DÍGASELO AL DOCTOR LÓPEZ IBOR, HOMENAJE AL LIBRO DE LA VIDA SEXUAL DEL FAMOSO PSIQUIATRA

La clínica LÓPEZ IBOR, situada a las afueras de la villa de Madrid, es meridianamente conocida por que allí van los famosos a… er… curarse de sus cosas de famosos. Pero el buen Doctor no sólo puso su nombre a esa clínica, sino también a un tocho que durante los años setenta fue circulando bastante. Su nombre y poco más, como ahora veremos, pero es de justicia rendirle un cálido homenaje. O no. Artículo divulgativo que no es hot ni salen tetas, pero que tiene su aquel.

Con la venia;

EL LIBRO DE LA VIDA SEXUAL, del Doctor J. J. López Ibor, fue un manual de sexualidad publicado en el tardío franquismo que tuvo una cierta repercusión entre los españolitos de la época. Yo, personalmente, tengo una deuda de gratitud con él que quiero saldar con este escrito. Pero vamos por partes, situemos el texto en el contexto:

Tenemos los españoles un triste récord. Hasta la llegada de Michael Moore y sus documentales anti Bush, el documental más taquillero en la historia de España era uno nórdico o de por ahí en el cual se explicaba de forma científica el proceso de procreación humana. Había una escena en la que la feliz madre salía amamantando al bebé… enseñando con ello la teta por primera vez en la España de Nuestro Señor. ¿O es que acaso se pensaban ustedes que el interés del público era académico? Estamos hablando de los últimos sesenta, primeros setenta, Franco todavía respiraba pero la dictadura abría un poco la mano. Si no de qué se iba a ver una teta en el cine, por mucho documental que fuera.

Ignoro si el editor del libro del que vamos a hablar hizo cola para ver ese documental o no. Lo que no me cabe duda es que vio el negocio de inmediato; enseñemos cacha, sexo, pero de forma científica que se lo tragarán igual y nos compraremos un traje con más bolsillos para guardar el dinero.

En este contexto, en el año 68, en el cual la palabra sexología es sinónimo en España de explorar cuevas o buscar extraterrestres, llega a nuestros hogares EL LIBRO DE LA VIDA SEXUAL, del Doctor Juan José López Ibor, publicado por EDICIONES DANAE.

El Doctor López Ibor era un reputado psiquiatra de la época. En las páginas interiores, se desglosan los temas en un equipo de colaboradores dirigidos por él, por lo que podemos intuir que el buen doctor se limitó a hacer un esquema en una servilleta de papel, revisar un poco por encima los textos mientras desayunaba y cobrar un sustancioso cheque por poner su nombre bien gordo en la portada. Escarbando un poco, he encontrado un artículo en que la periodista LIDIA FALCON, junto con ELISEO BAYO, se atribuyen el trabajo de haber sido los “negros” que en verdad escribieron el libro. Qué más da. Debió de venderse muy bien porque lo he visto en varias casas de gente de mi generación (o de padres de gente de mi generación, más bien). Incluso creo que se menciona en alguna canción de Javier Krahe o por ahí, por lo que intuyo que, si bien no llegase a la categoría de fenómeno social como la portada de Interviú con Marisol (de varios años después, cabe decir), sí que tuvo cierta relevancia.

Didáctico, serio, riguroso, es un estudio psiquiátrico, anatómico, fisiológico y varias palabras esdrújulas más del… sexo. Y por ello, junto con dibujos de anatomía y disyunciones psiquiátricas, de vez en cuando incluía una foto de alguna moza con cierto buen gusto y una actitud semi erótica que, a día de hoy, es del todo inocente y estamos acostumbrados a verlas hasta en los anuncios de jarabe para la tos. Pero para aquellos españolitos que lo más fuerte que les habían dejado ver y saber era a Sara Montiel fumándose puros, y lo más que sabían de sexo era que la Virgen María fue fecundada por un palomo, imagino que tuvo que ser lo más.

Entre aquellos tipos y tipas estaban mi padre y mi madre. Ignoro dónde lo compraron y por qué exactamente. Estoy seguro que en todo caso sería cosa de mi padre, que a mi madre no me la imagino teniendo curiosidad por nada en esta vida, mucho menos por el sexo. Supongo que tendrían la vana esperanza de enterarse de algo a estas alturas
de su vida.

Pero vayamos a lo que nos interesa… ¿hablaba este libro del sado masoquismo? Por supuesto; en sus capítulos finales había un amplio apartado dedicado a las perversiones y aberraciones sexuales (disfunciones, creo que utilizaban), a tratar cuanto antes por experimentados psiquiatras o, en caso de emergencia, hechiceros de la tribu.

Entre las aberraciones, todas en el mismo saco; cosas como la homosexualidad, la zoofilia, la necrofilia y… el sadismo y el masoquismo, estas dos últimas en el mismo apartado.

Cojamos ahora la máquina del tiempo del Doctor Muerte y adelantemos a cuando yo tenía 12 o 13 años, es decir, a mitad de los 80. Este libro yace semi olvidado en la biblioteca de mi padre, entre Best Sellers de la época cortesía de Círculo de Lectores, las obras completas de Francisco Candel y cosillas así. Ese chaval de 12 o 13 que soy yo se ha leído ya todos los tebeos que tiene y está buscando algún libro con ilustraciones. Así mismo, ese chaval (que vuelvo a ser yo) intuye que le gustan las chicas, pero de una forma un poco diferente que no sabe cómo canalizar. Y, de repente, como es un chaval de 12 o 13 años, ve la palabra “sexual” y coge el libro y lo ojea.

Y entonces ve la palabra “sado masoquismo” y siente un impulso un poco raro. Y luego ve, por primera vez en su vida, la ilustración de una mujer con un látigo y le recorre un escalofrío que le hace estucar las paredes. Ignoro cuántas veces me leí aquellas escasas ocho páginas. Quizás cienes y cienes de veces. Y tampoco es que dijeran nada especial, la verdad; que el sadismo va asociado al masoquismo porque son perversiones complementarias; que consiste técnicamente en tal y cual cosa; que Sadismo viene del Marqués de Sade y llenó algún párrafo contando su vida y que Masoquismo viene del Marqués de Mosoch y llenó algún párrafo contando su vida; que se pueden curar con tratamiento y tal y tal. Punto.

Pasamos al siguiente apartado; la Necrofilia. Y un poco más de lo mismo.

Pero… ey, ya hemos dicho que tiene truco. Bajo su apariencia seria y científica damos una de cal y otra de arena. Sip, el sado masoquismo está muy mal, y para ilustrarlo expongo retratos de Sade y de Masoch, un gravado antiguo… y una foto de una mujer sexy con botas y látigo extraída de una película francesa. Como la mujer que amamanta al bebé enseñando la teta, pero aposta.

 

 

 

¿Por qué tengo yo un deber de gratitud con este libro? Porque en su momento llenó un gran vacío intelectual, físico y espiritual. Y supongo que le pasaría lo mismo a mucha gente. Intelectual porque supo poner con palabras lo que yo empezaba a sentir por el sexo opuesto.

Así que esos impulsos raros, de dejarse pillar por las chicas jugando al pilla- pilla y similares tenían un nombre, venían de algún sitio. Las sensaciones que empezaban a sentir no eran únicas, no estaba sólo. Existían y estaban en los libros, tenían una explicación o, cuanto menos, una ubicación. Y ese saber era el que necesitaba. No estaba perdido en el vacío; mis sentimientos tenían nombre y apellidos.

Físicas por que en una era en la que no existía internet y tan sólo se tiene 12-13 años no podías encontrar fotos del tema así como así. No es que mis padres (mi padre en especial) fuesen muy puritanos, ya que dejaban las Interviús en cualquier sitio para goce y disfrute de su hijo favorito. Pero a mí ese erotismo de Interviú, aunque a nadie le amarga un dulce, no me era suficiente. Necesitaba algo que en verdad me llenase. Y de repente, ese libro, con la foto de esa Dómina con su fusta exhibiendo actitud y uniforme, me puso a cien como nunca jamás nada me había
puesto.

Y espiritual por que ese descubrimiento fue… no sé cómo decirlo. La sensación de que no estaba sólo en el universo. Si se hablaba de ello en ese libro, es por que alguien más lo había sentido, alguien más tenía mis mismas inquietudes, sensaciones y deseos. Me preocupaba más la soledad que la rareza. Puede que fuera raro, que estuviera considerado una disfunción, lo que usted quiera, señor López Ibor, pero había más gente que lo sentía y no hacíamos daño a nadie.

 

Y eso, o todo junto, me llenó de una sensación de bienestar, de una paz interior que hasta entonces no había tenido.
Y por supuesto me hice muchas pajas con la foto de marras. Tengo a día de hoy tres discos duros con fotos del tema y nunca jamás he vuelto a sentir las sensaciones que me propició esta foto. Tengo el libro a mi vera. Lo he cogido de casa de mis padres para escanear las afotos que ilustran este post. Es una edición del 74, así que yo ya había nacido, por lo que algo sabrían mis padres de sexo. Es un tocho de 645 páginas en buen papel y bien encuadernado. Creo haber visto que en internet lo venden de segunda mano a precios irrisorios, aunque para mí no se puede valorar en dinero. Lo ojeo y lo veo muy fruto de su época. Fotos extraídas de películas francesas que, digan lo que digan, siempre han sido más adelantados que nosotros, y que ahora quedan ingenuas. Teoremas psicológicos que han pasado de moda. Como el colectivo gay se entere que incluye la homosexualidad como perversión a tratar le monta un Cristo delante de la clínica que la tienen que reconvertir en una tienda de chuches.

 

Pero… oye, fue mi primer conocimiento, fue mi primera experiencia consciente del tema, fue mi primera sensación. Y hoy, más de 30 años después, sigo en el tema y recuerdo con cariño ese libro. Por algo será. No sé si he pagado, siquiera un poco, mi deuda. Pero me he quedado muy a gusto.

 

Spirit de Lady Monique de Nemours.

Etiquetas

También puede interesarte...

0 thoughts on “DÍGASELO AL DOCTOR LÓPEZ IBOR, HOMENAJE AL LIBRO DE LA VIDA SEXUAL DEL FAMOSO PSIQUIATRA”

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *