FEMDONIA 4

A las dos semanas de la maravillosa estancia en aquel hotel con Pepi, me fui a vivir con ella a su casa, no tuvo más que insinuarlo para que yo aceptara.

Ella tenía dos hijos pero de lunes a viernes estaba sola en casa; su hijo Pedro, que era el menor era un adolescente que estudiaba Educación Secundaria en un Internado, llegaba a su casa el viernes a media tarde y se iba de nuevo al Internado el domingo por la noche; su hija Claudia ya era universitaria, y apenas iba por su casa, solo en vacaciones de Navidad, Semana Santa, verano y algún que otro fin de semana.

Llegué ese viernes a casa después de mi trabajo (Pepi trabajaba por la mañana y yo por la tarde) y noté que el ambiente estaba tenso entre madre e hijo.

—Buenas, que tal. Besé como siempre a Pepi y la noté tensa, ella estaba de pie en medio del salón y su hijo en una esquina, habían estado discutiendo y esa discusión se cortó con mi llegada.

—Pues lo que pasa es que ya estoy muy harta de malas notas, y de excusas, eso es lo que pasa.

—Madre ha sido un control, eso lo voy a recuperar no te preocupes, ya lo verás.

—Me da igual que sea un control, un examen o lo que sea, tu obligación es aprobar todo, ¿me oyes?, todo, que no tienes otra cosa que hacer, y te aseguro que esto no va a quedar así, de momento olvídate del móvil, cuando te vayas el domingo el móvil se quedará aquí, allí no te hace ninguna falta.

—¿¡QUÉ!? Sin móvil, pero eso no puede ser, no puedo estar…Pedro como buen adolescente se descompuso con el anuncio del castigo de su madre, no podía estar sin móvil, prefería mil veces una de las muchas azotainas que le daba su madre antes de estar sin móvil.

—He dicho sin móvil y no hay más que hablar.

—¡¡¡Eso es una puta mierda!!!

Los ojos verdes de gata de Pepi se abrieron de una forma desmesurada, se tragaba con la mirada a su hijo, jamás le había permitido esas contestaciones a sus hijos, y mucho menos lo iba a permitir ahora que encima había alguien nuevo en la casa,  tenía que mantener su rol dominante en aquella casa y no iba a permitir que una rabieta de un adolescente socavara su poder, así que se encaminó con paso ligero y muy decidido hacia su hijo, el ruido que hacían las zapatillas tipo chinela al andar con ellas tan rápidamente daban cuenta de la velocidad y del enfado que llevaba, el ruido era el de una ametralladora tap tap tap tap tap tap tap tap eran unas zapatillas negras, de felpa, abiertas por detrás con una sólida suela de goma amarilla de más de un centímetro de grosor, dura y flexible a la vez, aquella zapatilla debía hacer el culo añicos, Pedro ya la había probado en no pocas ocasiones, pero nada comparado con lo que se le venía encima.

—PLASSSSSSSSSSSSSSS .- El primer bofetón casi tira al suelo al chaval ¿Qué me has dicho Pedro?

—Lo siento ma…

—PLASSSSSSSSSSSSSSSSSSSS .- El segundo bofetón sí que lo hubiera tirado al suelo si no se hubiera apoyado en un mueble.

—Perdóneme madr…

—PLASSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSSSSSSSS.- Cayeron otros tres duros guantazos en la misma mejilla que pronto estuvo hirviendo y que acabaron con Pedro en el suelo. Es cierto que la mano no era grande, pero se movía a una velocidad endiablada.

-Dime lo que has dicho ahora mismo!!!!!

El único propósito de Pepi es que su hijo se avergonzara al repetir aquella grosería, que por otra parte nunca había dicho en su casa, pero el pobre sabía que si repetía aquello recibiría una ración extra de palos, y la verdad no estaba por la labor.

—Lo siento de veras madre, no lo volveré a repetir— dijo desde el suelo.

—De eso puedes estar seguro, cuando acabe hoy contigo no te van a quedar ganas de hacer más el gamberro, golfo, más que golfo—. Y diciendo esto me miró y se sacó su zapatilla derecha de una patadita, la verdad es que no sé porqué me miró, pero fue algo como un chute de adrenalina y me encantó que me mirara, el caso es que le dijo a su hijo—. Vete al sofá.

—Nooooo madre, al sofá no, por favor se lo pido.

Pepi me volvió a mirar( yo me volví a sofocar) y se agachó a por su zapatilla la agarró con fuerza con su mano derecha, y sin terminar de levantarse del todo empezó a dar zapatillazos a su hijo en la cara, en el cuerpo, en el culo…

—PLASSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSSSS, te he PLASSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSS dicho que PLASSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSSSS para el sofá PLASSSSSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSSSSSSS y cuando yo digo PLASSSSSSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSS al sofá PLASSSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSS, es, al sofá PLASSSSSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSS, PLASSSSSSSSSSSSSSSSSS, está ¿claro? Pepi azotaba concienzudamente y con una severidad que se notaba en su boca, se mordía el labio inferior mientras sacudía con su zapatilla.

Pedro fue a trompicones y a zapatillazo limpio hasta el sofá, sabía que allí su madre le haría colocarse sobre el brazo del sofá y con el culo al aire le daría una buena paliza, y hoy no iba a ser una excepción.

—¡¡¡Bájate los pantalones!!!

—Si madre—. Sabía que cualquier discusión suponía ración extra de zapatilla, y ya llevaba una buena tunda encima como para empeorar las cosas. Así que se bajó los pantalones y los calzoncillos hasta debajo de las rodillas, y se acomodó sobre el amplio brazo del sofá que era como una pequeña almohada, y por lo tanto perfecto para adoptar aquella posición. Pedro sabía que ahora venía la parte más dura, un zapatillazo tras otro hasta que su madre se diera por satisfecha, y por experiencia sabía que no se conformaría con cuatro azotitos.

PLASSSSSSSSSSSSSSSSSSS, PLASSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSS PLASSSSSSSS PLASSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSSSS

Los azotes se alternaban, dos en una nalga, dos en otra, dos en una nalga, dos en otra, Pedro al principio intentaba no llorar, arañaba el sofá, mordía un cojín, movía su trasero para intentar escapar a los durísimos zapatillazos de su madre, pero sabía que todo era inútil, la paliza continuaría hasta ser insoportable.

—¿Has dicho una puta mierda, Pedro?

Era una pregunta retórica, todos en aquella habitación sabíamos lo que había dicho el pobre Pedro, pero aquello sirvió para avivar la furia de Pepi, que si algo no soportaba era la insolencia y las malas contestaciones, y menos si provenían de alguno de sus hijos, así que reanudó su azotaina con renovadas fuerzas.

PLASSSSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSSSSSSSSSS —¿me has dicho puta mierda a mi, Pedro?— PLASSSSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSS, ahora la zapatilla impactaba en los muslos, y en la parte donde se unen muslos y culo, aquello dolía horrores con lo que los sollozos dieron paso a los llantos abiertos y estos a los berridos de auténtico dolor.

—BUAAAAAAAAAAAAAAAAA  AUUUUUUUUUUUUUUUUU LO SIENTO DE VERAS MADRE AHHHHHHHHHHHHHH AUUUUUUUUUUUUUUUUU PERDÓNEME  AUUUUUUUUUUUU, LO SIENTO DE VERAS AHHHHH AUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUU AYYYYYYYYYYYYYYYYY.

Se retorcía sobre el sofá de puro dolor, daba palmadas en el propio sofá, imploraba a gritos perdón, juraba y perjuraba que no lo volvería a hacer, pero la zurra seguía implacable, Pepi con su característico estilo de dar zapatillazos acompasados intercalados con ráfagas más duras y rápidas que hacían que las azotainas resultaran tan severas como efectivas.

Sonó el teléfono de casa, y aquello salvó del suplicio al pobre Pedro, Pepi  paró, se puso recta ( mientras azotaba su postura era un poco agachada), resopló, y tiró su zapatilla al suelo, me volvió a mirar y metió su pie desnudo en su chinela negra con una pequeñísima flor blanca en el empeine a modo de adorno.

Cogí el teléfono, se habían equivocado, la llamada al menos sirvió para hacer un poco más liviana la tunda que estaba recibiendo el chaval, que lloraba ahora en silencio sobre el sofá, sin atreverse a levantarse y mucho menos a subirse calzoncillos y pantalones.

—¡Levanta!  Y vete a tu habitación, hoy no cenas, ¡¡¡estás castigado!!!

—Si madre, gracias.

Pedro le dio las gracias a su madre pese a la enorme paliza que acababa de recibir, le pasaba a menudo, y le daba las gracias por una sencilla razón, que no era otra que era ella  la que había decidido acabar con aquel suplicio y sólo ella era la que tenía tal potestad.

Me quedé mirando a Pepi fascinado, aquella mujer me tenía absolutamente embrujado, era delicioso ver como imponía disciplina, se quedó mirando con cara de pocos amigos como su hijo se colocaba calzoncillos y pantalones, y se encaminaba hacia su cuarto sollozando , avergonzado y dolorido.

Yo no sabía lo que iba a decir y para relajar un poco al situación le dije:

—¿Preparo algo de cena?

—Venga sí vamos a preparar algo, porque como siga lo mato esta noche.

Nos preparamos unos sándwiches muy ricos la verdad, nos los comimos en el comedor viendo la tele, Pepi me hablaba de la edad difícil de su hijo, como tratándolo de disculpar un poco, pero a la vez me decía:

—Pero que no se crea ese que va a poder conmigo, no le paso ni una, y como se le ocurra volver a hablar así, te juro que le rompo la zapatilla en el culo…

—Pedro es muy buen chico , seguro que ha aprendido la lección.

—Más le vale, si no, ya sabe lo que hay…

—Oye, ¿le hago un bocadillo?, pobrecillo

—Está castigado ¿no me has oído cuando se lo he dicho?

—Ya lo sé mujer, pero con la paliza que le has dado, tiene bastante, un bocadillo…

—¿Me estás diciendo como tengo que educar a mi hijo?

—No, ni mucho menos, no quería decir eso…

—Pues ojito, a ver si vas a cobrar tú todavía.

—Ya sabes que no me atrevería a cuestionar nada de lo que hagas, y menos con tus hijos.

Terminamos de cenar, quité la mesa, y cuando estábamos en la cocina me dice.

—Anda hazle un bocadillo de salchichón que le gusta mucho, y échale un poquito de aceite , que le encanta.

—Eres un sol, y una madraza, te adoro—. Me acerqué a ella y la besé, me atreví a sobarle el culo sobre su falda marrón, y la besé en la boca, como me correspondió en el beso metiéndome su lengua en mi boca con la pasión que sólo ella sabe, entonces le acaricié las tetas sobre su camisa blanca, hasta que me dio un azote en el culo, y me dijo.

—Suéltame anda, y haz el bocadillo, que luego hablaremos tú y yo.

Aquello me sonó a música celestial, me sonó a amenaza, pero una amenaza light, dulce, yo diría que erótica…

—Me encanta hablar contigo ya lo sabes jaja.

—Bueno, veremos a ver si cuando acabemos la conversación te gusta tanto.

—Estoy seguro de que sí.

Terminé de hacer el bocadillo, lo puse en una bandeja con un vaso de agua, y me dispuse a llevárselo a Pedro, iba a añadirle alguna fruta o algún yogur, pero tampoco quise tensar más la cuerda, si estaba castigado, estaba castigado, bastante tenía con el bocadillo.

—Toc toc, ¿se puede?

—¿Quién es?

—¿Quién va a ser? soy yo Ramón, te traigo algo.

—Pasa.

Cuando entré a su habitación, me lo encontré acostado en la cama leyendo , por supuesto bocabajo, aún tenía los ojos rojos, de llorar, pero no tanto como el culo. Se había puesto su pijama, pero el pantalón lo tenía por las rodillas al igual que el calzoncillo, el culo y los muslos estaban mucho más rojos que los ojos, era un rojo brillante, uniforme, sin duda su madre había hecho un buen trabajo.

—Hoy te ha dado una buena. Le dije mirándole el culo a la vez que dejaba la bandeja.

—A mí me lo vas a decir.

—¿Cómo se te ha ocurrido decirle eso a tu madre? Ya sabes como es.

—No lo sé, me ha salido sin darme cuenta, y en cuanto le he dicho, y he visto su cara, ya sabía lo que iba a pasar. Este fin de semana me va a costar sentarme.

—Bueno, ya verás como todo se pasa, además, mira lo que te traigo, mira que pinta tiene el bocata.

—Jooo Ramón, muchísimas gracias, no sabes el hambre que tengo.

—Bueno las gracias dáselas a tu madre…

—Cuando mi madre me pega y me castiga, nunca me trae la cena.

—Pues esta vez sí que lo ha hecho.

—No me lo creo, ya te digo que después de zumbarme me manda a la cama y nada de cenar, ni siquiera agua.

—Vamos a ver, ¿tú crees que yo te conozco lo suficiente como para saber que tu bocadillo preferido es el de salchichón, y además con un poquito de aceite en el pan? Ha sido tu madre la que me lo ha dicho.

—Muchas gracias Ramón, me gusta que vivas con nosotros, mi madre nunca había hecho esto conmigo, gracias de verdad.

—No me des las gracias hombre, y creo que mañana cuando te levantes le deberías da las gracias a ella, que ya sabes que te quiere mucho.

—No me deja pasar ni una, es muy dura, sobre todo conmigo.

—Si es dura , es porque te quiere y porque le importas ya lo sabes.

—Bueno, que me alegro de que estés aquí con nosotros, me caes muy bien.

—Tu a mi también, venga mañana nos vemos.

—Una cosa más Ramón. Mi madre… ¿te pega a ti también?

—Bueno eso no creo que sea asunto tuyo, pero si tanto interés tienes le puedes preguntar a ella— dije visiblemente molesto.

—No, no, lo siento de verás, no te tendría que haber preguntado nada, perdóname Ramón por favor.

—No pasa nada, ahora cómete ese bocadillo, hasta mañana.

—Hasta mañana, y muchas gracias por todo.

—Buenas noches

—Hasta mañana buenas noches.

Cuando llegué al salón, Pepi estaba viendo la televisión, sentada en el sofá, con los brazos cruzados sobre su pecho, y su pierna derecha cruzada sobre la izquierda, la zapatilla negra se balanceaba nerviosamente en su pie, sin embargo su cara era la de una persona relajada y feliz.

—Parece que habéis hecho buenas migas, ¿no?

—Sí, la verdad es que nos llevamos bien, es un chaval muy majo.

—Sí, pero la boca lo pierde, y la verdad es que aprende, lento, pero aprende.

—Tiene buena maestra.

—Anda no me seas zalamero, y siéntate aquí que tu y yo tenemos un asunto pendiente.

Me senté a su lado abrazándola, comiéndomela a besos, le besaba el cuello, el pecho, la mejilla, el pelo, la boca… ella se reía, me besaba, medio jugaba conmigo, pero en un momento dado me dijo.

—¿Tu no te acuerdas de lo que nos quedó pendiente en el hotel?

—Ehhhh ¿en el hotel?

—Sí en el hotel.

—Pues… la verdad es que no.

Yo me acordaba perfectamente de que le quedaron pendientes una serie de azotes por una mala contestación que le di, más que por una mala contestación, fue por algo que no le cuadró a ella, pero yo quería ver su reacción ante mi falta de memoria, y su reacción no pudo ser más excitante, sentada como estaba con sus brazos cruzados y su pierna derecha sobre la izquierda, dio una pequeña patadita y la zapatilla que estaba colgada de su pie salió disparada y cayó al suelo, hizo un ruido sordo que retumbó por todo el salón PLOMMMM.

—A ver si esto te refresca la memoria.

—Que si mujer que era broma, claro que me acordaba.

Ella se agachó recogió su zapatilla y me dijo:

—¡¡Los pantalones!!
Ni siquiera tuvo que decir que me los bajara, ambos sabíamos que si me decía, los pantalones, con la zapatilla en la mano, yo lo que tenía que hacer era bajármelos, y además rapidito, así que me levanté lo más rápido que pude, y me los quité y sin que ella me dijera nada me puse sobre su regazo, ella tenía la falda levantada y entre sus piernas acomodé mi paquete, mi postura era inmejorable, pero el primer zapatillazo no se hizo esperar.

PLASSSSSSSSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSSS

No eran zapatillazos muy duros, aunque sí que eran muy sonoros, aquella contundente suela contra mi calzoncillo hacía un ruido muy característico, en aquel momento pensé que Pedro podría oír lo que estaba pasando en el salón, y entonces até cabos, una de mis primeras noches en aquella casa, Pepi me dio una buena tunda con su zapatilla en aquel mismo sitio por una discusión que tuvimos sobre su hija, aquel sí que fue un duro correctivo, allí aprendí que la educación de sus hijos era cosa de ella, y que por mi bien no me debía de meter en esas cuestiones, aquella noche solo estábamos en casa Pedro y nosotros, y aunque él estaba ya acostado más de una hora, debió escuchar aquella tunda, por eso me había hecho aquella incómoda pregunta.

—¿Te vas acordando ya amor mío? PLASSSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSSSSSS.

La pregunta estaba llena de ironía y los zapatillazos seguían cayendo sin que esperara ninguna respuesta por mi parte, pero seguía sin ser un castigo duro, yo lo sentía más como un juego, de hecho tenía una erección muy considerable, de la cual disfrutábamos ambos, yo por tenerla, y ella por sentirla porque abría y cerraba sus muslos rozándose y jugando a su gusto.

—Levanta que te voy a enseñar yo a tí.

Era un tono de falsa severidad, como si se lo estuviera diciendo a un niño pequeño, yo me levanté y me quedé frente a ella que se me quedó mirando con ojos centelleantes, llenos de deseo y con la zapatilla aun en la mano empezó a acariciarme con ella por encima de mi calzoncillo, la metía entre mis piernas y presionaba con ella hacia arriba, consiguiendo un cosquilleo que hacía que mi erección fuera cada vez más potente, el sentir aquella felpa acariciando mis partes me ponía muy muy excitado, tanto que mi herramienta salía por encima del slip.

—PLASSSSSSSSSSSSS, pero se puedo saber qué es esto, cochino?. Fue un duro zapatillazo en el culo, pero el tono seguía siendo impostado, por lo que yo decidí continuar con el juego.

—Auuuuuuuuuuuuuuu lo siento, perdón, no lo puedo evitar— dije con voz de aniñada.

—¿Qué no lo puedes evitar? ¿Entonces qué tengo que hacer? PLASSSSSSSSSSSSSS ¡¡¡contesta!!! ¿Pegarte en el culo más fuerte como a los niños malos?

-No por favor, intentaré que no vuelva a pasar. Contesté siguiendo con la farsa

Entonces de un tirón me bajó el calzoncillo y mi miembro se quedó cimbreante y erecto  a un palmo de su cara. Ella volvió a hacerse la ofendida y me dijo:

—¡¡¡Será posible!!! Ya verás que pronto arreglo yo esto.

Y me volvió a poner sobre su regazo ahora con mi culo al aire y empezó con una nueva retahíla de zapatillazos, pero seguían sin ser lo duros que fueron en el hotel, o incluso lo duros que fueron un rato antes con su hijo. Yo me movía como una culebra sobre su regazo, la excitación seguía en todo lo alto, ahora rozaba mi pene directamente sobre sus muslos, esto volvió a excitarla , y empezó a alternar azotazos con caricias en mi sonrojado trasero, yo me estaba poniendo frenético, fue entonces cuando oí su zapatilla caer al suelo, y fue ella misma la que me levantó y me empezó a besar, me abalancé sobre ella y me la comí a besos, hasta que no llegué a su cueva sagrada no paré, ella se sentó en sofá, se remangó la falda y yo metí la cabeza entre sus muslos, las bragas estaban caladas y el olor a hembra era inconfundible.

Ella misma se arrancó las bragas y me dijo con voz ronca:

—Come.

Y yo me afané como si no hubiera mañana, la chupé, la sorbí, y le metí mi lengua en su agujero hasta que acabé jugueteando con su clítoris, sus gemidos roncos y los tirones de mi pelo preludiaron su orgasmo, que fue apoteósico.

 Cuando nos recuperamos un poco, me sonrió diciéndome.

—Me ha encantado.

—Gracias Ama. De vez en cuando sobre todo después de tener sexo o una buena sesión de azotes, me salía de forma natural llamarle Ama, y a ambos nos gustaba oírlo.

—¿Y esto que tengo yo aquí, qué?.-Me dijo agarrando mi polla cada vez más empalmada.

—Esto es de mi Ama, y para lo que quiera mi Ama.

—Mmmm, me gusta oír eso.

—Ya sabe mi Ama que es verdad.

—Pues tu Ama quiere que te la folles… pero me gusta follar en la cama, así que andando, plassssss.

Esta vez el azote fue con la mano, y nos encaminamos ambos con ropas en las manos para nuestra habitación donde nos esperaba una noche de pasión.

Al incorporarme del sofá me pareció oír un ruido proveniente de la habitación de Pedro, y me imaginé que el chaval habría sido testigo de todo y que él también se divertiría esta noche, aunque fuera de manera solitaria.

Autor: slipper2013

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