EL FEMDOM AL DESNUDO

Cuando se le quitan al Femdom todas sus cosas picantes se le aprecia una complejidad que lo hace diferente a cualquier otro negocio.

En el momento en que conciertas una sesión con una Dómina profesional ya tienes una idea bastante exacta de lo que esperar: comentas una lista de fetiches y prácticas, negocias tus límites y llegas a un acuerdo, más o menos general, de lo que va a haber y lo que no en la sesión.

Hasta ahí la cosa es simple.

En donde el BDSM y el Femdom se tornan más complicados es en las sutiles tonalidades que hay entre la Dominación y casi cualquier otro negocio del campo de los servicios. Porque el que a uno lo sometan a Dominación no es como cuando uno va a que le corten el pelo.

Porque si bien tú eres el cliente, no siempre tienes razón. Y, como cliente, tú eres el que tiene que pedir las cosas por favor y dar las gracias, e incluso “¿Puedo hacer algo por usted?” Tú eres el que paga por ese tiempo, pero Ella es la que va a ser servida. Vale, quizá todo esto suene obvio, pero observa por debajo de las formalidades superficiales. Para una Dómina profesional esto no es un juego. No es una columna de casilleros que tienes que marcar para que te den lo que deseas. Es una expectativa, una creencia, un modo en que vivir Su vida. Ella es Dominante, y Ella se merece tu Respeto.

Si no se lo das, o si sólo parece que estés haciéndolo ver, entonces puede que Ella también solo lo haga ver. Recibes de vuelta lo que das como cliente sumiso jamás deberías de olvidar esto.

Además, debes tener en cuenta que una Dómina no se mete en ese negocio porque odie a los hombres. De hecho, las mejores entre ellas los adoran. Las mejores se preocupan, y mucho, por ti, y no sólo como cliente, sino como persona. La Dómina de verdad cree firmemente y desea, que el tiempo que pases con Ella haga que seas mejor como ser humano, y más capaz para enfrentarte con la vida que te aguarda fuera de Su calabozo.   

Y tu objetivo, como cliente, debería ser propiciar este mutuo interés, e incluso convertirlo en devoción. Sí, eres el cliente, pero deberías tratar de llegar a ser algo más que eso.

Con esto en mente, el hacerle un regalo a tu Dómina no debería de ser un intento de impresionarla o de asombrarla con una compra de lujo: deberías tratar de llegarle al corazón, de hacerle saber que el apego que siente hacia ti es mutuo.

Sí, el Femdom es la tira de sexy, pero la conexión que puedes llegar a forjar con tu Dómina debería ser algo mucho mejor. Ella también es una persona y Sus sentimientos deberían ser siempre lo más importante.  

Encontrado en Internet en la página Under Her Heel

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