FEMDONIA ¿CUÁNTO TIEMPO HACE QUE NO TE PEGO?

Cuando terminé de fregar los platos y recoger la cocina después de cena me fui al salón a estar un rato con mi Ama, era el mejor momento del día, sobre todo si estábamos solos como ocurría la mayoría de los días, ya que su hijo menor estaba en un internado de lunes a viernes y su hija vivía cerca de la Universidad donde estudiaba.

Me encantó ver a mi Señora recostada en el sofá con un salto de cama azul cian como un celeste saturado o un turquesa claro, que aunque no era muy provocativo, sí que hacía a mi Dueña tremendamente atractiva.

Me miró con lascivia y deseo desde el principio, se había duchado mientras yo terminaba con los cacharros, y con sus piernas cruzadas jugueteaba con su zapatilla balanceándola en su pie derecho, ni siquiera había encendido la televisión, estaba claro que quería jugar, y por suerte para mí, yo era su juguete favorito.

Me encaminaba a coger mi teléfono móvil que estaba sobre una mesa, pero ni siquiera me dejó, hizo algo que cada vez que hace me excita sobremanera, me llamó por mi nombre y me dijo.

—¡¡¡¡Ven aquí!!!!

Aborté la operación ir a por el móvil y acudí solícito a su llamada, y sin más preámbulos, cuando estaba enfrente de ella, me soltó a bocajarro.

—¿Cuánto tiempo hace que no te pego?

Aunque ella es mi Ama permanentemente, yo no siempre le digo Ama, en público y a veces en casa la llamo por su nombre y hablamos como una pareja normal, pero ahora sabía que estaba en plan Ama, así que me dirigí a ella como se esperaba de mí.

—No lo sé Ama, puede que… dos o tres semanas.

—¡¿Tan poco?! Yo creo que no, hace por lo menos un mes que no te zumbo.

—Creo que fue el día de la cena en casa de Beatriz mi Señora, de eso hace justo hoy quince días.

—Ah, es verdad, ahí te di una buena tunda sí.

—Doy fe.

Me miró como si le hubiera molestado un poco mi último comentario y me dijo:

—¿Das fe verdad? Pues vas a seguir dando fe, desnúdate. Me dijo con su habitual tono imperioso cuando se enfada.

Como un resorte empecé a desvestirme, coloqué mi ropa sobre un sillón cercano y me dispuse a seguir las órdenes de mi Diosa.

Dio una patadita con su pierna derecha que la tenía cruzada sobre la izquierda, y la zapatilla salió disparada de su pie cayendo al suelo, con la suela hacia arriba, esa suela de goma amarilla que tanto daño y porque no decirlo tanto placer me había provocado, sólo tuvo que decir un cosa.

—¡¡¡¡Dame la zapatilla!!!!

No se puede decir más rápido ni con más garbo que lo dijo ella, su tono y la velocidad de sus palabras indicaban que tenía prisa, yo diría que estaba ansiosa por darme una buena paliza.

Así que tomé con mi mano derecha aquella suave zapatilla,  de felpa aterciopelada azul marino, sin talón y con una suela de goma sólida y flexible a la vez, que me hacía ver todas las estrellas del firmamento con sólo un zapatillazo.

A punto estuve de olerla, besarla, lamerla, como hacía alguna vez cuando Ella no estaba, pero sabía que tenía urgencia con empezar y no quise hacerla esperar más, así que se la di, a la vez que se acomodaba en el sofá, se alisó el salto de cama, y yo me tendí dócilmente donde ella me quería.

La zurra empezó como era de esperar con dureza, y digo como era de esperar, porque cuando mi Ama, está ansiosa por pegarme, por lo que sea, lo hace sin miramientos y hasta que no se tranquiliza un poco, digamos que se desfoga contra mi culo, y me caen no menos de 45 o 50 duros y rápidos zapatillazos que me abrasan de dolor, y aunque mi instinto es moverme para escapar de aquel infierno, intento no moverme mucho para que no se enfade.

Cuando me dio la primera andanada que siempre suele ser de las más duras, y ya con mi culo y muslos del color de las amapolas, y mis ojos llenos de lágrimas, aunque sin apenas quejarme, me preguntó.

—¿Sabes por qué te pego Ramón?

—No lo sé mi Ama.

Entonces me dio otra salva de durísimos azotes con aquella zapatilla maravillosa que me hicieron literalmente botar sobre su regazo.

—Te pego PLASSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSS, porque eres mío PLASSSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSS, y porque me da la gana PLASSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSS, y porque te viene muy bien PLASSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSS, y porque soy TU AMA PLASSSSSSSSS PLASSSSSSSSS, me gusta que seas mío PLASSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSS, me gusta ser tu Ama PLASSSSSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSS, me gusta pegarte PLASSSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSS, y ahora quiero que me hagas disfrutar como una loca PLASSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSSSSS, ¿estamos o no estamos? PLASSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSSSSS.

—Auuuuuuuuuuuuuuuu si mi Ama, por favor déjeme que la haga disfrutar.

Entonces dejó su zapatilla en el suelo, se descalzó la que llevaba aún puesta que salió disparada y me agarró para besarnos como lo harían dos adolescentes en celo, nos comimos las bocas con ansia, con glotonería, me encantaba tocarle su rizadísimo pelo en la cabeza, además debajo de aquel elegante salto de cama no llevaba nada, así que le mordía sus pechos como a ella le gusta por encima de aquella tela de raso tan bonita, y pronto empecé a ir para abajo, sé que a mi Ama le chifla que le coma el coño, y puedo decir con orgullo que logro hacerla disfrutar —según ella misma me dice— como no lo había hecho nunca.

Así que pronto se acomodó en el sofá acostada bocarriba, pero en esta ocasión, la vi como buscaba algo en el suelo, efectivamente era su zapatilla, la cogió con fuerza con su mano derecha, y me dijo.

—Aplícate.

Rapté hacia abajo besándole todo el cuerpo por encima de su salto de cama, cuando me quedaba poco para llegar a su cueva sagrada, quise entretenerme en su ombligo, pero ella dándose un tirón de aquella prenda hacia arriba me apremió para que de una vez por todas me bajara al pilón, por si no estaba lo suficientemente claro, aquel movimiento lo acompañó de un zapatillazo que me dio en la cara a la vez que me dijo.

—Al sitio!!!, pero ya!!!

Ella se abrió de piernas  calvándome sus talones en mi espalda y yo me aferré a aquel tesoro como si me fuera la vida en ello, me encantaba empezar lamiendo poco a poco, pero mi Señora no estaba para delicadezas, así que sentí otro zapatillazo en la espalda y me dijo.

—Cómeme, cómele el coño a tu Ama, ¡¡¡o te mato a palos!!!

Así que me dejé de preliminares y enterré mi lengua de golpe en su cueva sagrada, fue una follada con lengua espectacular, fue tal el empellón que le di, que casi la empotro contra el respaldo del sofá donde tenía apoyada su cabeza, sentí otro zapatillazo, pero esta vez no era de enfado era de placer, así que me afané en mi trabajo, y le hice la mejor y más espectacular comida de coño que hasta entonces había hecho, y parece que dio resultado porque noté como mi Ama gemía como una loca, y de pronto de contrajo, convulsionó y por fin explotó en un orgasmo brutal dando un grito desgarrador que casi me hace perder el néctar que me ofrecía mi Dueña de su divino tesoro, era tan denso y tan rico que le dije:

—Que rico está esto mi Ama, podría vivir toda mi vida sólo alimentándome de esta maravilla.

Entonces me miró con una cara de satisfacción enorme y me dijo.

—Ven déjame que lo pruebe.

Me eché encima de ella y nos fundimos en un pastoso y lechoso beso que nos supo a gloria bendita a ambos, ella pudo saborear a través de mi boca su néctar maravilloso que mezclado con mi saliva le supo a manjar exquisito.

Ese beso que se fue convirtiendo en morreo, junto al resto de las emociones hicieron que mi tranca cogiera un volumen y una dureza bastante considerables, y lógicamente ese detalle no pasó desapercibido para mi Ama.

—mmmmmmmmmmmmmm que tienes aquí.

—Todo lo que tengo ahí es para mi Ama.

—¿Quieres follarme verdad?

—Me encantaría, ya lo sabe mi Señora, pero haré lo que me mande.

—Eres un golfo lo sabes ¿verdad?

Con aquel comentario mi Señora me estaba diciendo que sí, que quería que la follara, pero por supuesto, debía de ser cómo y donde ella ordenara.

—Sabes que me gusta que me folles en la cama ¿verdad?

—Sí mi Señora.

—Pero hoy quiero que me folles aquí en el sofá.

—mmmm gracias mi Ama, me encantará.

—shhhhhhhhhh no tan rápido, coge mi zapatilla que estará por ahí y dámela.

—Si mi Ama, aquí la tiene.

La agarró con fuerza, se la acomodó a su mano derecha.

—Y ahora quiero que me vayas follando al compás que te vaya marcando.

—Si mi Ama , será un placer.

—PLASSSSSSSSSSSSS METE.

Y así fui follando a mi Ama, al son que ella tocaba, el ritmo lo marcaba su zapatilla contra mi culo, fue un mete-saca lento y acompasado, al principio los azotes no eran muy fuertes lo que hizo que la excitación fuera creciendo en ambos, me miraba con ojos de deseo, con la boca entreabierta, gemía a cada envite mío, con su mano izquierda me agarro de la nuca y me besó con pasión, me mordió el labio hasta que sangró.

—PLASSSSSSSSSSSSSS METE MÁS.

—Auuuuuuuuuuu, si mi Ama.

—PLASSSSSSSSSSSSS METEEE.

—Ayyyyyyyyyyy si Señora.

—mmmmmmmmm que rica PLASSSSSSSSSSSS METE PLASSSSSSSSSSS METE.

—Si mi Ama, la adoro.

—PLASSSSSSSSSSSSSS METE RAMÓN, PLASSSSSSSSS METE RAMÓN ,PLASSSSSSSSSSS METE RAMÓN, MÉTEMELA TODA POR DIOSSSSSSSSSS.

—Si Señora, tome toda , si si si

—PLASSSSSSSSSSSSSSSSSS EMPOTRA A TU AMA CABRÓN, EMPÓTRAME  PLASSSSSS PLASSSSSS PLASSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSSS DIOS SIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII

—Auuuuuuuuuuuuu si si gracias Ama , si aquí tiene TODA TODA TODAAAAAAAAAAAAAA.

Los empellones que le daba a mi Ama movieron el sofá, a ella le gusta que la folle de forma salvaje, y yo trato de complacerla en todo, fue tanto el placer que me dio que no pude evitar correrme como un semental, a ella le gustaba que le pidiera permiso para hacerlo, y a mí me gustaba que me lo concediera, sobre todo cuando follábamos en plan Ama-sumiso, que era la mayoría de las veces, por lo que me esperaba una buena reprimenda en el menor de los casos y seguramente una buena paliza, para ser más exactos, otra buena paliza.

Pero mi Ama quedó tan satisfecha con aquel polvazo que echamos en su sofá, que en vez de recriminarme, me besó, me acarició, y me dijo que estaba muy contenta conmigo.

Una vez en la cama, desnudos y con su mano sobre mi pecho cuando ya casi se dormía, me dijo.

—Que no se te olvide apuntar en tu cuaderno de castigos, que te has corrido sin mi permiso.

 Aquello significaba sin duda una muy buena zurra cuando ella lo creyera conveniente.

—Si mi Ama.

 Ella nunca olvida nada, no puedo adorarla más.

 

Autor: slipper2013

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