EL ARTE DE LAS PINZAS

Sé que suelo repetirme, pero no me cansaré de aconsejar que, para los no iniciados, la entrada en las diferentes disciplinas BDSM ha de ser gradual, paso a paso. También sé que podría ampliar más este informe sobre las pinzas, pero tampoco es cuestión de escribir un tocho que finalmente pueda llegar a ser incomprensible o aburrido para algunos, así que sigamos paso a paso…

Como ejemplo de esa entrada gradual, en la disciplina que nos ocupa, no deberíamos utilizar unas pinzas metálicas y mucho menos dentadas, sobre los pezones o zonas genitales de un esclavo/a que no haya sido adiestrado antes con, por ejemplo, unas pinzas de madera o metálicas protegidas con látex, que suelen ser las más suaves.

Para llegar a ser un experto en esta materia, así como que el sumiso/a lo soporte con cierta comodidad, tenemos que conducirnos correctamente, aunque como en todo, hay personas con una capacidad menor para aguantar el dolor y otras que sin embargo lo llevan con bastante agrado.

Como en toda disciplina BDSM, en el empleo de las pinzas es importantísimo controlar el tiempo.

Cada cuerpo tiene su propio límite de resistencia, y éste no es fácil de calcular, pues depende de múltiples factores: del sistema circulatorio del sumiso/a, del lugar del cuerpo elegido para colocar las pinzas, de la tensión con que éstas se empleen…

Es importante iniciarse comenzando por períodos de tiempo limitados.

Cuando colocamos la pinza, la zona donde la presión es directamente ejercida perderá sensibilidad, ya que se reduce el riego sanguíneo, aunque el sumiso/a no se insensibiliza por completo.

Para probar la presión de una pinza, podemos hacerlo pinzándonos en la piel que hay entre los dedos de nuestras manos cuando extendemos los dedos en abanico, sobre todo entre el dedo pulgar e índice. Nos puede decir bastante sobre la presión de la pinza y cómo, dónde, cuándo y cuántas podemos utilizar.

Las sensaciones dependen del tiempo en el que las pinzas trabajen: a mayor tiempo de colocación, mayor será el dolor.Límites

Al retirar la pinza, la sangre vuelve a fluir por la zona pinzada, produciéndose entonces una brusca recuperación de la sensibilidad que, dependiendo del período de pinzado y el tipo de pinza utilizada, puede hacer al sumiso/a, literalmente, gritar de dolor.

Hacer una fuerte presión en esos momentos con los dedos sobre el lugar de pinzado multiplica el sufrimiento, de la misma forma que un suave masaje lo alivia en parte, siendo estas dos conductas profundamente agradecidas por el esclavo/a, sobre todo gracias al contacto personal que siente con la persona Dominante.

Siempre debemos pensar que el BDSM es el equilibrio entre el dolor y el placer; y el goce que se experimenta al sentir el roce de la piel de la persona venerada debería ser más o menos constante durante la escena; no sólo con el castigo se ha de mantener la atención del sumiso/a, sino también con el deseo que éste pueda llegar a sentir.

Establecer el tiempo máximo de pinzado es bastante difícil. Puede fijarse hasta en una hora o incluso más, si el sumiso/a es muy, muy experimentado y además cuenta con una gran resistencia física, pero, como hemos comentado antes, todo depende de su sistema circulatorio y su capacidad para resistir el dolor.

Conocemos algunos sumisos/as que aguantan una escena de pinzado de horas y otros que no pasan de varios minutos. Otro factor prioritario a tener en cuenta en el cálculo del tiempo de pinzado es la presión que demos a las pinzas, así como su tamaño.

Con respecto al segundo, debemos saber que cuanto mayor sea la zona de piel pinzada, tanto menos dolerá, ya que, en este caso, la presión se repartirá sobre un área mayor y será por tanto de menor intensidad.
Es como esos faquires que vemos acostados sobre una cama de clavos, que cuantos más haya, más se reparte la presión y disminuye el dolor.

La tensión de las pinzas no es regulable en la mayoría de los modelos que existen, de forma que deberemos jugar con el tiempo de aplicación y, por supuesto, la zona elegida, para multiplicar las sensaciones sin ocasionar daños.

Referente a las marcas y equimosis que nuestros juguetes pueden producir, mencionar que, si te preocupa que las vean, basta con retirarlas cada cierto tiempo y colocarlas en otro lugar, así podemos conseguir que no sean evidentes.

De todas formas, y en nuestra opinión, pocas cosas satisfacen más a un Amo/a que se precie que ver las marcas del pinzado sobre la piel de su esclavo/a una vez que la escena ha terminado, incluso es de lo más placentero poderlas observar cuando han pasado varios días, si el pinzado ha sido severo y prolongado.

Otro factor a barajar es el de la cantidad de pinzas que usaremos. El número es indeterminado, dependiendo exclusivamente de la extensión de la zona elegida; pueden colocarse en cualquier lugar del cuerpo donde haya piel suficiente para pellizcar, por lo que son válidas todas las partes del cuerpo.
El orden de colocación también es arbitrario: en línea, formando círculos, dibujando arabescos…

El pinzado, una vez realizado con corrección, admite también otros juegos. Podemos tocar con la mano una pinza, o un grupo de ellas, colocadas sobre el cuerpo del esclavo/a, tirando o retorciéndolas, aumentando así el castigo o multiplicando las sensaciones.

De la misma manera, es posible usar algún otro instrumento en lugar de la mano, léase látigo, fusta, etc., con el cual además podremos azotar la zona pinzada, a la vez que intentar quitar las pinzas con la lengüeta del extremo de la fusta o con la fuerza de los impactos del gato de nueve colas, en vez de utilizar nuestros dedos, aunque ya avisamos que quitar pinzas con la fusta es bastante doloroso, a la vez que placentero, no te prives ante tal diversión, eso sí, se cuidadoso.

A la hora de retirarlas, nos encontramos de nuevo con numerosas (e igualmente deliciosas) opciones. Básicamente, existen dos modos: con suavidad o bruscamente. Con la primera opción, se busca aliviar el dolor inevitable de la renovada afluencia sanguínea a la zona pinzada; y con la segunda, fomentarlo y aumentarlo.

En el caso de optar por la suavidad (lo cual haremos cuando consideremos que el sumiso/a se encuentre al límite de su resistencia física), es conveniente retirar la pinza haciendo una suave presión sobre el lugar donde mordió, a fin de controlar el riego, a la vez que se realiza un suave masaje con los dedos (si previamente los humedeces con tu saliva, el sumiso/a lo agradecerá).

Si nos consta que nuestro esclavo/a puede resistir aún más castigo, arrancaremos la pinza bruscamente, incluso retorciéndola, y podemos además pellizcar con saña la zona de pinzado.

Hay un sistema de retirar las pinzas llamado “cremallera”, no es otra cosa que unir varias pinzas, que pueden llegar a ser una cantidad considerable, mediante una cuerdecilla. Para esto son ideales las de madera, pasando esa cuerda fina a través de los agujeritos que hay en el muelle metálico de la pinza. En lo que llamamos “cremallera”, colocamos todas las pinzas, una detrás de otra a una distancia más bien corta.

Cuando las hayamos colocado todas, tan sólo coger uno de los extremos de esa cuerda que une todas las pinzas y tirar, bien con fuerza para que salgan todas a la vez en un efecto en cadena o lentamente, eso ya al gusto de cada uno. Eso sí, la “cremallera” duele, así que podéis comenzar con pocas pinzas e irlas aumentando según veamos cómo reacciona el sumiso/a, así como elegir diferentes zonas a pinzar he ir probando la resistencia del sumiso/a.

El empleo abusivo, o simplemente incorrecto, de las pinzas puede producir heridas en la piel, aunque éstas serán simplemente superficiales. En ese caso, debes lavar cuidadosamente la pinza con alcohol o con un desinfectante enérgico, prestando la misma atención a la zona herida: alcohol, Betadine o cualquier otro desinfectante reconocido, y recuerda conceder al sumiso/a un período de reposo antes de emplearte de nuevo sobre esa zona.

Otro aspecto que enriquece enormemente las posibilidades del juego con pinzas es la colocación de pesas en las mismas. Al añadir un peso a la pinza, ésta no trabaja ya sólo a presión, sino también a tracción, aumentando la sensación de dolor. No obstante, debemos señalar algunas precauciones a tomar muy en cuenta cuando decidamos usar pinzas lastradas:

  1. No se debe dejar caer un peso excesivo bruscamente desde el sitio donde colgara, pues en la caída aumenta su energía y puede llegar a lesionar los tejidos de donde cuelgue (pezones, labios vaginales, escroto…).
  2. No comenzar usando grandes pesos, llevar adelante un aumento paulatino -sobre todo, estar muy atento a las reacciones del esclavo/a, éste sabe mejor que nadie si el castigo resulta excesivo y si puede llegar a lesionarle.

En último término, como casi todo en el mundo del SM, el límite del juego viene impuesto por la resistencia física del sumiso/a. Por tanto, investiga sus reacciones y condúcete de acuerdo a ellas.

INSTRUMENTOS

– Dedos

¿Cómo no?, por aquí empezamos todos. Nuestras herramientas naturales (manos y dedos) son los mejores instrumentos que podemos desear y utilizar. Ligeras presiones en los pezones, para empezar, estiramiento de los labios vaginales o el escroto, seguidos de fuertes pellizcos, retorcer la zona elegida…

Pueden emplearse sobre cualquier lugar, el control de la presión y del tempo en cada momento es total, son nuestro mejor instrumento, por encima de cualquier otro artificial de pinzado. Utilízalos con inteligencia y morbo.

– Pinzas de Madera

El primer paso obligatorio para los no iniciados e imprescindible para los más expertos. Suelen usarse las típicas de tender la ropa, son baratas y, en caso de apretar demasiado para nuestra primera vez, pueden aflojarse fácilmente abriéndolas por la parte trasera.

Son las más utilizadas, no sólo por su bajo coste y fácil adquisición, sino también porque son las mejor toleradas por los sumisos/as, siendo su tiempo de aplicación prácticamente ilimitado, lógicamente dependiendo de la presión. También pueden aplicarse en cualquier parte del cuerpo con suficiente piel para pinzar.

– Pinzas Metálicas y de Presiónpinzas

Estas pinzas pueden utilizarse sobre sumisos/as ya iniciados, aunque también son tolerables para los no iniciados, siempre que su tiempo de utilización sea más bien corto.

Este tipo de pinzas las denominamos de presión por su mecanismo, pues además de apretar bastante, de su extremo suele colgar una pequeña cuerdecilla que, al tirar de ella o colgar algún peso, la presión de mordido aumenta.

Además hay que tener en cuenta que la superficie de piel pinzada donde trabaja es muy reducida, por tanto el dolor es mayor y pueden dejar marcas si rebasa unos 20 minutos, más o menos, aunque en este sentido, como de costumbre, todo depende de la constitución de cada uno.

En los esclavos/as más experimentados, lógicamente, al igual que en las anteriores, puedes utilizar la cantidad de pinzas que tú desees y él soporte. Búscalas en comercios especializados.

– Pinzas recubiertas de Látex

Las pinzas de este tipo, suelen ser bastante cómodas y soportables, lo que más trabaja es el tiempo.
La zona de mordido es mucho más amplia que en el caso anterior y, por lo que hemos comentado anteriormente, mucho menos dolorosas y más soportables, no sólo por su presión, sino también durante más tiempo.

Las pinzas recubiertas de látex son las que más específicamente se utilizan para colgar pesos. De hecho, suelen venderse con ellos o con enganches para este fin, y algunas incluso tienen una cadenita que une parejas de pinzas y de la cual también podemos colgar objetos más o menos pesados.

La razón de estar recubiertas de látex es para evitar que las pinzas, a causa de los pesos, resbalen sobre la piel y se suelten. También las pinzas se soportan muy bien con los pesos colgando de su extremo, eso sí, siempre pendientes de que el peso no sea excesivo, aunque cuando lo es, lo normal es que la pinza no aguante sobre la piel y se escape. Sólo se encuentran en establecimientos especializados.

– Pinzas con mecanismo de presión

Este tipo de pinzas las podemos encontrar en tiendas especializadas, así como en las tiendas on-line por Internet. Las hay de varios tipos como esas pequeñas y estrechas con una pequeña ruedecilla para ir aumentando la presión hasta pinzar con más o menos fuerza o unas que suelen usarse en los pezones que son como un pequeño cepo que vamos apretando.
Este tipo de pinzas no son muy aconsejables usarla para colgar pesos lastrados, porque aunque quedan estéticamente bastante bien, suelen escaparse con cierta facilidad.

– Pinzas de bricolaje

Las tiendas de bricolaje son un auténtico paraíso para los amantes de las pinzas, las hay de todos los tamaños y colores, así como de las más variadas presiones.
Las hay de plástico que sirven para unir listones de madera, de metal para conducciones eléctricas… en definitiva para todo, es entrar en la tienda y dejar volar la imaginación en cuanto veamos los diferentes artilugios que la mente del bricomaniaco ha inventado para su principal misión de hacer el mueble más inútil e ir pinzando por aquí y por allá.
No olvides probar dichos artilugios antes de comenzar a colocarlos en delicadas partes de la fisonomía de tu esclavo/a.

De nuevo, aquí tenemos que recordar que todo depende de la resistencia física del sumiso/a. Reiteramos que deben usarse sólo sobre sumisos/as con experiencia y cierto nivel, iniciados en pinzas; en caso contrario debes limitar su uso y tener paciencia. Aunque como de costumbre, todos los consejos que os damos, lo mismo que son válidos para unos, no lo son para otros.

Existe en el mercado una gran variedad de modelos de pinzas, no sólo en el mercado abarcado por los sex shops y tiendas on-line, sino que es ideal darse una vuelta por un supermercado donde podemos encontrar casi de todo.

Pongamos como ejemplo esas perchas para pantalones y faldas que son metálicas y llevan dos pinzas recubiertas de látex, además de poderle dar un atractivo uso al gancho de la percha, igual que es muy interesante si el supermercado tiene una sección especializada en bricolaje, la oferta es impresionante.
Aquí os hemos indicado las más comunes y generales, de uso universal en el mundo del BDSM.

AL FINAL…

Al finalizar toda sesión severa de pinzado es conveniente, como siempre, desinfectar las pequeñas heridas que pudieran haberse producido, así como las marcas más evidentes. También, como hemos mencionado antes, proceder a la limpieza del equipo usado para prevenir posibles complicaciones innecesarias.

Recuerda, además, no dejar de acariciar con la yema de los dedos, al final de la sesión y durante ella, la zona pinzada.

Es muy gratificante para el sumiso/a recibir el reconocimiento y el cariño de su Amo/a, seguro que de esta manera en próximas escenas los hallaréis aún más entregados.

Y ya sabes, lo que resta es que utilices la herramienta más importante que tenemos: la Imaginación.
Esperamos que disfrutéis de una morbosa y fructífera sesión de pinzas.

Texto: José Luis Carranco

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