Lola, que así se llamaba la muchacha accidentada llamó a la puerta de la casa.

—Hola muy buenas, quería hablar con usted Pepi.

—Hola, pero no me llames de usted mujer, como estás tú, eso lo primero.

—Estoy muy bien gracias, sólo ha sido un golpe, y un susto, y vengo a decirle que todo ha sido un malentendido, muy mala suerte.

—Espera un momento… Pedroooo, sal y ven aquí ahora mismo.

—Voy mamá.

El chico estaba en su habitación tumbado en la cama bocabajo rezando para que se aclarara todo y que su madre no lo terminara de mondar a palos, así que en cuanto oyó a su madre se subió el calzoncillo y el pantalón y salió.

—Hola Pedro.

—Hola Lola.

—Bueno, veo que os conocéis, intervino Pepi.

—Si nos conocemos Señora, y la verdad es que nos llevamos muy bien, y estábamos hablando de ir al baile de esta noche, cuando Pedro se resbaló de la rama donde estaba y cayó desde lo alto con la mala suerte de que cayó de cabeza sobre la mía, todo eso de que me agredió es una mentira como un piano.

—Ya hablaré yo con Brígida, porque menudo palizón le he dado al pobre de mi hijo sin culpa ninguna.

—No estoy muy segura, pero creo que ha sido la sobrina de Brígida, que lo ha dicho por malmeter, ahora cuando venía para acá, pasaba por su casa y tenían una buena montada, como haya sido así, le aseguro que Brígida le va a dar lo suyo.

—No espero menos de ella, es una buena mujer.

—Por cierto, me ha dado recuerdos para usted, para ti perdón, mi madre, no sé si se acuerda que yo soy hija de Carmen.

—Anda claro, Carmen es muy amiga mía, madre mía y tú estás hecha ya una mujer, te hacía mucho más pequeña.

—Soy de la edad de tu hijo.

—Ah mira muy bien, y qué es de tu madre, hace mucho que no sé de ella.

—Trabaja en la capital, en una fábrica de zapatos, allí es la encargada, y viene los fines de semana, pasa la semana fuera, precisamente llega esta tarde, y me ha dicho que si mañana estáis aquí todavía que le gustaría verte.

—Claro que sí, hace mucho que no la veo, y tenemos que ponernos al día.

—Y otra cosa, me gustaría pedirle que dejara que Pedro venga esta noche al baile, ya le  digo que no ha tenido culpa de nada.

—Pues claro que lo dejaré, iba a estar castigado un par de semanas, pero si no ha tenido culpa…

Pedro se ruborizó al oír de boca de su madre que iba a esta castigado ese tiempo.

—Mamá no hace falta que le digas…

—¿No hace falta que le diga qué? ¿Que te castigo? ¿Que te pego? Yo creo que Lola ya ha visto lo que hay…

Pedro se puso aún más rojo, aquella chica le gustaba, y su madre ahora le iba a contar todo lo que le avergonzaba, conocía a su madre, y sabía que se iba a ir de la lengua, a ella le encantaba hablar de estos temas.

—Mira Lola, en mi casa manda ésta — Pepi estiró y levantó el pie hacia delante y todos pudimos ver su zapatilla, y la suela amarilla impecablemente limpia pese al paseo que se había dado por el campo…mi Pedro ya sabe, que a la más mínima hay zapatilla, y si
me hace alguna gorda, vara, ya lo has visto esta mañana.

El chico ya no sabía dónde meterse, pero de alguna manera, su amiga lo tranquilizó dándole normalidad a aquello diciendo.

—En mi casa igual, mi madre también es muy de zapatilla, madre mía a mis hermanos les da cada una…

—Claro que sí, sé yo que mi amiga Carmen es de las mías, de la antigua usanza, y te digo una cosa, no conozco otra forma mejor para que vaya todo como debe de ir.

—Estoy de acuerdo, en mi casa mis hermanos son unos brutos, y si no fuera por la zapatilla de mi madre, aquello sería un desastre, bueno, y no sólo la de mi madre, yo también les doy lo suyo, menudos sinvergüenzas están hechos.

Al oír aquello Pepi se fue para Lola y le dijo:

—Me parece que tú y yo nos vamos a llevar muy bien, ¿Por qué no te quedas a comer?

—Ay, muchas gracias, pero no puedo, precisamente estoy a cargo de mis hermanos y no los puedo dejar solos para comer.

—Pues esta noche te vienes a cenar, antes de iros al baile.

—No quisiera molestar.

—No molestas, al contrario, puedes venir cuando quieras, y esta noche te espero para cenar… ¿a las 9 es buena hora?

—Es perfecta.

—Pues en eso quedamos.

—Bien ya me voy, que no sé lo que me voy a encontrar en mi casa cuando llegue.

—Si se ponen tontos, ya sabes (y Pepi movió su palma de la mano levantada hacia arriba de un lado a otro, en un claro gesto que todos sabíamos lo que significaba).

—De eso puede estar segura, jajaja, hasta luego.

—Adiós, hija encantada de conocerte.

—Igualmente Señora, ha sido un placer.

A mi Ama se le quedó cara de felicidad, estaba encantada con esa chica, y no lo podía disimular, su forma de expresarlo fue.

—No me disgusta esta muchacha.

Me lo dijo mirándome a mí, pero lo dijo para su hijo obviamente, y cómo éste no le decía nada, le dijo de una forma más tajante.

—¿Oyes lo que te digo?

—Sí mamá.

—Sí mamá, si mamá… ¿eso es todo lo que se te ocurre decir? Pues que sepas que muchachas como Lola hay pocas, pero muy pocas.

—Ya lo sé mamá.

—¿Pero te gusta? Hijo di algo por Dios ¡¡un poco de sangre en las venas!!

—Mamá, eso es cosa mía.

La mirada de Pepi a su hijo fue de las que fulminan, yo creo que si no fuera por la paliza que acababa de darle, por otro lado injusta, el pobre Pedro no se hubiera escapado de que su madre le diera de nuevo una paliza bien dada, pero de lo que no se salvó fue
de una dura reprimenda y unos buenos guantazos.

—¿Qué me has dicho?

—Nada mamá

—¡¡¡Ven aquí ahora mismo!!!

Pedro llegó con cara de cordero degollado donde estaba su madre que lo recibió con un bofetón que le volvió la cara.

—PLAFFFF ¿es cosa mía?

—Si mamá

—PLAFFFFF ¿es cosa mía?
—Si mamá

—PLAFFFF ¿es cosa mía?

—Si mamá, lo siento mucho.

—¿Esa es forma de hablar a tu madre?

—Perdóneme lo siento mucho, de verdad que no volverá a ocurrir.— Pedro cuando su madre lo castigaba, azotaba o reprendía pasaba a llamarla de usted, era algo automático.

—Que sepas que todo lo tuyo es cosa mía, todo, me oyes, todo, y lo único que hago es preocuparme por ti, desagradecido!!!

—Lo siento mucho.

—Y da gracias a que no descuelgo la vara otra vez, eso tendría que hacer coger otra vez la vara y darte una que mudes la piel… a ver si me muestras un poco de respeto.

La referencia a la vara acojonó al pobre chaval tanto, que no sabía que hacer o decir para no despertar a la bestia, la reacción de Pepi me pareció a todas luces exageradísima, pero claro no se lo iba a decir, por suerte no ocurrió nada más.

Comimos hablando de las tareas que nos quedaban por hacer, Pedro me ayudaría a una nueva tarea que me había encomendado mi Ama, que no era otra que adecentar la parte exterior de la pared del patio. Aquello nos llevó toda la tarde, cuando llegamos vi a mi Señora recién duchada, sentada en el sofá, con un programa de famoseo en la tele, mientras ella miraba cosas en el móvil, estaba con sus gafas de cerca, unas con una montura de pasta, rojiza y de forma ovalada, tenía las piernas cruzadas y jugaba con su zapatilla balanceándola en su pie derecho, me hubiera encantado arrodillarme delante de ella, y haberle lamido, los pies, las zapatillas, y todo lo que me hubiera permitido.

—Pedro ve a ducharte, enseguida haremos la cena.

—Si mamá

Cuando nos quedamos ella y yo solos me preguntó:

—¿Habéis terminado todo?

—Hasta que no termino todo lo que me dice mi Ama, no paro — le dije en todo de broma mientras me arrodillaba en la alfombra justo delante de ella.

—No me seas zalamero anda.

Yo por respuesta, lo que hice fue tomarle el pie y empezar a besárselo, más que le pie, besaba la zapatilla, era muy muy elegante, se había traído unas zapatillas maravillosas, negras aterciopeladas, abiertas por detrás, el empeine estaba enmarcado de una tira como de leopardo, y completaba la decoración un pequeño rectángulo metálico dorado en el empeine.

 

 

 

Desde mi posición arrodillado en la alfombra frente a mi Señora , la miré y me gustó muchísimo lo que vi, se había maquillado un poco, y todo el conjunto era muy elegante, se notaba que quería dar impresión a Lola, llevaba una falda ondulada y corta, por encima de las rodillas gris oscura, y un elegante suéter de punto granate, lo más informal eran las zapatillas, pero como dije, también elegantísimas, y completaba el atuendo unas pantys muy brillantes color carne.

Seguí besuqueando sus zapatillas, y sus pies, ella estaba muy a gusto con eso, pero también le gusta darme caña, así que empezó a decirme:

—Levanta, déjalo ya, no quiero que Pedro nos vea así.

—Mmmmmm, mi Ama está irresistible, déjeme que le de placer muacksssssss… — besaba la suela de la zapatilla, la propia zapatilla y lamía sus pantimedias como sé que a ella le gusta, pero le gusta más hacerse la dura la conmigo, así que se hizo la ofendida, se echó
hacia delante, se sacó la zapatilla y me dio un buen zapatillazo en la cara.

—Te he dicho que lo dejes plasssssssss

—Auuuuuuuuu lo siento.

Se me quedó mirando con un brillo especial en los ojos, estoy seguro de que si hubiéramos estado solos habrían pasado cositas, pero era cierto que ella no quería que su hijo nos viera, así que siguió un poco más, pero en plan light.

—¿Me estás desobedeciendo? Plassssssss

—Lo siento, de veras.

—Contéstame, ¿se me desobedece a mí? Plassssss

—No mi Ama, lo siento de verdad.

—Cuando lo vas a sentir va a ser esta noche cuando nos quedemos solos.

—Si mi Ama.

Aquella diosa estaba absolutamente para comérsela, sentada en el sofá, inclinada hacia delante con una pierna cruzada sobre la otra, apoyada sobre su propio muslo y con la zapatilla lánguidamente en la mano después de haberme dado tres zapatillazos en la cara, y lo único que pude hacer fue besar de nuevo aquella bella chinela, me dejó hacerlo durante casi un minuto más, y después me dijo al oído.

—A los viciosos como tú, les voy a dar yo “pal pelo”, golfo plasssssssssss.

Y con ese último cariñoso zapatillazo dejó caer la zapatilla en al suelo, se la calzó, y me dijo:

—Vamos a empezar con la cena, antes de que te duches.

Lola llegó a la cena puntualmente, pese a no ser una chica guapa, sí que iba muy bien arreglada, mi Ama alabó su gusto, y la chica también el de mi Señora.

—Perdona que vaya en zapatillas hija, pero he estado todo el día sin parar, y voy muerta.

—Nada nada faltaría más, yo en cuanto llego a mi casa, lo primero que hago es ponerme las zapatillas, no creo que haya mejor invento jaja.

—Estoy totalmente de acuerdo contigo, además ya sabemos, que no sólo sirven para estar cómodas, son ideales para castigar culos rebeldes, ¿verdad Pedro?— Pepi lo hizo mirando a su hijo, que estaba terminando de poner la mesa, y el pobre chaval asintió mascullando algo y poniéndose rojo como un tomate.

—Ah por cierto, ¿tus hermanos bien?

—Sí si, cuando yo he llegado muy bien, pero ahora cuando me venía, mi madre estaba calentado al pequeño, menudo elemento está hecho, pero ese esta noche va a cenar bien caliente.

—Como debe ser, sé yo que mi amiga Carmen es de las mías jaja.

La cena transcurrió a las mil maravillas, las dos mujeres llevaban la voz cantante, sobre todo mi Ama, y ya en los postres, con la lengua ya bastante suelta debido al vino ingerido sobre todo por ellas, mi Señora agarró a Lola por el brazo, y le dijo entre risas.

—Los hombres necesitan disciplina, el mío, el tuyo, el otro, y todos, y si quieres que una relación funcione, disciplina, y me da igual que utilices zapatilla, vara, correa o lo que quieras Lola, pero dis-ci-pli-na, que no se te olvide.

—Muchas gracias por el consejo, no puedo estar más de acuerdo con usted, ay perdón, contigo.

—No te preocupes por eso, y déjame que te diga otra cosa- mi Ama estaba mucho más suelta de lo habitual, sin duda debido al vino recientemente descubierto por ella debido a mis recomendaciones- si quieres algo con mi Pedro, tienes el camino allanado, él sabe
cómo se debe tratar a una mujer, le he dado muchas palizas para eso, te lo aseguro, pero si os hacéis novios, a la más mínima que te haga, demuéstrale quien manda dándole una buena paliza, y si tienes alguna duda me lo dices a mí, que yo le arreglaré el cuerpo.

Ambas mujeres rieron a carcajadas, yo sonreía abiertamente, pero Pedro tenía cara de circunstancias y seguía con la cara congestionada, aunque finalmente sonrió, primero para que no se enfadara su madre, y después, porque al fin y al cabo eso es lo que le esperaba en Femdonia, y no nos engañemos, eso era lo que a él le gustaba, tanto años sometido a la zapatilla de su madre, hicieron que aquella forma de vivir fuera la que él deseara pasa su futuro, y parecía que con Lola lo iba a conseguir.

Nos levantamos para despedirnos, Lola nos agradeció a Pepi y a mí la cena, nos besó y nos dio las gracias de nuevo por el buen rato que habíamos pasado, yo siempre en segundo plano claro, entonces mi Señora antes de que se fuera, la abrazó, la besó, y le dijo:

—Ojalá nos veamos muchas más veces, y tengamos muchas más cenas, pero quiero que sepas que de verdad lo que estoy deseando es que al final seamos familia— miró a su hijo— pero eso es cosa vuestra.

—Gracias otra vez Pepi, y todo se andará, pero creo que la cosa va por buen camino.

—No sabes la alegría que me das, dame otro par de besos anda, muackss muacksss.

Mi Señora agarró a Lola de los brazos, de una pequeña patadita se sacó casi entera su zapatilla del pie derecho, y le dijo, y ya sabes si alguna vez la necesitas, pídemela. Ambas rieron se volvieron a abrazar para despedirse definitivamente.

—Cómo me gusta esta chica, es un encanto, ¿te has fijado?

Yo sabía que cualquier cosa que no fuera darle la razón a mi Ama en este aspecto sería ganarme una paliza y de las buenas, y tentado estuve de ello, pero la verdad es que la chica era muy muy maja, discreta y despierta a la vez, educada, simpática y lista, no
podía poner ni media pega.

—Es un encanto de chica la verdad.

—Me encanta, de verdad que es una maravilla, como la deje escapar el idiota le voy a dar una paliza…

—No creo que la deje escapar, además si la chica quiere, él no tiene mucho que decir, en estos temas las mujeres mandan, ya lo sabe mi Ama.

—En este y tema y en todos.

—Por supuesto.

—Y que no me entere yo de lo contrario.

—Ya sabes mi Ama lo que opino sobre todo eso.

—Tú y yo tenemos un tema pendiente ¿no?

—Si mi Señora.

—Pues quita la mesa, y vete para el salón, te espero allí.— Quité la mesa, fregué, recogí la cocina y me presenté en el salón, mi Ama había encendido la chimenea, y estaba sentada en un pequeño sillón-relax frente al fuego.

—Ven aquí anda, ponte aquí a mis pies.

Me acurruqué a los pies de mi Ama, sobre la alfombra, junto al fuego, empecé a besar el terciopelo de aquella elegantísima zapatilla, mi Ama se deshizo de ella dando una patadita y me dijo:

—Los pies, bésamelos, estoy muerta, ah y quítate los pantalones.

Lo de los pantalones me sonó a Gloria bendita, así que me los quité como un rayo, me quedé en calzoncillos, me acurruqué a sus pies y empecé a comérselos, besaba alternativamente pies y zapatillas, además de besarlos, también los masajeaba con los dedos, le arranqué varios gemidos a mi Ama de placer, hasta que me dijo. Mi Ama se descalzó su zapatilla derecha, y con su pie empezó a masajearme mi paquete, buf el tacto de su media en mi calzoncillo, me puso cardíaco.

—Quítatelo.

Casi me lo arranco, entonces dio inicio a una especie de maravillosa masturbación con el empeine de su pie, primero me masajeaba los huevos, amasándolos con los dedos de su pie y después pasó todo el pie por mi mástil que se tornó enhiesto y duro, con el otro pie aún enfundado en su zapatilla me pisaba la cara, incluso me daba pataditas, yo le besaba y lamía la suela de la zapatilla, la propia zapatilla o incluso la media, según me pillara, eso sí mi excitación era descomunal, aquello era el mismo Paraíso, y lo que más me gustó es que cuando la miré ella también estaba disfrutando, con los ojos entornados, y concentrada en darme placer mientras se acariciaba sus propios pechos. De pronto cesó la maravillosa paja que me estaba haciendo con su pie, se calzó la zapatilla y me dijo:

—Quiero que me cojas en brazos, como los recién casados y me lleves a la cama.

Los segundos que tardé en llevarla a la cama como si fuéramos recién casados fueron de los más felices de mi vida. La deposité en la cama con todo el mimo del mundo, pero ella quería guerra, y me dijo:

—Ahora quiero que me folles, te quiero encima de mí, quiero sentirte dentro, quiero que me empotres al cabecero de la cama, y pobre de ti si te corres antes que yo.

—No puedo quererla más mi Ama, la amo sobre toda las cosas.

—Empieza

La desnudé con urgencia, me la comía a besos en el transcurso de aquello, eché las sábanas hacia atrás, y empecé a penetrarla, me encantó lo mojadísima que estaba, adoro que se excite tanto conmigo. Estábamos en la clásica postura del misionero, mi Señora repantigada en la cama y yo encima empezando a darle estopa. Empezó a gemir de gusto, yo me entretuve en chuparle una de sus axilas mientras la follaba a su gusto, y por el rabillo del ojo vi como levantó el brazo bien alto y me dio un sonoro y doloroso en mi desnudo culo, eso era algo habitual en ella, y a mí me gustaba sobre manera, el azote me hizo centrarme en la penetración, y ahora cambié el beso en la axila por otro en el cuello, más cómodo de besar para no perder la postura, cuando ahora si que vi más claramente como levantó de nuevo el brazo y pronto llegó un nuevo azotazo.

—PLASSSSSSS mira a tu Ama cuando te pega.

—Auuu si mi Ama

—PLASSSSSSS mira a tu AMA

—Si Señora.

—PLASSSSSSSS mírame

—Auuu siiii

—PLASSSSSSSS PLASSSSSSS PLASSSS MMMMMM SIIIIIIII SIIIIIII SIIIIII SIGUEEEEEEEE SIIIIII DIOS SANTO SIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII

—Gracias Ama gracias, gracias, gracias, gracias.

Fue una corrida excelsa, empotré a mi Ama como a ella le gusta, y ni media de ruido del nuevo somier, que más se puede pedir.

 

 

Autor: slipper

Etiquetas

También puede interesarte...

0 thoughts on “FEMDONIA – LA RECOGIDA DE LA OLIVA”

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.