DONDE LAS MUJERES CAZAN A LOS HOMBRES

Quince hombres corren trastabillantes por los campos de Inglaterra, desnudos excepto por sus zapatos, mascaras y protectores en sus partes. Sus piernas están arañadas y despellejadas por las caídas, sus traseros están surcados de marcas rojizas. Cuando tras los hombres chasquea un látigo, uno de ellos tropieza y cae al suelo. La Dómina Mistress Medulla se yergue sobre su captura. Al principio él se cubre con las manos como mejor puede, luego baja la cabeza sumisamente. Durante el resto del fin de semana le pertenecerá a la Dómina para que ella lo pisotee, lo fustigue, lo amordace y abuse de él como mejor le plazca… o, al menos, lo haga hasta los duros límites acordados, antes de que aceptase que le pusieran su collar de esclavo.

Las cacerías de hombres son una fantasía esotérica, incluso para el sexualmente aventurero mundillo de los practicantes del BDSM. E implican a unas Dóminas encorsetadas persiguiendo a sus presas humanas a través de bosques. Unas presas que, curiosamente, están deseando ser capturadas. Y estas cacerías tienen lugar por todo el mundo: recientemente las ha habido en Inglaterra, Australia y en Florida y California en los Estados Unidos. Las mismas son una parte, muy especializada pero en crecimiento, de la Dominación Femenina, en la que los sumisos pagan por la opción a ser cazados.

Claro que los interesados en ser presas no pueden, simplemente, presentarse en el lugar de la cacería: para ser cazados deben presentar antes una solicitud, acompañada por una recomendación de alguien conocido en el mundillo, y además tener una presencia establecida en las comunidades BDSM. Para los auténticos sumisos, el esforzarse en ser admitidos en uno de tales eventos forma parte del mismo proceso de sumisión.

“La primera vez que hicimos una cacería de esclavos les lanzábamos huevos”, recuerda Mistress Natalya Sadici, una de las Dóminas participantes en los eventos de fin de semana de la Order of Indomitus, un grupo de mujeres Dominantes con base en Florida, Estados Unidos. “A los esclavos que serán nuestras presas les damos un ventaja inicial de salida en nuestra propiedad… en ella tenemos unos veinte mil metros cuadrados, para que corran sin interferencias exteriores”.

Pero el resultado de lanzar esos huevos era pegajoso y maloliente, así que Mistress Michelle Lacy, la creadora y organizadora de la Orden, y las otras cazadoras cambiaron de munición a bolas de pintura (de las empleadas en las batallas de Paintball) lanzadas con tirachinas. En cuanto a los sumisos a cazar usan antiparras protectoras, zapatos y sus collares de esclavo… y nada más. Y siguen una normas muy estrictas.

“Tenemos un sistema que dice cómo se ha de comportar un esclavo”, explica Mistress Natalya: “No hablan a menos que una Dómina les hable antes. Y los mantenemos en vilo todo el fin de semana”.

La Order of Indomitus fue fundada en el 2010, y sus cacerías empezaron en el 2013. Los esclavos pagan 2.200 dólares por un fin de semana de sumisión, que incluye (sin cargo extra) los latigazos y el dormir en jaulas cerradas con llave. Lo cierto es que la Orden tiene tantas peticiones de participación, que se ve obligada a limitar el número de presas a participar en cada cacería. Su evento más concurrido contó con 12 esclavos corriendo como presas (lo que significa un nada despreciable total de 26.400 dólares como recaudación, claro).

Thomas, un representante comercial ingles (que pidió que no diésemos su apellido) está considerando el participar en una cacería, el próximo año. Encuentra muy excitante la idea… y lo mejor de todo es que, cualquier duda que tenga acerca del participar solo sirve para excitarle aún más. “Naturalmente me preocupa el esfuerzo y el resultar herido”, dice. “Y me aterra la idea de que una bola de pintura me de en la polla. Pero el estar tan bajo el control de una Dómina… bueno, eso si que valdría la pena”.

Aunque cada cacería de esclavos es diferente, las Dóminas con las que he hablado me han dicho que todas ellas están inspiradas por lo que sucedía en el Other World Kingdom, un lugar casi de novela fantástica que, al no enterado, le suena a algo más propio de un cuento de hadas perverso. Pero en este caso la verdad es más extraña que la ficción: ya que en 1996 un grupo de Dóminas se unió para establecer una micronación en la que imperase la Dominación Femenina, en un lugar remoto de la República Checa.

“No puedes estar en este mundillo y no saber del OWK”, afirma Mistres Ayn, una Dómina professional basada en Atlanta, Estados Unidos. “Es como decir que eres un aficionado al fútbol y nunca has oído hablar de Messi.”

Las Dóminas del OWK residían en un Castillo del siglo 16, eran servidas por sus esclavos, que dormían en el suelo sobre paja, se inclinaban ante cada mujer con la que se cruzasen y hacían cola para recibir su ración diaria de latigazos.  Era una utopía de la Dominación Femenina, gobernada por Diosas vestidas de cuero o látex.

Insuperables dificultades financieras obligaron a cerrar el OWK en el 2008, pero Dóminas de todo el mundo siguen manteniendo su recuerdo y conmemorándolo con las actuales cacerías.

Para quienes no pueden acudir en persona a dichas cacerías existe una alternativa en la realidad virtual de Second Life. Cierto que ese mundo virtual, poblado por avatares, ha perdido seguidores desde su lanzamiento en el 2003, pero la verdad es que los aficionados al BDSM han hallado que sus espacios manufacturados son perfectos para efectuar cacerías virtuales de esclavos. Grupos como The Dominion, Roawenwood y otros celebran allí cacerías en las que los esclavos capturados se someten a los deseos de sus Dóminas cazadoras. Y son tantos unos y otras que fue creado el blog Second Life Hunt para hacer en el mismo la crónica de las persecuciones, las capturas y los castigos.

Naturalmente, la versión de la vida real es infinitamente más satisfactoria… pero también es más difícil de llevar a cabo, ya que son muchas las Dóminas que no tienen los recursos, ni la demanda, para poder montar una cacería de esclavos. “Nunca he tenido una petición para montar una cacería”, reconoce Selina Raven, una Dómina del norte de California, Estados Unidos, a la que le intriga la idea, pero que afirma que sería todo un reto el llevarla a cabo profesionalmente… pues una Dómina responsable ha de pensar en la seguridad del lugar en que se celebrase el evento, en los posibles permisos, e incluso en las facilidades médicas.

La Dómina de Atlanta Mistress Ayn se mofa del tema: “La idea de cazar hombres en los bosques parece una farsa… no forma parte del ser una Dómina professional”. Claro que reconoce que no es una persona muy amante del aire libre: “El arañarme, ensuciarme y que me piquen los insectos no me atrae nada de nada”, sentencia. “Prefiero un confortable y limpio calabozo”.

Por su parte, la sexóloga Dra. Sandra Lindholm, de San Francisco, Estados Unidos, no cree que las cacerías de esclavos vayan a convertirse en algo corriente dentro de los juegos del BDSM. Cree que las implicaciones sociopolíticas (tales como el recuerdo de las cacerías de los esclavos negros fugados en los Estados Unidos o las persecuciones políticas en Europa) echan atrás a mucha gente. No obstante, en tanto que las cacerías sean seguras y consensuadas, no ve ningún problema en que tengan lugar: “El sentirse libre de no tener el el control puede ser muy excitante, eróticamente hablando”, afirma. “Solo hay que asegurarse de que los participantes sepan distinguir entre la fantasía y la realidad”.

Y respecto a los que tienen este tipo de fantasías, Mistress Natalya Sadici dice que, a menudo, se trata de una reacción contra la actual sociedad patriarcal: “Muchos hombres hallan muy atractivas a las mujeres que demuestran su poder sobre ellos”.

 

Por Zara Stone

Publicado el 1 de febrero del 2017 en “The Daily Dose”.

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