FEMDONIA – EN EL RELLANO DE LA ESCALERA

Estaba haciendo un arreglo en la puerta de la casa del piso de mi Ama, era un rellano amplio donde había tres puertas, que correspondían a sendas viviendas,  estaba echando aceite a la cerradura que se atrancaba, después  de pintar un pequeño desperfecto en el marco de la puerta.

De pronto oí un ruido de unos pasos que venían de un piso superior  y al mirar vi  a la vecina del séptimo que venía muy cantarina bajando las escaleras. Era una chica rubia de unos 25 años un poco infantil para su edad que vivía con su Ama, una afamada y muy discreta escritora  de la edad de mi Ama, es decir cincuenta y algunos años, con lo que doblaba de sobra la edad de su sumisa.

Al verla  la verdad es que me quedé patidifuso, venía con un camiseta muy fina rosa y claramente sin sujetador con sus enormes pechos bamboleándose, y una minifalda corta blanca minúscula, entonces ocurrió  algo que no pude evitar, me quedé embobado mirándola, y no puedo engañar a nadie, me quedé hipnotizado mirando aquellos enormes pechos bailoteando al compás que su dueña bajaba las escaleras.

No vi , ni oí venir a mi Ama que estaba dentro de casa , yo creo que fue menos de un segundo lo que duró mi hipnotismo, cuando sentí un tremendo bofetón que me volvió la cara para el otro lado.

Apenas pude vislumbrar la risa de la rubita cuando mi Ama me exigió toda mi atención.

—¿Se puede saber que estás mirando? PLASSSSSSSSSSS

Me cruzó la cara con otro tremendo bofetón

—Contesta PLASSSSSSSSSSS.

Yo estaba tan aturdido, que no me salían las palabras del cuerpo, por un lado estaba triste por decepcionar a mi Ama que me había pillado mirando a otra mujer, cuando solo tenía ojos para ella, y ahora no sabía cómo explicarle que aquello, fue más una sorpresa que otra cosa.

Por otro lado en Femdonia, estaba muy muy mal visto, y en muchos casos penado mirar a una mujer de esa forma, por si todo fuera poco para mi vergüenza, estaba el hecho de estar siendo castigado fuera de casa, había una vecina muy cotilla que seguro que ya estaba mirando por la mirilla.

—PLASSSSSSSSSSSSSSS   PLASSSSSSSSSSSSSSS   PLASSSSSSSSSSSSSSSSSS, Los guantazos de mi Ama me estaban arrinconando, ella se empinaba un poco con cada hostia que me daba, su mano no era muy grande, pero lo suplía con fuerza, se notaba que estaba muy muy enfadada, entonces por puro instinto y al ver que mi Señora me abofeteaba a dos manos, puse mi brazo para taparme de uno de sus bofetones, aquello sí que la enfadó de verdad.

—¿Me has puesto la mano?

—Lo siento muchísimo Ama

—PLASSSSSSSSSSSSSSSSSS.

Su respuesta fue un tremendo guantazo que  me desequilibró y me hizo caer de rodillas a  sus pies, entonces me abracé a sus pies y empecé a besarle sus zapatillas como para pedirle perdón, esas tonterías a mi Ama no le iban mucho, pero al menos se tranquilizó un momento.

Empecé a besar aquellas zapatillas por puro instinto, eran unas zapatillas granates abiertas por detrás, tenían como adornos brocados florales circulares del mismo color granate, y aquel día mi Ama las llevaba con los pies desnudos, sin medias pese a que el día era fresco.

En esas estábamos cuando pude ver desde el suelo, a las vecinas del séptimo escaleras arriba, la chica rubia causante de mis problemas aquel día venía lloriqueando mientras su Ama la traía agarrada por la oreja, aquella mujer era como dije antes una escritora de bastante fama, y saludó a mi Señora con cierta prisa ya que ambas estaban bastante “ocupadas”, me dio tiempo a ver cómo le daba dos sonoros azotazos sobre la minifalda a su sumisa mientras subían las escaleras seguramente debido a las reticencias de ésta para subir.

—¡¡¡Levanta!!!

Fue la tajante orden de mi Ama, tras su breve saludo con su homónima del séptimo.

—No sabe cuánto lo siento mi Se…

Mi Ama no me dejó acabar mis disculpas, inició otra andanada de tremendos guantazos mientras me levantaba, que no me volvieron a tirar al suelo de milagro, pero esta vez me pude apoyar en la pared, y no osé cubrirme la cara otra vez mientras que mi Ama me cosía a bofetones con furia, a dos manos , mascullando que me callara, y que ella me enseñaría a mí

Cuando se quedó satisfecha, con mi cara roja e hinchada tras recibir no menos de 25 sonoras bofetadas en la mejilla izquierda y otras 10 o 12 en la derecha, se me quedó mirando con cara de pocos amigos, y me dijo.

—Pasa “pa” dentro.

Como un obediente cordero entré para casa sabiendo la que me iba a caer.

—A mi habitación!! Fue su escueta pero firme orden.

Me dolió que dijera a Mi habitación, desde hacía un tiempo le llamaba nuestra habitación, o nuestro cuarto, pero aquel Mi, me hizo sentirme desplazado, y aquello me dolía enormemente, pero seguí caminando delante de mi Ama, que nada más entrar me dijo.

—Desnúdate

Lo hice lo más rápido que supe.

—Ponte de rodillas encima de la cama, a 4 patas.

Tragué saliva y la obedecí.

Estaba esperando que diera una patadita y se sacara su temible zapatilla y me diera la paliza del siglo, pero me equivoqué, al menos en parte, en vez de dar  la consabida patadita para descalzarse, se fue para el armario, y de un altillo, sacó un vara de abedul de poco más de un metro de larga, de forma redondeada,  y sobre un centímetro de grosor.

Yo apenas recordaba esa vara, me la enseñó al principio de irme a vivir con ella, pero ya la había olvidado, mi obsesión eran las zapatillas y por suerte para mí, eran su instrumento de castigo favorito, pero ese día me quería dar un buen escarmiento.

Me encantó verla empinarse y despegar los talones de sus zapatillas cuando buscaba la vara en el altillo, no sé porqué, pero me pareció una imagen entrañable, aunque ella no estaba para esas ñoñerías.

Empezó a pasearse alrededor de la cama dándose pequeños golpecitos con la vara en su otra mano.

—¿Tienes algo que decirme?

—Que no sabe mi Ama cómo y cuánto lo siento, he sido tan idiota y tan impresentable y estoy tan avergonzado.

—¿Tu sabes que aquí en Femdonia podrías ir incluso a la cárcel  si alguien te denuncia?

—Me duele más haberla decepcionado que todas las cárceles del mundo mi Ama.

—¿Es que no tienes bastante conmigo como mujer que vas por ahí mirando a otras como si fueras un mandril?

—No me diga usted eso, sabe mi Ama que no tengo ojos nada más que…

—SLASHHHHHHHHHHHHH SLASHHHHHHHHHHHHHHH SLASHHHHHHHHHHHHHHH SLASHHHHHHHHHHHHH

Cuatro silbidos precedieron cuatro fortísimos varazos que cayeron yo creo que en el mismo centímetro de piel.

—Cállate Ramón y no mientas que te mato a palos…

—Auuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu lo siento mi Ama, máteme si quiere, pero tengo que decirle, que me hubiera quedado mirando igual si hubiera sido un marciano el que bajaba las escaleras, mi mirada ha sido por la sorpresa, no la cambiaría a Usted por nada, absolutamente nada del mundo.

—No te crearás que tus palabras te van a librar de la vara, ¿verdad?

—No Señora, la merezco, espero que me de mi merecido.

—No te preocupes que te voy a dar un buen escarmiento, de ésta aprendes.

Entonces empezó con una danza diabólica, mi Ama se puso su mano izquierda en su cadera, sobre su falda color crema, como cuando  se suelen poner en jarras, el dedo pulgar hacia atrás, y los otros cuatro hacia delante, y con una gracia inigualable empezó a azotarme el culo de una forma rítmica y regular, ella balanceaba su cuerpo al compás de los azotes, me hacía líneas perfectamente rectas, como después vi en el espejo, me azotó la parte inferior del culo, y la parte superior de los muslos, como nunca antes nadie lo había hecho.

Yo lloraba a lágrima viva, pero no osaba esconder el culo, ya había aprendido la lección, no debía huir ni esquivar los azotes de mi Ama, los aguantaba con estoicismo, y os juro que al final de aquella paliza tenía la sensación de que me estaba azotando sobre el hueso, ¡¡¡¡que dolor!!!!

No es lo mismo la suela de goma de la zapatilla, que la madera de la vara, la superficie es más dura y además al golpear en menos espacio el resultado es demoledor, no me quedaban más lágrimas en los ojos, ni más fuerza en el alma, estaba a punto de doblar los brazos y dejarme caer sobre el edredón de la cama, cuando me invadió una alegría desconocida, la producida por no recibir más varazos, ahora las lágrimas eran de alegría y de esperanza porque aquel martirio se hubiera terminado.

—Levanta. Me dijo mi Ama con voz firme.

Cuando me dispuse a levantarme, no me podía mover, al intentar bajarme de la cama sentí un dolor indescriptible, era un dolor inmovilizante, así que como pude me arrastré hasta el extremo de la cama, y al intentar ponerme de pie volví a sentir un millón de agujas en la parte castigada. Mi Ama me veía sufrir, pero lejos de ablandarse me llamó a su vera.

—Ven aquí.

Rodee la cama prácticamente arrastrándome y me fui donde ella me esperaba que era frente al espejo.

—¿Has visto que culo te he puesto? Míratelo.

Cuando me giré para verme en el espejo me asusté de lo que vi reflejado en él, unos verdugones entre rojizos y morados cruzaban mi culo y la parte superior de mis muslos, aquellas marcas me iba a durar más de una semana, jamás me habían azotado ni  marcado así, pero me sentí orgulloso de que fuera mi Ama la causante de aquella carnicería.

—Si yo te vuelvo a ver mirando a otra como esta mañana, te juro que te rompo la vara en el culo, y cuando termine contigo, te denuncio y te meto en  la cárcel. ¿Me estás oyendo?

—Sí mi Ama.

Entonces la mujer de mi vida se me acercó y me acarició la cara que también tenía amoratada y roja, sobre todo la mejilla izquierda, y me besó, lo hizo con pasión, aquello significaba que quería sexo, que lo quería ya, y que lo quería duro.

—Menuda paliza que te he tenido que dar —me dijo mientras me besaba con pasión

—Lo siento mucho Ama.

—¿Es que no tienes bastante con una mujer como yo, que tienes que ir por ahí mirando “pelandruskas”? Esto me lo dijo además de besándome amasándome el culo, yo lógicamente vi todas las estrellas del firmamento, pero estaba contento, mi Ama me estaba perdonando, y eso me hacía muy feliz.

Al estar desnudo mi erección se hizo evidente, algo que agradó a Pepi sobremanera, que  me soltó un momento, se descalzó como una centella, se quitó la falda volando, y las bragas aún más rápida, entonces me empujó contra la cama sin importarle una mierda que tuviera el culo en carne viva y yo aullara de dolor al caer bocarriba,  y se me subió a horcajadas con cara de tigresa.

—Ahora me vas a follar bien follada, y pobre de ti como no me guste, porque que te juro que te rompo la vara en el culo.

Introdujo su cueva sagrada en mi polla y empezó a cabalgarme sin compasión, y por la expresión de su rostro y por los gemidos que daba, yo diría que le gustaba, y puedo decir que a mí  me puso muy muy burro, el culo y los muslos me dolían horrores, pero el placer de follar y sobre todo de complacer a mi Ama, podía con todo, además verla botando encima de mí con sus tetas botando por debajo de su blusa que ni siquiera le dio tiempo a quitarse me terminaron de poner cardíaco.

Afortunadamente para mí se corrió más o menos rápida, y entonces le pedí permiso para hacerlo yo también, sólo le dije:

—Por favor Ama.

Ella ya sabía lo que yo quería, pero me quería hacer sufrir un poco más.

—Por favor Ama ¿qué? PLASSSSSSSSS, me volvió a abofetear echándose hacia adelante.

—Si me puedo correr.

—¿Le preguntamos a la rubita?

—Lo siento mucho mi Ama.

—Contéstame —me dijo mientras volvía a abofetearme, esta vez más suave, y cabalgarme para correrse una segunda vez.

—Le prometo que solo tengo ojos para mi Ama.

La cabalgada fue corta pero intensa.

—Sigue follándote a tu Ama, sigue, sigue, sigue, cabrón, sigueeeee, córrete conmigo, córrete.

Fue algo mágico, sentí una explosión de fluidos en el coño de mi Ama, que me supieron a gloria, ambos quedamos exhaustos y complacidos, entonces se dejó caer y me volvió a besar con pasión. Yo me sentí perdonado.

Pero no lo estaba del todo,

—Vamos a lavarnos un poco que todavía tenemos algo pendiente.

Nos dimos una rápida ducha, y yo me moría por un poco de crema de aloe vera en mi culo, pero mi Señora no me dijo nada, por lo que no me atreví a pedírselo, así que nos vestimos y me dijo, ven conmigo.

Al salir de casa nos fuimos por las escaleras hasta el séptimo piso, pudimos subir en ascensor, pero ella quería ver como reaccionaba al subir las escaleras, mi reacción lógicamente fue hacer muecas de dolor constantemente, y subir agarrado a la barandilla como si fuera un anciano, mientras mi Diosa me miraba con una media sonrisa en la cara.

Subimos al séptimo y Pepi tocó el timbre de la premiada escritora que no tardó en abrirnos la puerta, era una mujer atractiva, morena con el pelo largo muy canoso, y unas gafas de pasta colgadas a su cuello.

—Buenos días Ángeles —dijo mi Ama—, venimos porque creo que alguien se quiere disculpar.

—Hola Pepi, que tal,  adelante, aunque por lo que intuyo, no creo que sea necesario esa disculpa, pero pasar por favor.

Yo no tenía ni idea que ambas se conocían.

Entonces nos condujo por el pasillo hasta un amplísimo salón, era un piso más grande que el de mi Ama, los dos últimos pisos eran más amplios y lujosos, y lo primero que vimos fue a Nuria, la chica rubia causante de mi desgracia ese día, de cara a la pared en un rincón, con la faldita remangada, el culo como un tomate, y las manos atrás sosteniendo una zapatilla de cuadros, tipo pantufla de cuadros negros y rojos, que parecía la causante de la rojez de su culo.

—¿Queréis un café o cualquier otra cosa?

—No queremos nada, gracias —dijo mi Ama por los dos.

—Pues sentaros, y tú me dirás Pepi, que te trae por aquí.

—Bueno, creo que ya sabes que Ramón vive conmigo ya un tiempo, él es mi pareja, y también es mi sumiso, y creo que esta mañana se ha quedado mirando a tu chica como un auténtico imbécil, y aunque me he encargado de darle su merecido, hemos venido a que se disculpe ante las dos.

—Te lo agradezco Pepi, pero conociendo a esa golfa que ves ahí con el culo como un tomate, no creo que Ramón tenga mucha culpa. ¿No sabes que es una provocadora exhibicionista? ¿No sabes que es muy raro el día que no le tengo que poner el culo como un tomate a esta putita? Ven aquí Nuria.

Entonces la chica roja como un tomate se dio la vuelta y con la zapatilla que la había castigado en sus manos se acercó hasta ponerse frente a su Ama.

—Si os preguntabais que hacía en el rincón con el culo al aire y sujetando la zapatilla, os lo explico, últimamente necesita un par de azotainas, con una no tiene bastante la muy golfa, así que lo que hago es darle una tunda, y la dejo castigada en el rincón para que reflexione, y al rato le doy otra a ver si aprende de una vez, y hoy para avergonzarla, ahora mismo le voy a dar la otra, aquí delante de vosotros, a ver si reflexiona de una vez y por fin madura, que me tiene harta… dame la zapatilla anda.

—Ama por favor, se lo ruego.

—La zapatilla Nuria.

—Se lo suplico mi Señora, me da mucha vergüenza, muchísima.

Pero ante una severa de su Ama y Señora, la chica le dio la zapatilla en mano y se puso en su regazo subiéndose ella misma la falda, para facilitarle a su Ama el castigo.

Ángeles era bastante menos severa que mi Ama, aunque he de reconocer que daba los zapatillazos con mucha gracia, su chica se quejaba como una niña, y yo creo que exagerando algo exageradamente el supuesto dolor que le infligía su Ama, pero con todo recibió una más que aceptable azotaina sobre el regazo de su Señora.

—Ahora te vuelves al rincón y te quiero con el culo al aire y con la zapatilla en la mano por si decido darte otra, ¿entendido?

—Si mi Señora —dijo la rubita entre pucheros, y se fue correteando a ponerse de nuevo en su rincón, castigada, con el culo al aire y sosteniendo la pantufla que acababa de castigarla.

—Nosotros nos vamos ya Ángeles, pero antes quiero que veas lo que le he hecho a Ramón, por quedarse mirando a Nuria como si fuera un mono de feria.

—Ya he visto que le estabas dando lo suyo cuando subíamos las escaleras, pero ya te digo, que conociendo a esta golfa, creo que ha sido más culpa de ella que de nadie.

—Lo que has visto tú no ha sido nada, Ramón, bájate los pantalones, y enséñale a mi amiga como te he puesto el culo.

A mí, me pilló tan de improviso aquello, que no supe reaccionar, y me quedé como un pasmarote durante unas décimas de segundo, el tiempo suficiente para ver como mi Ama abría los ojos, e iniciaba un movimiento para levantarse que no auguraba nada nuevo para mí, pero por suerte reaccioné como un rayo y dije.

—Si si, mi Ama, y a la vez que me levantaba me desabroché los pantalones, y me los bajé rápidamente junto a los calzoncillos, y poniéndome con el culo en pompa enseñé a ambas  Señoras la piel magullada y marcada de la paliza que me había dado mi Ama minutos antes.

Pude ver como Ángeles dio un respingo y se echó la mano a la boca en señal de sorpresa.

—Madre mía, Pepi, vaya palizón le has dado ¿ no?

—Hoy ha probado la vara por primera vez, y ya sabe cómo me las gasto si tontea con miradas y tonterías a mujeres.

—Mira Nuria, ¿has visto lo que has provocado con tu tonterías?

La chica miró, y puso morritos, como diciendo, a mí que me importa, aunque le cambió el rictus cuando su Ama le dijo:

—Me voy a comprar yo también una vara, así que ve teniendo más cuidado en adelante,¿ me estás oyendo?

—Si mi Ama —dijo Nuria gimiendo y con lágrimas en los ojos, aunque yo juraría que fingidas.

—Bueno ya nos vamos, sólo quería aclarar las cosas, nos vamos, no molestamos más.

—Tú nunca molestas Pepi, eres una buena vecina, no como otras cotillas de por aquí, además creo que eres muy buena Ama, y también te digo, que Ramón creo que es un buen hombre y un buen sumiso.

—Bueno, tiene sus cosas, pero no me quejo.

Tras la despedida, mi Ama me agarró de mi brazo izquierdo con sus dos brazos, en señal de cariño y me obligó a bajar las escaleras con ella prácticamente colgada de mí, el culo me seguía doliendo horrores, pero me gustaba esta postura de ir “apresado” cariñosamente por mi Señora mientras bajábamos las escaleras.

—¿Has dudado cuando te he mandado que le enseñes el culo a Ángeles?

Yo ya con la lección aprendida de otras veces no dudé en responderle.

—Si mi Ama, he dudado, pero no por no obedecerla, sino por la sorpresa.

—¿Y se duda con una orden de tu Ama?

—No mi Señora.

—¿Entonces?

—Pues que merezco el castigo que me imponga mi Ama.

—Eres listo, ¿eh?

—Gracias mi Ama.

—Pero sabes que por ser listo, eso no te va a librar de tu castigo, eso también lo sabes. ¿Verdad?

—Absolutamente mi Ama.

Entonces llegamos a la puerta de casa, me besó en la boca con ternura y lujuria a la vez, y antes de abrir la puerta me dijo:

—Dejaremos el castigo para más tarde, de momento tendrás un premio, y vas a empezar por comer coño.
Autor: slipper2013

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