EL FISTING ANAL

El fisting anal es una de las actividades más intensas, más espirituales, en las que podemos tomar parte como fetichistas. Resulta realmente asombroso el colocar tu mano dentro del cuerpo de otra persona y sentir como te rodean el latido de su corazón, su respiración y su misma alma. Pero demasiado a menudo en nuestra comunidad el fisting es contemplado con asco e incluso miedo. Se ve como un inconveniente el tiempo de preparación necesario para el fisting anal, en vez de considerarlo como la preparación de una misma para una experiencia ritualista, con alguien con quien mantienes una relación. Para mí, como Dómina, no hay subidón mayor que notar la fuerza vital de mi compañero/a de juegos abarcando mi mano, ya sea en un fisting  anal o vaginal. El notar desde su interior como su cuerpo se estremece en un orgasmo es una sensación maravillosa que ha de ser experimentada para poder ser comprendida.

Para ayudarte a prepararte a esta experiencia, voy a tratar aquí algunos de los consejos de seguridad básicos y guías anatómicas. Pero no soy médico, así que, antes de hacer un fisting, mejor prepárate estudiando el tema. Y lo primero de todo, antes de hacerle un fisting a alguien, es establecer con él/ella una conexión, un nivel de confianza y comodidad. El/la sumiso/a te está ofreciendo su parte más tabú. El hacer que se sienta cómodo/a es la primera tarea de la Dómina. Recuerda, la penetración anal implica muchas cosas además de lo físico: estás enfrentándote a posibles implicaciones emocionales, societales, religiosas y familiares. Inquiere acerca de sus experiencias con el sexo anal. Descubre si se halla cómodo/a con su cuerpo. A menudo se contempla al sexo anal como algo sucio y repugnante. Asegúrate de tratar ese tema, antes del fisting.

Una vez establecida la confianza, el siguiente paso a dar es físico. Habla con el/la sumiso/a sobre su salud en general, más a fondo de lo que normalmente inquieres. ¿Tiene algún tipo de problemas digestivos? ¿Cómo de regulares son sus deposiciones? ¿Está estreñido/a a menudo? ¿Tiene hemorroides? Si bien estas preguntas pueden resultar embarazosas al principio, aún lo sería más luego, para todos los implicados, el no conocer eso y sufrir un incidente.

Antes del fisting permite el suficiente tiempo para la limpieza. Es de cortesía, por parte del sumiso/a el asegurarse de que está bien limpio por dentro mediante el uso de enemas. Algunas Dóminas lo incorporan al ritual, otras instruyen al sumiso/a para que lo haga por adelantado. Sea del modo en que sea. Asegúrate de que esté bien limpio/a antes del fisting. Las sustancias fecales pueden hacer que un buen escenario se convierta en malo. En cuanto al afeitado de las partes en cuestión es algo que depende de las preferencias personales: si te agrada, hazlo. De todos modos, una superficie más suave facilita el fisting. Y, para el sumiso/a: vigila tu dieta si sabes que van a hacerte un fisting. Evita la carne roja, los alimentos grasos, los frutos secos, la ensalada o el pescado un par de días antes. Come más frutas y verduras. Y, el día en que vayas a jugar, come ligero y bebe mucho, para empezar a limpiar tu sistema.

La Dómina ha de asegurarse de que tiene los suministros que va a necesitar. Los pañales de usar y tirar van bien como alfombrillas secantes bajo el cuerpo, como también las compresas para la incontinencia. Los guantes de látex van bien, a menos que planees meterte muy adentro. En tal caso sugiero los guantes largos de látex. En caso de necesidad puedes envolverte la mano con un plástico, pero date cuenta de que, muy probablemente, eso no os protegerá ni al sumiso/a ni a ti de una posible infección, dado que se desplaza y se rompe muy fácilmente. En cuanto al lubrificante, los basados en el agua no te darán la suficiente untuosidad o deslizamiento. Yo uso aceite para bebé o un lubrificante especial de los que venden en los sex-shops. Y la regla de oro es no permitir una contaminación cruzada en el lubrificante que uses: ¡empléalo únicamente en una sola persona!

El fisting anal es una actividad peligrosa: el desgarrar los revestimientos internos puede provocar una infección grave. Una Dómina tiene que saber donde va a ir su mano antes de, simplemente, “zambullirse”. Estudia la zona rectal del cuerpo.  Mira como el esfínter se conecta con el músculo elevador del ano, y se abre a la cavidad rectal. El orden básico de la estructura es: colon ancho > colon sigmoide > recto > ano. Tanto el ano como el recto tienen una asombrosa habilidad para expandirse, para acomodar la masa de las heces. En el interior esos tubos tienen un tejido mucoso que ayuda al movimiento del sistema. Y es que, dada su innata estructura, la zona rectal está diseñada para acomodar una serie de formas y tamaños. Nuestros cuerpos son unos instrumentos asombrosos, capaces de adaptarse a los estímulos que se les presentan. Si vas lentamente, los tejidos se amoldarán a tus manipulaciones.

Bajo ninguna circunstancia apliques una fuerza severa cuando hagas un fisting. Si el sumiso/a siente dolor, para. No fuerces a relajarse al tejido. Muévete gradualmente hacia arriba. Con tiempo, el cuerpo aceptará el puño. Y es muy posible que tengáis algunos desengaños cuando ambas personas estén dispuestas, pero el cuerpo no lo esté. Incluso para aquellos que practican el fisting regularmente hay momentos en los que sus cuerpos no están dispuestos a estirarse en el modo preciso. Estate mentalmente preparada para tales momentos.  En cuanto a la posición, es cosa de gusto. Yo prefiero hacerle el fisting a alguien usando la posición del perro, pues es la que ofrece menor obstrucción en las curvas interiores. Y si bien el hacerlo en un columpio es muy popular en los Estados Unidos, a mí me cuesta más controlar mi acciones con el culo en un columpio. Prefiero la solidez de una mesa.

La Dómina debe de seguir las curvas naturales de la cavidad anal del sumiso/a. Comprime tu mano con los dedos unidos unos a otros, el pulgar en la palma y la mano tan estrecha como te sea posible. Empieza una inserción lenta y trabájalo a partir de ahí. Llegados a este punto no puedo subrayar lo bastante que la clave de todo es una adecuada lubrificación. Cuando haces un fisting, nunca lubrificas demasiado. La parte más ancha de tu mano será la que más le costará de pasar al sumiso/a. El problema está en el ensanchamiento de la abertura anal, no en la profundidad. Una vez dentro, cierra el puño y deja que el trasero descanse. A menudo, cuando el puño penetra por primera vez, a los/las sumisos/as les entra el pánico. Como Dómina necesitas darte cuenta de que puede sucederles eso y que pueden intentar echarte fuera. Si quieren que saques el puño de inmediato, háblales para contener su pánico y ve sacando tu mano poco a poco. Hazles respirar profundamente. No les dejes echarte de un empellón, porque eso les causaría daños.

Cuando saques la mano, estate preparada para alguna posible descarga. No le pegues la bronca al sumiso/a por ello, hazle saber que no pasa nada, que es natural. Muchos/as sumisos/as sienten la necesidad de ir inmediatamente al retrete en cuanto sale el puño. Yo les digo que esperen unos minutos para que se centren y no les de un vahído cuando intenten caminar. Luego les dejo ir. Ten a mano algún tipo de bebida energética con vitamina C y electrolitos para que se la tome el/la sumiso/a tras el fisting. Y, normalmente, yo les recomiendo que se abstengan de toda otra actividad anal durante unos días después del fisting, para permitirle al cuerpo reparar cualquier abrasión superficial que hayan sufrido, y para dejar que su metabolismo regrese a su normalidad.

Espero que estas líneas te sean de alguna ayuda cuando empieces a explorar el erotismo del fisting.

 

Ms. Simone

Hallado en Internet, en su página www.chicago-mistress.com

Ilustraciones: Diana Abellán.

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