FEMDONIA 2

Al día siguiente de aquella memorable azotaina que me dio mi compañera y jefa no pasó absolutamente nada, ni me dijo nada, ni hizo ninguna referencia al tema ni nada por el estilo, y así ocurrió en los siguientes días.

 A las dos semanas del incidente, cuando llego a mi trabajo( diez minutos antes de mi hora como siempre, la azotaina había surtido efecto) me dice mi superiora, prepárate que la semana que viene nos tenemos que ir a la capital, es un viaje en autobús, y estaremos allí dos noches y tres días para hacer unos cursillos, se hace por parejas de compañeros de trabajo y tú y yo nos vamos juntos, salimos el martes a las ocho de la mañana.

—Anda que bien, me alegro de hacer los cursos contigo.

—Yo también me alegro, tú y yo tenemos cosas pendientes…

Me quedé petrificado y encantando a la vez, además, me miró de forma firme y directa, con una leve sonrisa casi imperceptible y un brillo especial en sus ojos.

Llegó el martes y nos vimos en el lugar indicado desde donde salía el autobús, todos los asistentes éramos funcionarios, la mayoría mujeres, y los pocos hombres que íbamos lo hacíamos subordinados a una mujer que ejercía de jefa de equipo, digamos que íbamos 20 parejas, 5 de ellas mixtas, y las otras 15 compuestas por mujeres donde también se repartían el puesto de jefa y subordinada.

Hacía un frío de mil demonios que calaba hasta los huesos, en cuanto abrieron las puertas de las maletas, cogí la de mi jefa y la mía y las metí en el autobús, ella me estaba esperando junto a la puerta del bus y me hizo una señal para que acudiera junto a ella, sólo así pude colarme delante de otras mujeres , de otra manera hubiera sido impensable, ella me esperó como se espera a una mascota, me indicó con la mirada que me situara detrás de ella y subimos al autobús, caminó hasta el final del todo, y allí comenzó a sacarse su abrigo, pero fui yo el que se lo quité, y se lo coloqué en las repisas que hay encima de los asientos, me quité el mío y me dispuse a colocarlo junto al suyo, pero me dijo:

—No, el tuyo no, con el tuyo nos taparemos, que hace mucho frio aquí dentro todavía, pasa para la ventana, que a mi me gusta el pasillo.

Pasé con mi abrigo en las manos, y cuando ella se sentó a mi lado nos tapamos hasta el cuello, la calefacción no funcionaba bien, y allí hacía casi tanto frio como en la calle, me gustó que Pepi se pegara a mi , sentir su fuerte pelo rizado sobre mi cara. Apoyó su hombro sobre mi cabeza y se me arrimó aun más, tanto que una de sus tetas rozaba mi brazo izquierdo, más que rozaba, se aplastaba contra el, yo lo notaba duro y turgente, pese a la ropa que llevábamos puesta.

Cuando el autobús empezó a andar, ella se volvió a acomodar metiendo su brazo derecho entre mi cuerpo y mi brazo izquierdo, es decir me llevaba cogido, como si quisiera que yo no escapara, eso era lo último que yo hubiera hecho en el mundo en aquel momento y más aún cuando vi como metía su mano izquierda bajo mi abrigo y me puso su mano sobre mi  paquete que ya con el restregón de la teta se estaba desperezando de su letargo matutino, me dio un buen apretón sobre la suave tela de mis dockers y me preguntó:

—¿Me has estado cuidando esto como te dije?

—Je je, eh? si si, claro que sí

—Ya lo veremos… por cierto quien es la rubita esa con la que estabas hablando en la parada ?

—La conozco de la academia, estudiamos juntos la oposición…

Entonces me dio un buen apretón en mis huevos y me dijo.

—Te he preguntado que quién es, no donde la conociste.

—Auuuuuuuuuu se llama Marta, es una buena chica, ella también es subordinada, viene con su jefa.

Otro apretón, y  esta vez con un poco de giro volví a sufrir sobre mis partes.

—¡¡¡Me da igual que sea buena chica!!!…a mi no me gusta, y no quiero q te acerques a ella en todo el viaje, ni por supuesto que le dirijas la palabra, ¿está claro?

—AHHHHHHHHHHHHHH auuuuuuuuuuuuuuuu si si, lo siento, no te preocupes, lo siento auuuuuuu.

Algunas cabezas del autobús se giraron para ver a que se debían esos quejidos, Ramón se avergonzó y Pepi ni se inmutó, volvió a acariciar el ya voluminoso paquete de su compañero y sacó la mano, le agarró  la cara por la barbilla, y le dijo mírame, y después lo besó, un beso salvaje, le comió toda a boca de manera concienzuda, lo penetró con la lengua repetidamente, aquella lengua era una víbora descubriendo territorio desconocido, con ansia, fue un beso para marcar territorio, como diciendo, este es mío, que no se acerque ninguna loba que este cordero tiene Ama, ese mensaje le quedó clarito a todos lo del autobús que mas o menos presenciaron la escena.

Acabó el beso y la erección de Ramón se salía del pantalón pero entonces su nueva dueña le dijo, ahora vamos a dormir un poquito que el viaje va ser duro.

Llegaron a la capital  y la jefa de la delegación repartió las habitaciones entre todos los funcionarios, ni que decir tiene que Pepi eligió una habitación doble con Ramón al que mandó con las maletas mientras ella se ocupaba de ultimar algunos detalles en recepción.

Minutos más tarde Pepi entró a la habitación que estaba entreabierta , al entrar la cerró y se fue directamente a por su compañero le echó los brazos por el cuello, y le pegó un morreo que lo dejó sin sentido, fueron caminando besándose por toda la habitación tropezando con sillas y muebles, hasta que Pepi empujó a Ramón a la cama cayendo ella encima, le besó el cuello, se lo mordió, y de repente se separo un poco de él y le dijo.

—Baja a recepción, necesitan otra vez tu documentación por no se que problema, tienes cinco minutos para volver, aquí tienes mucho que hacer, ¿lo sabes no?

—Lo sé y estoy deseando…

Se levantaron de la cama y Pepi se descalzó sus zapatos, y cuando Ramón pasaba por su lado para bajar a recepción le dió un buen azote en el culo y le dijo.

—No me hagas esperar , voy a ponerme cómoda.

—Si cielo, no tardo nada.

Efectivamente Ramón apenas tardó 5 minutos, pero cuando ya estaba en el pasillo de su habitación se encontró de sopetón con su antigua compañera Marta que estaba intentando entrar a su habitación con su jefa, no podían abrir la puerta, y le pidieron ayuda, él no supo decir que no pese a la tajante orden de su Señora de que ni media palabra con la “rubita”, pero claro, no podía ignorar la petición de una Jefa, aunque no fuera la suya, entonces visiblemente nervioso, intentó meter la tarjeta en la puerta, pero aquello no abría. Entonces las mujeres le dijeron que porque no llamaba desde el teléfono de su habitación e informaba de la incidencia a ver si las podían ayudar, pero Ramón para no se descubierto por Pepi, se ofreció a bajar él a recepción a lo que ellas accedieron gustosas. Ni siquiera tomó el ascensor, se lanzó escaleras abajo, y mientras bajaba, pensaba que iba a ser peor, porqué le pasaba esto a él… Llegó a recepción, pero había gente, Ramón sólo pensaba en la paliza que se estaba ganando, y además a pulso, por fin informó de la incidencia, y volvió a subir como un galgo las escaleras, informó a las dos mujeres de que ya venían a solucionarlo y se fue con la lengua fuera a su habitación.

Entró y allí, al fondo, estaba sentada su jefa, su amor, su Señora, su Ama, su Diosa, se había había cambiado de ropa, ahora solo llevaba unas medias, un cómodo vestido floreado por encima de las rodillas y unas cómodas zapatillas,  curiosamente eran las mismas zapatillas con las que había sido castigado en el archivo, no daba crédito, pero pronto salió de sus elucubraciones, cuando el severo tono de Pepi le dijo:

—¿Se puede saber donde estás metido?

—¡Eh? Ah sí es que había gente en recepción, y no me atendían.

—¿No me estarás mintiendo Ramón?

Ramón empezó a tragar saliba, le empezaron a sudar las manos, se sentía fatal por haber mentido a su Ama, lo hizo sin apenas darse cuenta, no quería hacerlo,  pero tampoco quería que supiera del incidente con la rubia y su jefa. Se quedó como un pasmarote mirándola, Pepi estaba sentada con las piernas cruzadas y una de sus zapatillas balanceándose a punto de caer.

—¡¡¡Ramón te he hecho una pregunta!!!

—Lo siento Señora, cuando volvía a la habitación, me he cruzado en el pasillo con Marta y su jefa que me han pedido ayuda porque no podían abrir su habitación y me he visto obligado a ayudarlas bajando a recepción. De verdad que lo siento mucho.

Pepi descruzó su pierna, se levantó de su silla y dijo.

—Me has mentido Ramón!! PLAAAFFF. Un fuerte bofetón cruzó la cara del hombre.

—Lo sient…

—PLAAAFFF, ¿has hablado con Marta, Ramón?

—Solo hemos…

—PLAAAFFF PLAAFFFFF CONTESTAMÉ

—Si Señora.

—PLAAAFFF PLAAAFFFFF PLAAAFFFF PLAAAFFFF.

Hasta ocho tremendos bofetones le cayeron a Ramón, todos en la misma mejilla, le puso la cara como un tomate, pero esto no había hecho sino empezar, a Pepi le cambió la cara, y en su rostro se dibujó un rictus de severidad que daba miedo, sus ojos verdes de gata centelleaban, y sus labios apretados no auguraban nada bueno para su pobre compañero, que vio de reojo como ella dio una pequeña patadita para sacarse su zapatilla sin dejar de mirarlo, la zapatilla quedó en medio de ambos y le dijo:

—¡¡¡Dámela!!!

Ramón  se puso de rodillas en actitud de súplica y de perdón , la cogió del suelo y se la ofreció, y antes de que pudiera darse cuenta recibió un enorme zapatillazo de nuevo en su maltratada mejilla PLASSSSSSSSSSSSSSSSSSS.

—Quítate los pantalones… y ¡¡¡los calzoncillos!!! El enfado iba “in crescendo”

 ( CONTINUARÁ)

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